Mediados los años ochenta, Televisión Española recuperó un formato televisivo que se tradujo en el programa El precio justo, presentado en su primera etapa por el recordado Joaquín Prats. Consistía en acercarse al precio de distintos productos y los premios, por supuesto, eran suculentos para los concursantes.
Siempre he mantenido que el éxito en la vida consiste en acertar en la relación calidad-precio, es decir, un producto a un precio puede ser un éxito de ventas y, a otro precio, un auténtico fracaso. Al final, el éxito de cualquier campaña de abonados consiste en eso.
Cada equipo tiene un número determinado de incondicionales. Ya he hablado sobre ellos alguna vez, es a los que yo llamo ADN de verdad, los que lloran cuando las cosas salen mal, los que sufren, los que no cenan cuando pierde su equipo, los que se pasan la semana soñando que llegue el domingo, los que perdonan infinidad de errores a futbolistas, técnicos, directivos sólo para poder disfrutar de forma extrema algún acierto. Ya no os cuento un título o un ascenso. Como se decía antes, aunque no tengan para comer, pagan religiosamente su abono. Esos son los que a pesar de que su equipo enlace fracasos, desde el día que termina una temporada, por muy enfadados que estén, ya están deseando hacer cola para sacar el abono de la siguiente. Esos no van a fallar.
Luego hay otro tipo de aficionados, que quieren, pero no pueden, o anteponen otras situaciones o sentimientos. No seré yo quien reparta carnets de nada. Cada uno tiene su situación y yo respeto las de todos y cada uno. Pienso que nadie debe dar explicaciones y que eso no quiere decir que se sea más o menos de un equipo. Es igual que a la hora de expresar los sentimientos. Unos se bañan en lágrimas y otros se las comen y ninguno es más o menos aficionado que el otro. Simplemente cada uno tiene su forma de expresarse. Es algo natural, inevitable.
Tan inevitable como los debates cuando salen las campañas de abonos, aunque suele haber corrientes dominantes que muchos otros siguen. Es decir. Si uno dice que son baratos porque la plantilla es de garantías y porque el partido sale a ‘X’ euros, son muchos los que opinan algo parecido. Lo mismo sucede cuando alguien dice que son un timo, que son carísimos y que él no se va a abonar. Siempre hay alguien que va detrás repitiendo lo mismo.
Lo único cierto e inevitable es que la decisión, al final, la toma quien manda. Y no es fácil tomarla, porque son muchos los factores que influyen, sobre todo las necesidades económicas, y por eso a veces son decisiones impopulares. El acierto o desacierto lo dice el tiempo, pero lo dice de forma clara, de manera numérica. Al final son datos. Alguno dirá que se pueden falsear los datos, pero claro, al final podemos dudar de todo. En este caso no vamos a valorar esa posibilidad.
No debemos olvidar que el marketing es otro de los factores fundamentales en este sentido. Es decir, la transparencia en los datos, la pertinencia de su publicación. Ejemplos claros hay. Es habitual que, si en una ciudad hay dos clubes con cierta rivalidad, uno espere a publicitar sus datos positivos el día que el otro lance su campaña, o que un día sí se hagan públicos y el resto no. En realidad, se busca siempre la positividad, esa catapulta para que los que mantengan alguna duda acaben enganchándose. Recuerdo que antes, cuando en Salamanca había un único club profesional, la UDS, tras el arreón inicial, siempre era el comienzo de temporada el momento elegido para muchos para sacarse el abono. Había aficionados que, incluso, esperaban a que se disputara algún encuentro para tomar la decisión. Ahora, la carrera suele ser en las primeras semanas del lanzamiento de la campaña. De hecho, los propios clubes buscan capitalizarse con la recaudación de los abonos y a ello enfocan sus campañas.
Por último, hay un factor que también sale a la palestra en estos casos. Si es mejor pocos muchos o muchos pocos. Yo pienso que depende de la situación y de la temporada. Habrá temporada en las que los clubes tendrán que tomar una postura más tajante con precios más elevado ante sus inversiones y habrá otras en las que deberían abaratar el producto, incluso por debajo del coste, para llamar a nuevos aficionados o recuperar a los disidentes.
Al final, está claro que dar con el precio justo no siempre es fácil, así que… “A jugar…”.