Hoy ha fallecido Silvestre Sánchez Sierra. Empresario salmantino (de los buenos y exitosos). Siempre he dicho que hay tres personas en Salamanca que son la máxima expresión de la ciudad por su carácter, por su templanza y por la identificación con la ciudad que transmiten. Son Vicente del Bosque, ‘Su Majestad’ don Santiago Martín ‘El Viti’, y Silvestre Sánchez Sierra y me siento afortunado de haber conocido a los tres.
Hoy, la marcha de Silvestre deja huérfana a Salamanca, a su querido Aldearrodrigo y a su querida Barcelona, donde hace ya años que echó raíces. Sin poder presumir de su amistad, sí he tenido varios encuentros con él en los que siempre mostró su cariño, su saber estar, su sencillez y su generosidad. A pesar de codearse con gente ilustre y muy importante, siempre tenía su teléfono abierto para aquellos que lo reclamaban. Creo que recibió mucho cariño en vida, pero es justo que su imagen se perpetúe en el tiempo, en ese pedazo de cielo donde ya habitan numerosos salmantinos ilustres. Me lo imagino sentando a la mesa a todos juntos ofreciéndoles, como hacía en su casa, las mejores viandas. Al final no tuve la oportunidad de visitarlo en Barcelona, la ciudad donde nací, pese a que me invitó miles de veces, pero estoy convencido de que podré ir a su casa en el futuro pues sus hijos hace tiempo ya que llevan la batuta a imagen y semejanza de un anfitrión de verdadero lujo.
Echo la vista atrás y busco mis primeros recuerdos con él. Probablemente fuera alguna conversación telefónica con motivo de la actualidad de la Unión Deportiva Salamanca, una de sus grandes pasiones y a la que dedicó no sólo tiempo, sino ingentes cantidades de dinero. Quizá se haya marchado con esa espinita clavada de que nunca hubiera ese reconocimiento de lo que aportó, pese a que fue el salvavidas que mantuvo al club durante sus últimos años. No es el momento de ahondar en detalles sino de realzar la figura de un empresario que dio a Salamanca todo lo que pudo y no sólo ensalzando las excelencias de la ciudad, sino sosteniendo económicamente muchos eventos y ayudando a mucha gente, además de dar trabajo y amparo a muchos que compartían paisanaje con él.
En esos primeros recuerdos jamás olvidaré aquellos desayunos en su Aldearrodrigo. Junto a su hermano Modesto nos obsequiaba a todos los que formábamos la caravana de la Vuelta a Salamanca. Desde luego, con los huevos fritos y el chorizo, el café, la perrunilla y la gotita de aguardiente, podíamos soportar siempre la última dura jornada (aunque en el coche fuera más liviana que sobre la bicicleta). Pero son momentos fraternos que quedan para siempre. En mi archivo seguro que guardo una foto con él tras entregarme una placa por haber cubierto diez ediciones de la ronda.
No olvidaré nunca una prueba de BTT que, en mi etapa como CEO de BiciRunSalamanca quise organizar en Aldearrodrigo. Desde el primer día me tendió la mano con una importante aportación y recuerdo la mañana que le dije que teníamos que aplazarla como me llamó y me ofreció el doble de la cantidad que, en concepto de patrocinio habíamos acordado. “Roberto, lo que haga falta. Es mi pueblo y me hace ilusión”, me decía. Precisamente, por eso, porque sabía lo importante que es su pueblo para él, preferí no tirar ‘p’alante’. Probablemente otro habría cogido el dinero y habría tirado hacia delante con cualquier cosa, pero para mí era tan importante y le tenía tanto respeto que, aunque conocía su deseo por hacer la prueba, prefería no hacerlo en espera de una mejor ocasión que nunca llegó, porque muchas veces no es el qué sino es el cómo. Y en mi vida el cómo siempre ha sido importante, en especial en aquel momento.
Y recuerdo cuando lo llevé al Helmántico para el libro de los 50 años del estadio (obra inacabada por el coronavirus), probablemente una de las últimas veces (o la última, no se) que lo pisara. Su emoción es inenarrable cuando se sentó en el palco. No pudo evitar las lágrimas ni la voz entrecortada con aquel “¿qué puedo decir? Para mí el Salamanca ha sido parte de mi vida y en este estadio he vivido momentos inolvidables. Todo lo que tenga que ver con Salamanca me emociona”.
Y es que, en el caso de Silvestre, lo de Salamanca no han sido sólo palabras. Han sido centenares de acciones que le han convertido en parte de la historia de la ciudad.
Desde aquí un fuerte abrazo para toda su familia y un recuerdo emocionado a su figura.
Descanse en paz una de las grandes figuras de Salamanca de los últimos años y sirvan estas líneas para dar una pequeña idea de su grandeza, de su éxito profesional y de su generosidad.
