Hace unos meses escribí un artículo sobre el CD Guijuelo, tras su partido copero ante el Villarreal en el que hice un repaso por jugadores que habían vestido de blanquinegros. Suelo escribir de manera impetuosa. Me viene una idea y trato de plasmarla. No soy como Serrat, que decía que viajaba siempre con una libreta y cada cosa que le inspiraba la anotaba. Yo soy más de encontrar un tema y en cuanto tengo un hueco ponerme con él y ponerme a fuego. Eso hace que, en ocasiones, me pueda la pasión y cometa algún error. Repasando aquel artículo, recuerdo una pequeña enumeración de futbolistas charros en la que no incluí a Garban. No creo que a nadie le pareciera mal, porque cualquiera entiende que no era un trabajo de investigación sino una mera cita. También faltaban otros y futbolistas que, aunque no son salmantinos, sí se encuentran plenamente afincados en nuestra provincia.
Por eso me he detenido a repasar la plantilla del Guijuelo. Es el Guijuelo de los Coque, Toti, Piojo, Caramelo, Garban, y de los Willy, Carmona, Sergio García, Carlos Rubén,…
Con su presencia, siempre me ha parecido que el CD Guijuelo da un ejemplo de cómo confeccionar una plantilla sin necesidad de recurrir a otras comunidades, otros representantes, otros perfiles que aquí tenemos a la vuelta de la esquina, que son queridos por la gente, que conocen el fútbol que aquí se practica y que tienen compromiso con los equipos en los que han militado.
Y como en aquella ocasión ‘me olvidé’ de Garban, desde entonces me fijé el objetivo de ‘desagraviarlo’. Sin saberlo, él empezaba a escribir este texto hace apenas mes y medio. Sacó su fusil y lleva ya cuatro goles en seis partidos, que le permiten convertirse, junto a otro crack, como Caramelo, en el máximo goleador del conjunto verdiblanco.
Recuerdo su eclosión en el fútbol salmantino. Si no recuerdo mal de pequeño jugó en el Pizarrales (pero esto no lo sé seguro. Si no es así, me perdonen, por favor). Sin embargo, fue su llegada a la Unión Deportiva Santa Marta, en aquel momento, un gran exponente de la cantera de Castilla y León, curiosamente, de la que salía el director deportivo del Guijuelo, Jonathan Martín, la que le dio cierta notoriedad. Aquello le dio cierta relevancia. Allí coincidió con su actual técnico, Mario Sánchez, aunque no llegó a entrenarle. Y allí empezó a ir quemando etapas y hacerse un nombre hasta que le permitieron jugar en el Guijuelo. Ya allí inició una larga trayectoria en Segunda B y Tercera que le ha convertido en un imprescindible de las categorías en la última década.
Tiene ya 34 años, sí, pero no ha cambiado ni un ápice de la persona que yo conocí hace ya siete. Porque lo cierto es que le conocí tarde, pero tuve la suerte de compartir grandes momentos con él. Además, dejó en la retina de los salmantinos un gol que forma ya parte de la historia del fútbol charro. El 0-1 en Compostela que le daba el ascenso a Segunda B al Salamanca UDS, con más de mil aficionados trasladados hasta la capital gallega. Vivir aquellos momentos fue uno de los momentos más importantes que recuerdo en mi vida por razones personales, además, de los más sentimentales, pues apenas dos horas antes de iniciar viaje hacia Santiago me tocaba enterrar a la persona que me dio la vida. Podrán imaginarse el cúmulo de sentimientos y sensaciones que, en apenas treinta horas le tocó vivir a este humilde periodista de provincias. Ir, no ir, qué haría él si estuviera en esa situación, el detalle del minuto de silencio que siempre agradeceré, las lágrimas que caían sobre los apuntes, la alegría, el compartir,… Podría estar así varios días.
Y en un día así, apareció la figura de Garban. Les parecerá una tontería, pero en un instante así empecé a descubrir lo que era la vida. Aquellas enseñanzas de mi padre. A saber que había momentos buenos y momentos malos y que teníamos que estar preparados para todos. Fue un día duro para mí, con el sentimiento de culpabilidad de no haber estado en ese momento con mi familia, pero fue un momento también de responsabilidad, de que estaba donde tenía que estar por difícil que fuera y donde, seguro que a él le habría gustado que estuviera.
Pero lejos de este inciso personal, me gustaría centrarme en Garban. Un ‘diésel’. Un futbolista al que, como les decía, conocí tarde, pero al que conocer y con el que trabajar fue siempre un placer. Llegó al Salamanca tras ascender al Talavera y creo que fue el primero o segundo fichaje de los de María. Estoy seguro que habría tenido más opciones de seguir en Segunda B, pero me da que antepuso la familia, la felicidad, a otros aspectos. Todos saben cómo acabó ese año de blanquinegro y cómo salió junto a la mayoría de compañeros. Jamás dijo nada. Se fue a ascender al Zamora y todavía ascendería al Palencia a Tercera. Este año regresaba al CD Guijuelo, donde ya militó varias temporadas.
Garban es de los que llega sin hacer ruido, pero de los que dejan huella. Es de esos futbolistas honestos, que tienen una posición en el campo, pero que luego siempre aparecen en el lugar adecuado y de los que, cuando menos espera la gente, aparece para abrir la lata, o para cerrar la goleada, lo que sea necesario. Un martillo pilón. Me acuerdo siempre de las palabras de Pep Guardiola sobre Iniesta. Es de esos futbolistas que, como diría Valdano, «si no existieran, habría que inventarlo». No es de dibujos animados porque es de una talla importante y allí donde va deja huella, siempre acompañado por su familia y por sus fieles. Allí donde ha estado siempre ha sido querido, por lo de dentro y por lo de fuera. Probablemente, cuando cuelgue las botas, pase a engrosar la lista de ex jugadores salmantinos que tuvo una importante trayectoria en Segunda B (o como se llame ahora esa categoría), con cierto nombre que, en unos años, se irá perdiendo. Probablemente, nadie se acuerde de Sergio Sánchez Gómez, pero es seguro que todos recordarán a Garban en mayor o menor medida.
Larga vida a los humildes. También ellos son imprescindibles.