El edificio I+D+i de la USAL acoge la exposición fotográfica ‘Ciencia, diplomacia y Guerra Fría en la España de Franco’

- en Educación
  • Organizada por El Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología (eCyT) de la Universidad de Salamanca podrá visitarse hasta el 4 de septiembre

El Instituto de Estudios de la Ciencia y la Tecnología (eCyT) de la Universidad de Salamanca ha presentado en la mañana de hoy la exposición fotográfica ‘Ciencia, diplomacia y Guerra Fría en la España de Franco’, que podrá visitarse en el edificio I+D+i de la USAL hasta el 4 de septiembre.

En el acto de presentación participaron el director del Instituto eCyT, Santiago López; la profesora de la Universidad de Salamanca, Esther Sánchez; el delegado investigador del CSIC, Lorenzo Delgado; la directora del IRNASA, Mar Siles; y la sobrina nieta del fundador de FASA, Carmen Jiménez Alfaro.

Las temáticas que tratan las fotografías que se pueden observar son: investigación científica en Estados Unidos, bases militares y relaciones bilaterales, formación e intercambio técnico, energía nuclear, carrera espacial y modernización en Castilla y León.

Tras el aislamiento internacional que siguió a la Segunda Guerra Mundial, el régimen franquista se propuso conseguir, desde los años 50, una mayor integración económica, política y militar en el bloque occidental. Como parte de ese proceso, la dictadura vio en la asistencia científico-técnica procedente del extranjero una palanca para promover el crecimiento económico interno y acercarse a los países desarrollados. España encontró en Estados Unidos un apoyo para modernizar su sistema científico y converger con las naciones del llamado Primer Mundo, además de facilitar su acceso a organismos multilaterales.

La superpotencia estadounidense fue pionera en las políticas de I+D y en la proyección de la ‘Big Science’ como un recurso de su política exterior. La diplomacia científica se convirtió en un instrumento para impulsar su prestigio internacional, diseminar sus métodos y tecnologías en el extranjero y crear comunidades científicas favorables a Estados Unidos. En el contexto de la Guerra Fría, el coloso americano utilizó también esa asistencia para exhibir la superioridad de su modelo sobre el de la Unión Soviética.

Colaboración científica

El gobierno de Estados Unidos ofreció a la España de Franco su colaboración en la esfera científico-técnica como contrapartida al uso de las bases militares acordado en los pactos bilaterales de 1953. Dicha ayuda también respondió al deseo norteamericano de mostrar su compromiso con el progreso del país y transmitir así una imagen favorable hacia la sociedad española. Dos de los principales campos de cooperación científica hispano-estadounidense fueron la energía nuclear y la investigación aeronáutica y espacial. En 1955 se firmó un acuerdo sobre usos civiles de la energía atómica, en el marco del programa estadounidense ‘Atoms for Peace’. En la década de 1960 se inició el establecimiento de centros de observación espacial en España, que intervinieron en los programas Mercury y Geminis. La ayuda estadounidense en ambos campos tuvo una importante faceta formativa, mediante la colaboración con la Junta de Energía Nuclear (JEN) y el Instituto Nacional de Técnica Aeronáutica (INTA).

El adiestramiento en cuestiones científico-técnicas de las Fuerzas Armadas españolas fue otro foco relevante de actuación, dada la centralidad del vínculo estratégico entre ambos países. A ello se sumó la formación de capital humano en esferas como la agronomía, ingeniería civil, oceanografía o biología, que ayudó a abrir circuitos para mejorar la capacitación profesional de científicos, ingenieros e investigadores españoles. Todo ese conjunto de iniciativas contribuyó a crear redes de contactos y canales de transmisión de saberes y métodos, que se trasladaron a la modernización del tejido productivo y científico-técnico español.

Un proceso que tuvo su traslación a las provincias que hoy conforman Castilla y León, aunque fuera a menor escala que en otras zonas del país. La asistencia exterior influyó en la mejora de las capacidades industriales, organizativas y científico-técnicas de la región, sobre todo en tres de sus sectores más dinámicos: la automoción, incluyendo la industria auxiliar de piezas y componentes, la energía eléctrica y la industria agroalimentaria.

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