Mal fin de semana para los dos principales equipos capitalinos (si se puede considerar como tal al Salamanca UDS, que tiene su ‘sede’ en Villares de la Reina, al menos la de su estadio), que no los únicos. Porque siempre hemos tenido la concepción de que por ser los que están más arriba son los únicos, pero hay decenas de clubes y equipos que también representan a Salamanca y también cada fin de semana luchan y trabajan como Unionistas y Salamanca UDS.
Pero es cierto que éstos dos últimos son los que más seguidores suman y, por tanto, despiertan un mayor interés y tienen una mayor repercusión a nivel local, regional y nacional.
Sin embargo, por lo visto el último fin de semana corren ‘malos tiempos para la lírica’ blanquinegra que, en el caso de los del Helmántico parece abocarlos a un nuevo descenso de categoría, echando por tierra todo el trabajo realizado hace unas temporadas hasta situar al equipo en Segunda B en 2018, porque a partir de entonces, poco positivo se puede resaltar en lo deportivo y mucho menos en lo institucional y social.
Ha sido un fin de semana extraño. Para Unionistas, a pesar de su excelente temporada que le ha llevado a ocupar gran parte de ella puestos de ‘play-off’ de ascenso a Segunda, todo un hito histórico, la cuarta derrota consecutiva llevaba a su directiva a tomar una decisión “impopular”, la de cesar a Dani Mori. La falta de versión oficial disparó todo tipo de rumores. Que si su relación con el director deportivo no era buena, que si al equipo le faltaba chispa, …
En distintos medios, el presidente, Miguel Ángel Sandoval, dejaba claro posteriormente que lo que han buscado con el cambio en el banquillo es que el equipo recupere ese espíritu que le permita “luchar” por estar en el ‘play-off’. Una especie de “no es obligatorio el play-off, pero sí estar en la lucha por él”. Obviamente si quieres estar en la lucha por él es porque, al fin y al cabo, es tu objetivo. Y una vez obtenida su versión, te puede parecer bien o te puede parecer mal, pero si ahondamos en el análisis, no está exenta de lógica. ¿Por qué? Pues porque si algo ha caracterizado a Unionistas desde su fundación es la fijación de objetivos. Es cierto que lo han hecho siempre dando pequeños pasos, sin mirar más allá, y es cierto también que han cumplido incluso más de lo que habrían soñado aquel primer partido en Santa Marta, que supuso su carta de presentación. Han logrado una masa social importante, el Ayuntamiento les cede un campo prácticamente nuevo, con una importante capacidad que les permite realizar iniciativas y albergar un número de personas que, a lo mejor, en las Pistas no podían, y que la marcha deportiva es impecable. Y eso Sandoval y su gente lo saben y saben que para correr primero hay que dar aprender a andar pero que, dentro de su proyecto, no cabe la posibilidad de quedarse parados, ni social ni deportivamente. Y eso, probablemente, les haya llevado a tomar la decisión para mantener la ‘tensión’ hasta final de temporada. Si a eso subyace contratar un técnico que, además, pueda empezar a preparar la próxima temporada analizando desde dentro la plantilla (desconozco si será el perfil de técnico que buscan o si apuestan por un motivador que levante a la tropa hasta final de campaña), pues, probablemente, mejor para todos, pero sería una lástima que, tras la gran temporada, el equipo decayera en las últimas jornadas y se dejara llevar hacia la nada.
En el otro extremo está el Salamanca UDS. Afronta ya la cuarta temporada desde que ascendiera a Segunda B. Más de mil salmantinos invadieron Compostela. Allí, un semi desconocido Manuel Lovato se dejó ver en el Vero Boquete disfrutando como uno más. No sabemos en qué parte del camino se produjo la desconexión, pero lo que está claro es que la deriva que ha tomado el club desde entonces es, cuanto menos, preocupante, y, sobre todo, decepcionante para una afición que llegó a superar los 6.000 abonados en una de estas temporadas. La gente estaba enchufada, la gente estaba ilusionada con el proyecto, pero poco a poco ha ido languideciendo y, lo que es peor, ha ido sembrando la indiferencia en la cada vez más mermada afición. De hecho, ayer, en el Helmántico, se escuchó el “Lovato, vete ya”, y gritos contra el director general, pero también es cierto que no con la contundencia de otras ocasiones. Era un sí, pero no. Queremos que se vaya, pero tenemos miedo a que se vaya. Y me da que eso, unido a la inversión que el mexicano ha realizado en los últimos años, es lo que da fuerza a Manuel Lovato. Un Manuel Lovato que sigue tapando agujeros en lo económico, pero que no parece ser que lo haga lo suficientemente rápido para que la gente perciba que el club está saneado, como tampoco percibe esas mejoras ni en la estructura, ni en el estadio ni en lo deportivo, una vez que el ‘efecto María’ parece no terminar de cuajar y no será por falta de voluntad del técnico salmantino. Sigue dando la impresión que tienen un Ferrari, pero que no son capaces de arrancarlo.
Es más, hace unos días, don Manuel Lovato hablaba de que se habían encontrado hace poco con un agujero económico de 600.000 euros, pero de nuevo lo dejaba a la creencia de los aficionados. Ni explicó de donde venía ni por qué se debían, con lo cual nos quedamos en las mismas. La venta del club parece que tampoco le cuaja pues, según se habla en los mentideros del fútbol, las cantidades que pediría estarían fuera de mercado, pero eso ya forma parte de las habladurías, es algo que no podemos demostrar porque no hemos estado presentes en las conversaciones. Lo que sí tenemos claro es que el camino que lleva el equipo no es nada bueno. Ni el deseado por los aficionados ni, estoy seguro de ello, el deseado por Lovato y la gente que le rodea, por mucho que ayer se oyera en el estadio que a ellos “les va bien”, que no vaya gente al Helmántico pues no aceptan la opinión de los demás. Yo pienso que ellos son los primeros interesados en que todo vaya bien y no quiero dudar de sus intenciones y de sus esfuerzos, pero, de momento, parece que el club necesita reinventarse de nuevo. Que tengan suerte también en las decisiones o que lo dejen en manos de otras personas.
Porque fuera de la capital tenemos a un Guijuelo que va como un tiro, esperando certificar de forma matemática su ascenso a Segunda RFEF.