Ayer, a las 10.30 horas cerrábamos este artículo sin saber que, apenas un par de horas después se confirmaba el cese de María Hernández como entrenador del Salamanca UDS. Después de darle muchas vueltas consideramos que lo justo tanto para el autor como para los lectores es reproducirlo íntegramente, sin retoques, sin correcciones, sin más pulsiones que los sentimientos tras la derrota del equipo blanquinegro en Unami. Sólo desearle la mejor de las suertes a José María Hernández en su futuro deportivo y, sobre todo, en el personal. Desde este pequeño foro siempre defendimos su figura, su capacidad y lo consideramos como una persona idónea para liderar la nave blanquinegra. Pero los resultados son implacables y han conllevado a su destitución. No creemos que, por ello, ni sea mejor ni peor entrenador, ni creemos que sea el culpable de la situación del equipo y, por tanto, del propio club. Pero también desconocemos si esas afirmaciones veladas de que los jugadores le han hecho la cama o no es cierta, así que intentaremos no entrar en especulaciones. Lo dicho, desearle lo mejor a él y también a un club que lleva un camino incierto desde hace varias temporadas y que debería manejar un cambio de rumbo.
La verdad es que uno ya no sabe qué decir. Cuando piensas que las cosas van bien encauzadas, cuando crees que el equipo encuentra el camino adecuado plantando cara al Astorga con nueve y congraciándose con la afición, todo puede ir a peor en el Salamanca UDS. Tres derrotas consecutivas que vuelven a poner en cuestión un proyecto que parecía distinto al de los últimos años. Porque de verdad se notaba otro ambiente en la plantilla, se observaba una buena sintonía entre los jugadores, estaba al frente gente de la casa, gente que conocía la idiosincrasia del escudo y de la camiseta. Por supuesto que podía haber alguna duda, pero era puntual sobre algún jugador o en el hecho de que no se completaran las fichas, aunque esto último parece una línea de actuación de los responsables del club en las últimas temporadas. Ese guardarse alguna ficha como si de un ‘as en la manga’ se tratara, ese dar alguna baja y hacer algún fichaje invernal (bueno, donde pone alguno, pongan ustedes unos cuantos).
Sin embargo, este año parecía distinto. Es cierto que el equipo tampoco se había medido a los equipos que aspiran a todo (Astorga, Arandina y, próximamente, Real Ávila, entre otros), pero daba la impresión que ganaba con solvencia, que la relación era la idónea y que la fiel afición iba a ir creciendo a medida que pasaran los partidos y fueran llegando las victorias como así fue.
Sin embargo, ¿qué es lo que ha pasado en el último mes? Nadie lo sabe, pero no parece ni medio normal la trayectoria deportiva del equipo, con sólo dos puntos de quince. Con derrotas en el Helmántico, que parecía que este año iba a ser un fortín. De estar a tiro de un partido del liderato se ha pasado, en un ‘plis-plas’, a olvidar ascender como primero y a pensar en meterse por la puerta de atrás en los ‘play-off’, si es que no se sale en las próximas semanas de esos puestos de privilegio. Se ha pasado de defender a ciertos jugadores porque “tenían ADN UDS” a denostarlos por cuestión de edad y juego. Ya no valen. Se ha pasado de que apenas se había llegado a un tercio de la temporada a estar casi en el meridiano en una situación complicada. Se ha pasado de dar por bueno algún punto en algún campo porque iban a puntuar pocos equipos, a dejarse puntos allá donde el equipo viaja. Y es que el ‘buenrollismo’ en los entrenamientos está bien, pero más lo está dejarse la piel en los partidos y, si se la dejan, no todos lo aparentan.
Aquel ambiente se ha viciado y, lo que es peor, nadie sabe ni por qué, ni por donde se va a caminar. No quiere decir que en la zona noble estén parados, pero sí queda claro una vez más que el club, y me refiero con ello a los que toman las decisiones, vuelve a tropezar otra vez en la misma piedra. El proyecto al máximo nivel vuelve a fracasar a día de hoy, por mucho que se enderece el rumbo en un futuro más o menos inmediato. El Helmántico presenta numerosas deficiencias, el marcador no llega nunca, la cantera parece un ente aislado, y eso sólo apunta a una deficiente gestión. Da la impresión que hay alguien al frente que le falta conocimiento verdadero del terreno que pisa, que tienen una idea para llevar a cabo, pero que, para nada es la idea correcta o, al menos, que el camino elegido no es el adecuado. En estos años han pasado numerosos entrenadores y jugadores ya ni les cuento. Ninguno vale. Las conductas se repiten sin que el club sea capaz de dar con la tecla. Hay un ‘dicho’ que apunta que cuando sucede una cosa una vez puede ser responsabilidad del otro, pero que, cuando la conducta se repite una y otra vez, el responsable eres tú.
Aquí el asunto es que responsable y propietario son la misma persona. Y eso complica la toma de decisiones.
Obviamente tiene todo el derecho del mundo a decidir, faltaría más, pero también es cierto que, de una vez por todas, debería probar a dejar paso a otros, tasar el club, y que asuman la propiedad, al menos la gestión, otras personas que tengan experiencia en y que sepan empezar de cero, desde la humildad, recuperando a la afición, identificando al club con una ciudad y una forma de actuar modélica. Digo otras personas pensando en que las haya, porque me consta que las oportunidades que ha habido sobre la mesa, no han sido del agrado del propietario. Esto no es ninguna garantía de éxito, pero es lo único que falta por hacer, aunque conociendo el percal, no parece fácil que la propiedad se vaya a desprender de la joya por mucho dinero que le esté costando o por muchos fracasos que se acumulen. Algo similar ya se hizo en el crecimiento del equipo desde 2015 hasta 2018, sin tantas alharacas, con trabajo y profesionalidad de gente totalmente amateur, pero que pusieron alma, conocimiento, ilusión y ganas.
Llegaron a lo más alto y, de repente, un día, los delirios de querer correr antes de aprender a andar acabaron con todo. A partir de entonces el barco ha navegado sin rumbo y ha encallado en varias ocasiones. El viento sopla en contra y así, es mucho más difícil. Al final, lo único que sucede es que la mierda acaba salpicando a todo el mundo: a María, a Amaro, a Lozano, a Diego Benito, a Rafa Dueñas, a Lovato, … Y, mientras tanto, quedan enterradas las ilusiones de una afición, de numerosos niños que sueñan con jugar algún día en el Helmántico, la historia de uno de los estadios más queridos de España, la historia de un club del que se luce el escudo y la camiseta, pero que el propietario, en cambio, dice que nunca van a utilizar el nombre, aunque luego traten de acercarse a la gente hablando de centenario.
Llega la Navidad, un pequeño descanso. A quien corresponda que se siente, que analice, que mire hacia dónde quiere ir, que tome decisiones, pero el cambio de cromos parece que ya no es la opción válida. Y si así fuera y se salvara el año, el año que viene ¿qué? ¿otra vez a empezar de cero? ¿un nuevo proyecto?
¿Y ahora qué? Otra semana de zozobra, altas, bajas, … Lo que tengo claro es que los jugadores tienen que saber dónde vienen y que su trabajo, su esfuerzo, debe ser innegociable, como debe ser el de todos, incluso el nuestro. Pero esta caída libre con tres derrotas hay que frenarla ya. Esta deriva que acompaña al club desde hace varias temporadas hay que erradicarla. Sea con Lovato, o, si decide apartarse a un lado (que no creo), sin él, pero el escudo y la afición deben estar por encima de todo y es el momento de devolver a la ciudad lo que le corresponde, un motivo de orgullo y de disfrute.
Lo más fácil será depurar, hacer cambios, pero la reflexión debe ser mucho más profunda. Reflexionen, por favor.