Antonio Costa. Todo lo que pasa en la tierra más hondo nadie lo apunta nunca

- en Firmas
Antonio Costa

Que Galicia y lo gaélico es determinante en la forma de ser y en la cosmovisión de Antonio Costa (Barcelona, 1956) queda demostrado en las constantes de su obra narrativa, con libros como Mateo, El maestro de Compostela (2010) y Balada del centauro en Compostela, así como en diversos relatos de su último libro que quiero comentar, La carne detrás de la niebla (2023), publicado por Niña Loba editorial. En la novela Mateo, El maestro de Compostela ya estábamos ante un autor que tenía un estilo muy personal, musical, poemático, de prosa lírica, con imágenes que restallan, nada convencional.

Los referentes culturales que aparecen en estas páginas de La carne detrás de la niebla (2023) muestran que Antonio Costa pertenece, al menos por cronología, a una generación determinada: Tom Waits, Bonnie Tyler, Billie Holiday, Andy McDowell, etc., aunque su personalidad cinéfila le hace admirar y referirse a Ava Gardner, Marilyn Monroe, Nicolas Cage, etc. También nos abruma con referentes literarios como Rilke, Cernuda, Pushkin, Dylan Thomas (predilección suya), Carlos Castaneda, Marcel Proust, Schopenhauer, Rimbaud, James Joyce, Julien Green y otros. En algunos relatos se entreven los numerosos viajes que ha realizado el autor por todo el mundo.

En una primera lectura de La carne detrás de la niebla, dada la unidad temática de los 50 relatos breves, puede parecernos una recopilación de escritos publicados periódicamente en un solo periódico; pero algunos de los relatos han sido publicados en diversas revistas literarias: Drugstore Magazine, Revista Literaria Visor, Revista Mito, revista Babab.com.

Algunos relatos, “El pubis de la eternidad” y “Proust en el planeta Lyden, son retazos de ciencia-ficción. Otros relatos, “A la gente todo se le parece” y “Porque todo influye en nosotros”, hacen aparecer mafiosos de las Rías Galegas. El titulado “Rilke en los prostíbulos” se mete en cierta investigación policial. En los relatos “Drácula y Marilyn” y “Marilyn desnuda en el lago Michigan” aparece la famosa actriz como protagonista y nexo de unión.

En otros cuentos, como “Personas que buscan su secreto”, “Estaba en el Café Moderno y me venían”, “Una copa de anís en la avenida”, “Todas las prendas que puse”, la estructura es proponer una idea subyugante, algo provocadora, por ejemplo, “puse un anuncio de que necesitaba una mirada sugerente para escribir un poema” y a partir de ahí enlazar una sucesión de impresiones o cierto hilo narrativo. Por otro lado, se habla de asuntos de cierta trascendencia en los sitios más prosaicos como en ciertos cuentos: simposio sobre Europa en una taberna, coloquio sobre la poesía de Dylan Thomas en una oficina, el tácito diálogo entre el personaje y el hombre que le mira desde el fondo del water.

Como constantes de los relatos de este libro se pueden, si no reducir, al menos apuntar los siguientes temas interesantes:

Palabra y vida. Palabra-verdad.

Pareció que vivía profundamente lo que estaba diciendo.” “Su vida conmigo no tiene intensidad, no merece ser puesta en palabras” La música-verdad: “y aún la vida misma me la arrancabas [tocando el piano] y me decías que era falsa.” “Tú seguiste tocando el piano sin piedad, seguiste desplegando tu lirismo oscuro y asesino”, asesino porque mata ‘psicológicamente’ las mentiras, las equivocaciones, los recuerdos, las tonterías dichas por el oyente.

Exaltación de los sueños y visiones como la verdadera vida.

Déjenme disfrutar mis visiones lentas”, dice un personaje. Aparece el trastorno del tiempo convencional, “tiempos sin clasificaciones”. Antonio Costa dice que la vida entera que necesita el hombre y la mujer es la física y sobre todo la de los sueños, “profundidades con sus raíces llenas de savia”, de vitalidad. Otro mundo que ojalá apareciera más en este.

El vitalismo sin abstracciones.

Resulta apabullante el contraste entre la exuberancia de “Madurarás apasionadamente”: “todos los frutos que has guardado con todo tu ser te saldrán a los ojos y a la cara” con la influencia malsana de “El hombre que emitía la nada”, que quizá se refiera a políticos… La arrogancia del hombre en general y del hombre científico que cree muy prestigioso su sistema de ideas y todos los comentarios sobre esas ideas no tiene nada que ver con la vida, que “quedaba fuera, muy lejos, en cualquier parte.

La vida inadvertida. La necesidad de percibirla. De rescatar lo valioso y escondido.

Cuando una persona mira con atención a otra, ésta ya existe para la primera. El autor desgrana en diferentes relatos una espontánea “teoría de la mirada consciente”. Marilyn Monroe precisamente “era la chica guapa y tonta a la que nadie miraba.” La revelación empieza por esa mirada, pasa por la emoción, por su expresión en palabras. “Todo lo que pasa en la tierra más hondo nadie lo apunta nunca.” A veces todo eso percibido es una riqueza que sólo es para quien lo percibe, y no lo dice. Si lo dice, a unos les puede encantar, pero otros “ponen en cuestión todo lo que no conocen.

Lugares especiales de donde sale uno renovado, con energía, con una percepción superior

En los relatos “Personas que buscan su secreto”, “El tren de Su Zhou”. Variante del tema: objetos especiales que pasan inadvertidos en lugares triviales y que aportan al efímero poseedor algo benéfico, extraordinario, como en los relatos “El Grial en la trastienda” y “El cuerno del obispo”.

Pensamiento mágico y místico

Una mujer “soñaba que un abedul entraba en su dormir y hacía el amor con ella delicadamente.” “Mi abuelo (…) atraviesa el tiempo para instalarse en mi piel. (…) me rasca en la espalda.” Un personaje gilipollas “una vez hizo el amor con la mujer del alcalde y le pareció que era un jefe íbero que se preparaba para la guerra.

El Grial parecía “el molino místico de los finlandeses que aparece en el Kalevala.

Referencias a los antiguos maestros chan. La sabiduría consistía en callar, escuchar, y romper los velos de la ignorancia. Hay que potenciar la “memoria metafísica”, del noúmeno, del ser.

La disconformidad con la sociedad contemporánea.

Al modo de ciertas personas y personajes de alguno de estos relatos que, a pesar de su aspecto desagradable, pueden tener cierto encanto infantil, al modo de los “poetas malditos” o “les enfants terribles” como Baudelaire y Rimbaud, Antonio Costa expresa abiertamente su malestar con las cosas de la actualidad: “estar triste era una rebeldía. Los tristes se daban cuenta de cosas de las que no habría que darse cuenta”; “el pensar positivo lo aplastaba todo”; contra el mecanicismo: “unos aparatos que eran el último grito de la tecnología hasta la semana siguiente”; “sacrificamos generaciones enteras (…), estábamos dispuestos a hacer cualquier cosa por esas ideologías heladas. No nos importaban las personas que temblaban, que querían vivir…”; Europa es como “un dromedario gordo atrapado por las miles de normas que él mismo se ha puesto.” Resulta interesante el cuento “El fabricante de gestos”, gestos que parecen ser los ridículos “emoticonos” de la cibernética. Comparte coherencias internas con sus artículos en periódicos y revistas, como el artículo “Dostoievski sin putos algoritmos”, en la revista Babab.com

José Enrique Salcedo, doctor en Filología Hispánica

La palabra ‘filólogo’ designa a quien domina tanto el arte de leer con lentitud, que acaba escribiendo también con lentitud.” (Friedrich Nietzsche)

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