Entrevista al pintor salmantino Alejandro Mesonero

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Hoy entrevistamos al pintor salmantino Alejandro Mesonero.

¿Qué vínculo tienes con Salamanca?

Ha sido contaste. Nací en Peñaranda y me formé en Salamanca ciudad. De hecho, pese a haber estado casi cuarenta años afincado en Madrid, cuando llegó el momento, nuestros hijos decidieron estudiar en la Universidad de Salamanca. Cuando me jubilé como dibujante y creativo gráfico, volvimos a Peñaranda, donde nos reencontramos con nuestras raíces. 

¿Siempre tuviste claro que querías dedicarte al arte?

Sí. No he conocido otra profesión que no sea el dibujo y la pintura. 

¿Qué temáticas sueles tratar en tus obras?

Siempre me ha interesado la peripecia humana, que yo acabo llamando «El Bosque Humano», con sus grandezas y sus miserias. Ese bosque, acaba desembocando en el mundo de lo aparente, nada es lo que a primera vista parece, vienen a ser sombra, espejos y máscaras, que yo defino como lenguajes y secretos. Me gusta decir que lo que yo hago son libros pintados. 

Bien es cierto que a veces tengo mis incursiones en lo que se ha llamado abstracción, porque en ocasiones, lo que quieres expresar excede lo figurativo. Esta faceta no la he expuesto públicamente de momento, no sé si algún día decidiré hacerlo. 

¿Cómo definirías tu estilo?

Podríamos decir que es realismo, en lo formal, con tintes mágico-herméticos y un poco surrealista en el contenido. Quizás sería muy largo explicarlo y tan amplio como lo que ya comentaba de «El Bosque Humano». 

¿Qué es lo que más te inspira a la hora de crear?

Soy lector de ensayos sobre arte y filosofía, es decir, de pensamiento. Todo ello, a la vez que siempre fui muy aficionado a la música clásica. Así que por ahí van los tiros. La crítica, frecuentemente, dice que mi pintura es muy musical y muy literaria. No les falta razón. 

¿Consideras que tienes influencias de otros artistas?

Claro que sí. Goya decía que sus maestros habían sido Velázquez y la naturaleza. Yo, en el Olimpo de la pintura, cuento con mi Trinidad, por orden cronológico: Tiziano, Velázquez y Rembrandt. Luego vinieron otros que ampliaron el horizonte, no en la cocina de la pintura, sino en su pensamiento. 

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

El oficio de pintor se ejerce aún cuando no estás pintando. Es una forma de entender tu existencia, para bien y para mal, con tus aciertos y tus fracasos. En definitiva, la vida misma. Una obra se empieza mucho antes de ponerte delante de un lienzo; es fruto de reflexiones sobre un tema que en un momento determinado te interesa y que, a veces, se convierten en el capítulo de un libro. 

¿Y lo que menos?

La gracia que tiene el arte es que luchas, en principio, contra ti. Hay muchas veces que piensas si estás plasmando y transmitiendo aquello que estás pensando, pero todo es parte del juego. 

¿Cuál es tu obra o proyecto del que más te enorgulleces?

De todos en general y de ninguno en particular. Como hemos quedado en que lo mío son «libros pintados», en ellos habrá aciertos y desaciertos a partes iguales. Tuve la suerte de pintar lo que quise, al margen de galerías, marchantes y modas: hemos vivido del trabajo como dibujante y creativo, y eso da una tranquilidad que, por desgracia, muchos colegas no han podido disfrutar. 

Aunque sí que hay un proyecto del que me siento muy orgulloso, no solo por las dieciséis obras que componen el conjunto, sino por lo que representa para mi pueblo el haber sido capaces de poner en pie el nuevo Retablo de la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel de Peñaranda. Pocas veces instituciones civiles (Ayuntamiento) y eclesiásticas (Parroquia y Obispado de Salamanca), se han puesto de acuerdo para dejar una obra patrimonial como legado de nuestro tiempo. He tenido el honor de ser el que lo ha realizado.

¿Alguna exposición actual o próxima que debamos visitar?

Por la trascendencia que pueda tener, el Retablo de la Iglesia Parroquial de San Miguel Arcángel de Peñaranda de Bracamonte, que está abierta al culto y al público. 

¿Qué consejo le darías a alguien que se está iniciando en este mundo?

El camino no es fácil, como tantos. Trabajar y no desfallecer. Me viene a la memoria el consejo que le daba el pintor impresionista Camille Pissarro a su hijo: «Dibuja, dibuja y cuando estés cansado sigue dibujando, porque es cuando harás algo que merezca la pena». Así de fácil y así de complicado. 

 

 

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