Creo que no había cumplido los veinte cuando Silvia Domínguez llegó por primera vez a Salamanca. Puedo hablar con total libertad pues no la conozco personalmente, así que ni le debo ni me debe. Vertería igual críticas destructivas si las hubiere que halagos, pero si me tengo que ceñir a la realidad es obvio que sólo puedo deshacerme en éstos últimos.
Hace tiempo que les prometí escribir sobre ella, que les dije que merecía un artículo para ella sola y es que, hace tiempo que aquella base que, cuando fichó por el Perfumerías Avenida no parecía entrar en los cánones tradicionales de una jugadora en su posición, se ha convertido por méritos propios en una de las mejores jugadoras de la historia del baloncesto nacional y, sin duda, en el timón que ha llevado de manera firme y exitosa el barco del Perfumerías Avenida en dos de sus etapas más triunfantes. Entre medias, un periplo por Valencia y por el extranjero para completar un currículo de ensueño y, ¿por qué no decirlo?, para asentar una estabilidad económica que le podían ofrecer los equipos en los que militó: Ros Casares y Ekaterimburgo.
Lo cierto es que igual que es fácil enumerar sus virtudes, definirla en una o pocas palabras es prácticamente imposible. Uno no sabe si su mejor cualidad es el ataque, la defensa, el carácter, el cambio de ritmo, el liderato, la empatía con sus compañeras, la capacidad de dar la cara en los momentos buenos, pero sobre todo en los malos. Es madre. Va camino de los 36 y, si se dosifica, puede tener todavía cuerda para un rato. Y eso que, si se fijan, la estamos enfocando como jugadora del club azul. Si miramos a su trayectoria en la selección, donde ha sido otro de los pilares de la Edad de Oro del baloncesto femenino y español, uno tiene que reconocer que todo lo que se diga es poco y que, tal vez, por tenerla tan cerca, a veces no nos paramos a pensar en global. Es decir, la apreciamos, la valoramos, decimos que es la mejor, pero hace falta de vez en cuando pararse, coger su currículo y darnos cuenta de la dimensión de su figura.
Creo, incluso, que cuando llegó le hice alguna entrevista telefónica. Siempre me hacía especial ilusión hablar con jugadoras catalanas, no me pregunten por qué. Pero cuando Avenida fichaba a una jugadora de esa comunidad, me hacía ilusión por cosas que no vienen al caso. Me pasó con Camps, con Xargay, con Nuria y con alguna otra más. Además, como llegaban en verano y los ‘titulares’ estaban de vacaciones, éramos los ‘suplentes’ los que podíamos dedicar tiempo a las nuevas estrellas.
Sin embargo, no he podido seguir como periodista su trayectoria. Sí como aficionado a través de la televisión o en los partidos a los que he podido asistir.
Lo cierto es que Silvia es, sin duda, uno de esos deportistas imprescindibles en la historia de nuestro deporte y en el deporte español y lo es por méritos propios, pero sobre todo por su personalidad y saber estar y actuar en cada momento. Sabe en qué momento tiene que dar el pase y en cual jugar el triple. No es de esas a las que se le encoje la mano. Si hay que jugársela ahí aparece ya sea para un tiro lejano o una penetración a canasta. Conoce su rol y, desde hace años, asume el rol de líder, la que cuando vienen duras le toca echarse el equipo a las espaldas y lo hace con toda la naturalidad y, la mayor parte de las veces, con acierto.
Pero es que, además, su palmarés es inigualable. Recuerdo ir a un encuentro en Würzburg este año contra Girona y ver su enfrentamiento con otra grande del baloncesto español, Laia Palau. Creo que ya lo comenté, pero fue una imagen de esas que los aficionados al deporte deben guardar en su retina. En el caso de Silvia no sólo esa por lo simbólico, sino cualquiera de las imágenes que está dejando a lo largo de una trayectoria ejemplar y las que quedarán por tomar a todos aquellos fotógrafos que han tenido la suerte de poder retratarla. Respecto a esos éxitos, con decir que suma tres Euroligas con tres equipos distintos, está todo dicho. Y, por supuesto que ha estado muy bien acompañada, pero yo soy muy aficionado a dejar que el paso de tiempo muestre siempre cual es el factor que se repite y, en este caso, ella es uno de los más importantes.
De hecho, ahora miro atrás buscando algo negativo, pero no me da la memoria. Incluso cuando está dolida o fastidiada, que sí se le puede notar, no recuerdo salida de tono ni desplante. Sí la recuerdo asumiendo siempre su estatus, ya estuviera en el banquillo o en la pista.
Palmarés
Ver en palmarés de Silvia Domínguez en la Wikipedia.
Faltan, eso sí, la infinidad de galardones a título individual y todas esas miles de jugadas que no sólo la han enriquecido a ella como jugadora y persona sino que han hecho más grande al baloncesto femenino, salmantino y español.