EL FARO DE ALEJANDRÍA: ¿A que no eres capaz de deshacerte de un billete de 100€ tirándolo al suelo?

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Te voy a plantear un desafío en el día de hoy: que reflexiones sobre el valor del dinero y de todas aquellas cosas que puedes adquirir con él y cómo condiciona tú manera de vivir, además de por qué las sociedades actuales están inundadas de elementos que le dan significado.

Todos nosotros hemos crecido en sociedades en la que las personas desde que tenemos uso de razón, sabemos el valor que se le da al dinero y todo lo que representa. Pero a veces tenemos que adentrarnos en anécdotas de la vida real, muy simples pero aleccionadoras, para llegar a comprender el por qué pensamos y actuamos de determinada manera. Y en el caso del dinero es evidente que da para un análisis profundo de nuestra conducta humana, especialmente en cuanto a la percepción que tenemos de las cosas.

En ocasión de una clase de instituto en un colegio estadounidense, una profesora quería explicar a su grupo mixto de alumnos, qué era el valor del dinero. Pero especialmente le interesaba a esta joven docente cómo iban a reaccionar sus alumnos. Es evidente que pretendía darles una lección más amplia…a la que podríamos llamar “lección de vida”.

Entonces sucedió que, al comienzo de un nuevo año escolar, se situó al frente de sus alumnos con un billete de 100 dólares en la mano. Mientras les miraba atentamente les dijo: “Levanten las manos si quieren este dinero”.

La reacción no se hizo esperar, porque en el aula todos levantaron la mano ante la pregunta de su profesora. Pero ella siguió con la escenificación (lo que pretendía era mucho más que dar un billete de cien dólares) y dijo: “Este dinero le voy a dar a alguno de vosotros aquí, pero primero, déjenme hacer esto”… y ante la sorpresa de todos, ella toma el billete y lo arruga en sus manos, y entonces formula una nueva pregunta: «¿Quién lo quiere todavía?».

Y ante la mirada atenta de la profesora sobre sus alumnos, veía que éstos persistían en su actitud de mantener las manos en alto. Todos querían el billete.

Muy pendiente de cómo se desarrollaba la escena que ella había provocado, tratando de ver en detalle la reacción de los chicos y chicas adolescentes en sus rostros, da un nuevo giro a la experiencia educativa, deja caer el billete al suelo, lo pisotea y lo aplasta en el suelo, y lo vuelve a levantar. «¿Qué tal ahora?» les pregunta de nuevo. Y ante su asombro (en realidad era la reacción que esperaba) las manos se mantienen bien arriba.

Es el momento en el que aflora la pedagogía junto a la moraleja que inevitablemente quería ella poner a disposición de sus alumnos, para que vieran un poco más allá, como diría Ortega y Gasset “que por culpa del árbol no deja ver el bosque”.

Entonces les dice “¡Alumnos!… espero que vean la lección aquí. No importaba lo que hiciera con este dinero, todavía lo queréis porque su valor se mantuvo igual. Incluso con sus arrugas y suciedad, todavía vale 100 dólares”. Y remata diciendo que es lo mismo con nosotros. Habrá momentos similares en tu vida cuando te dejes caer, te magulles y te enlodes. Sin embargo, pase lo que pase, nunca pierdes tu valor”.

La moraleja de la historia

Las dificultades de la vida son inevitables y todos pasaremos por ellas en algún momento, a menudo sin culpa nuestra. Pero lo que hay que evitar (mejor dicho, lo que no hay que permitir) es que estos desafíos alteren nuestros sentimientos de autoestima. Porque tú y todos siempre seremos suficientes; todos (tú, yo y demás personas) tenemos algo único y especial para dar y ofrecer al mundo.

Esta historia real e inspiradora debe alertarnos sobre algunas cosas más en las que con frecuencia no reparamos:

1º) Los seres humanos estamos rodeados y cargados de símbolos

Son los que nos van marcando y condicionando nuestra forma de proceder. Digámoslo así: la manera en cómo nos conducimos en la vida, cómo nos comportamos, la actitud que tenemos con las personas de nuestro entorno, etc.

2º) Pero no es lo mismo el valor que le damos a un símbolo, por ejemplo, religioso, que al del dinero de nuestra historia. Porque el primero es de carácter estrictamente personal, mueve nuestros más profundos sentimientos y además, las personas pueden creer o no creer en ellos, y no por ello dejarán de ser personas con dignidad humana y con derechos y obligaciones; el dinero, es el elemento por el cual se lucha para lograr tener una posición social cómoda, que no nos falte nada, pero en sí mismo, luchamos porque es lo que representa, ese símbolo de poder y riqueza (en caso de patrimonios importantes) o simplemente de vivir razonablemente bien, disponiendo de un salario, de una vivienda, de un coche y de estar pudiendo desarrollar una carrera profesional o haber montado un negocio.

Como esos alumnos que mantenían la mano levantada a pesar que el billete de 100 dólares estuviese arrugado y sucio, todos reaccionaríamos igual porque sabemos, por ejemplo, si ocurriese con un billete de 100 euros, que tampoco perdería su valor.

3º) Pero la otra gran lección que la profesora les quiere remarcar como valor diferencial es que ellos y ellas (alumnos y alumnas) tienen un valor humano único, que por más que pasen momentos desgraciados y que no les salgan bien las cosas, siguen teniendo (en términos de nuestra historia del billete) un valor humano que jamás se pierde (o al menos, eso es lo que debería ser).

4º) Otra enseñanza importante que se puede extraer de la historia, es que la primera reacción frente a los símbolos, es en cuanto a ese valor nominal que representa (sean 100 dólares o 100 euros) y que sabiendo lo que cuesta ganarlo, toda persona normal reaccionaría de la misma manera queriendo recoger el billete del suelo por más deteriorado que esté.

Pero lo que pretendo transmitirles queridos lectores/a es que la simbología y en particular el valor que se le atribuye al dinero, generalmente opacan el otro valor intrínseco que corresponde a los seres humanos: el que se reconozca siempre en primer lugar el valor de la persona y su dignidad, cuando la sociedad nos demuestra las complicaciones que se suceden a diario para que este axioma se cumpla.

Con frecuencia, las personas nos obsesionamos por el dinero y el poder a costa de principios y valores a los que renunciamos. Y esto lo hemos visto sobradamente (más de lo que nos gustaría) en los centenares de casos de corrupción en los ámbitos políticos en todos los países.

La antropología simbólica, el dinero y los símbolos

La antropología simbólica se centra en el estudio de la cultura como un sistema complejo de símbolos y significados compartidos por un grupo humano. Es una disciplina que ve la luz en la segunda mitad siglo XX y su campo de actuación se centra en el análisis y estudio de la construcción cultural de la realidad, a través de diferentes manifestaciones simbólicas. Toda nuestra vida cotidiana se mueve entre diferentes CONSTRUCCIONES inmateriales (intangibles) que condicionan nuestras actitudes y nuestra forma de pensar.

O sea, las diferentes maneras en las que la gente comprende su entorno, del mismo modo, que cuáles son las acciones (y reacciones) del resto de miembros de esa sociedad.

Es por ello que el dinero es un invento (auténtica creación humana) que comprende no sólo lo económico sino lo social y lo cultural simbólico. Fijémonos que sucede, cuando se plantea la existencia de dineros especiales: más allá de la visión que sobre el dinero nos aporta la ciencia económica, cuando introducimos la visión del conocimiento científico que nos aporta la antropología y la sociología, esto nos demuestra que existen en el dinero aspectos culturales y sociales fuera de la esfera del mercado convencional, como es el caso del dinero virtual que es una auténtica mutación cargada de simbología, no solo porque representa también un valor monetario, sino porque lo hace de manera diferente a los mecanismos convencionales regulados por la emisión monetaria y los Bancos Centrales de los países.

Sin lugar a dudas, el dinero es una de las creaciones humanas que es mucho más que su función primaria que es la de ser un medio de cambio. Pero las personas hemos depositado en el dinero ciertas virtudes (cualidades) que lejos de darnos capacidad de compra, representan en sí mismo algo que siempre en todas las épocas de la historia de la humanidad han querido los seres humanos: el poder. Y sobre éste otro valor (el del poder) sin duda existe en la sociedad actual un consenso muy amplio.

El objetivo cumplido de la profesora frente a sus alumnos

Lo más interesante de la lección que les dio la profesora a ese grupo de adolescentes que empezaban a descubrir sus respectivas vidas, es qué es lo trascendente y qué no. Qué es lo realmente importante y lo que no. Cuál es el orden de prioridades que debemos poner en nuestra vida. Porque la diferencia entre toda la simbología que rodea a la sociedad actual y las personas, es que ese valor que se le da a, por ejemplo, al estatus social y la obsesión por la marca de los productos, de ninguna manera puede quitar valor a la persona. Que las personas no pueden ni deben cosificarse como marcas como lamentablemente estamos acostumbrados a que se haga. Son corrientes de gustos (no de opinión) que fluyen en la sociedad a través de los medios masivos de comunicación, como la televisión y especialmente los dispositivos móviles. En los que parece que los “trending topics” son lo que más mueve a los ciudadanos, especialmente determinados colectivos según sean los destinatarios, en determinado día o en un mes concreto. Es la prueba de la tremenda carga simbólica a la que está sometida la sociedad actual y a escala global.

Profesoras como las de nuestra historia son las que necesitamos, para que enseñan a pensar y reflexionar, en un momento en los que los resultados educativos, por ejemplo, en España, están muy por debajo de lo que la sociedad española merece y también necesita.

No vayan a pensar que estoy en contra de la publicidad. ¡De ninguna manera! Lo que estoy en contra es de que prevalezca lo superficial en vez de lo sustancial. Lo urgente en vez de lo importante. Cuando la profesora hizo el pase mágico como una prestidigitadora, pasando la atención de sus alumnos del billete al valor inmutable de la persona, provoca no solo que reflexionen, sino que prioricen, que se acostumbren a elegir entre lo que vale y lo que puede prescindirse. La publicidad es como el dinero, un instrumento más de creación humana. Es muy útil y tiene un valor importantísimo en la creación de riqueza, además de dar empleo y ser una de las características más reconocibles de la sociedad actual.

Nuestra historia de hoy es un recordatorio de que tenemos que humanizar más las organizaciones de todo tipo, grandes y pymes. Que necesitamos instituciones cada vez más sensibles a las necesidades humanas, y que ningún símbolo cultural y social está por encima del valor único e indivisible de cada persona.

Autor

Vicepresidente del FORO Ecofin y director de www.ecofin.es , CEO de www.demuestra.com, Presidente del Instituto Ecofin de Liderazgo, coordinador académico de la Red e Latam del grupo Media-TICS.

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