El Faro de Alejandría: ¿Pensar demasiado las cosas me hace más o menos feliz?

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Te pongo en situación: existe un vídeo que circula por YouTube sobre un cuidador de leones en un parque natural de Kenia, que un amigo te lo ha reenviado y te aclara en un WhatsApp que ha decidido enviártelo porque te va a hacer bien a tu estado de ánimo. Es viral y muestra el momento en que este cuidador regresa después de 8 años al lugar en que residía una leona a la que le había salvado la vida cuando era muy joven.

Realmente impresiona cómo salta para abrazar a su antiguo cuidador, demostrando que no solo los felinos tienen una prodigiosa memoria, sino que cuando se vuelven a encontrar con su protector, estallan en una felicidad indescriptible, casi en el mismo nivel que un encuentro entre seres humanos, por ejemplo, dos hermanos que hace tiempo que no se ven porque viven uno en Europa y el otro en América.

Y ahora te pregunto a ti mi querido lector/a: ¿no te pasa a menudo que a pesar de que te quieres animar con vídeos de este tipo, no hay manera que nada te motive

Vamos a ver si somos capaces de describir la situación por la que atraviesas

Lo primero que debo decirte es que no te preocupes porque a pesar de haberte querido estimular el ánimo a ti mismo visualizando algunos vídeos como el referido, no hay manera de que cambies ese sentimiento que te tiene un poco hundido, pero no de hoy solo, sino en las últimas semanas. Realmente tienes una justificación para sentirte así, porque estás enfrentando una nueva responsabilidad en el trabajo que, además, te ha incorporado una función que jamás habías realizado antes: supervisar un equipo.

Digamos, que tienes motivos más que sobrados para estar pensando y pensando…como si fueras una máquina de pensar. Pero te digo que en esto no hay nada malo, porque estás queriendo rendir al máximo y no defraudar las expectativas que la dirección ha puesto en ti. Quieres demostrar en acciones concretas que no se han equivocado al elegirte y que estás altamente capacitado para cumplir con los objetivos fijados.

Pero si bien todo esto está dentro de una ortodoxia clara de lo que significa ir creciendo en tu vida personal y profesional, haciendo carrera en la organización en la que trabajas y que te sientes satisfecho porque se te reconoce el esfuerzo que has venido haciendo en los últimos meses, a nivel íntimo contigo mismo, se ha producido un conflicto. ¿A qué me refiero? A que estás como obligado a pensar demasiado, a analizar cada paso que das, a preocuparte por el personal que depende de tu dirección y coordinación, en fin: no puedes detener tu mente y apartarla de las nuevas tareas y responsabilidades que has asumido en este primer semestre de 2024.

Dicho sea de paso, estás deseando que llegue el mes de julio, para como se dice coloquialmente, poder “tirar la toalla” al menos dos semanas e irte a la montaña a practicar senderismo porque necesitas alejarte del mundo. La cuestión es ¿cómo te sientes de verdad? Estás satisfecho de cómo estás llevando las cosas de tu trabajo este primera parte del año. Esta necesidad de darle vuelta a las cosas en tu cabeza (pensar en exceso) por las responsabilidades en tu puesto y con tu gente, ¿no te están quitando algo de felicidad?

O en otros términos…si bien eres feliz, por un lado, gracias a los logros profesionales obtenidos, ¿te resultan en realidad suficientes para que sientas un bienestar más duradero…que como siempre os digo brinda una felicidad razonable? Si la respuesta que te das a ti mismo es que no, tampoco “debe arder Troya”, ya que pareciera que está dentro de la lógica de cómo iba a afectarte la cantidad de horas de dedicación que estás haciendo en los últimos meses, y que quieras admitirlo o no, te ha impactado en tu estado emocional.

Desde ya que tienes satisfacción profesional, pero no necesariamente se traduce en una satisfacción personal, que en definitiva te hace cuestionarte si estás excesivamente estresado y con continuos pensamientos que, si bien no anulan tu capacidad de sentirte feliz, al menos la retrotraen. O es que no has tenido durante este tiempo esa sensación de no querer demostrar demasiado tu felicidad genuina por los logros obtenidos, porque no quieres parecer frente a los demás como un soberbio o que se toma las cosas a la ligera.

Igualmente te digo, que el buen humor y compartir alegría con un equipo de trabajo no es incompatible con dar una imagen de seriedad. Al contrario, justamente estamos en un momento de la historia de las organizaciones en que el liderazgo DEI (diversidad, equidad e inclusión) está a la orden del día, por lo que justamente, si algo se busca desde el nuevo liderazgo es que los ambientes de trabajo sean lugares libres de estrés y tensiones innecesarias, lo que implica buen ambiente laboral, colaboracionismo profesional y desde ya que compañerismo, por lo que compartir sonrisas y buenos estados de ánimo está en el guion del nuevo tiempo de gestión.

¿Te pasa que una vez que empiezas a pensar…tu mente cobra impulso y no puedes parar?

No te asustes, porque esto es lo que nos sucede a todos. Cuántas veces has terminado de cenar y aún a pesar de que tenías previsto ver un partido de Champions League, has tenido que abrir tu portátil y adelantar la respuesta a un mail que te tiene preocupado. ¿Sientes que te quita felicidad este exceso de tensión y pensamiento? En realidad, no es que te anulen tu capacidad de ser feliz, porque estás en tu casa, rodeado de los tuyos, haciendo un alto en ese momento íntimo que te reservas para la familia para poder adelantar una tarea que te tiene preocupado/a. Pero no has perdido tu capacidad de ser feliz para nada, solo la has pasado al banquillo, como en un partido de fútbol.

La cuestión es que cuando entras a pensar y no puedes parar de hacerlo, te está “robando” (toma prestado) un poco de esa felicidad que en realidad tienes…pero que te has visto obligada/o a aplazar su disfrute.

Cuando los escenarios en los que actuamos nos replican como campanas en nuestra cabeza

Es parte de la vida profesional, el ritmo al que se vive y las responsabilidades que crecen día a día. Tienes dos frentes abiertos: el interno, tu responsabilidad con tu equipo y cumplimiento de los objetivos; el externo, o sea, comprender los movimientos del mercado, qué es lo que está haciendo la competencia que de manera directa y/o indirecta afecta a los servicios de tu empresa, etc. Es indudable que hay que analizar, pensar y volver a pensar. Pero en la medida que tengas la capacidad de incorporar pensamientos positivos, recordando que tienes muy bien planificadas las tareas tuyas y de tu gente, por sí solo esto te tiene que dar un respiro, ese alivio por saber que se están haciendo bien las cosas.

El autoanálisis continuo que haces de los escenarios que tienes en tu cabeza, si bien ya los tienes bastante dominados, no por ello la repetición mental de aquellos se vuelve algo común. Con frecuencia ocurre, que lo que te resuena en la cabeza es que aquello que primero te ha venido a la mente, y que, por lo general se debe a que prácticamente ya sientes que has agotado todos los posibles peores escenarios. Y que por seguridad y especialmente la tranquilidad que quieres dar a tu equipo, prefieres revisar una vez más el tema que te carcome y te hace pensar y volver a pensar, aunque lo tienes resuelto.

Pensar demasiado ¿puede comprometer tu rendimiento además del estado anímico?

Compatibilizar estados emocionales y pensamientos es posible, pero te digo más: ¡es aconsejable! Porque cada vez que durante este primer semestre de 2024 te has dedicado a pensar profundamente en algunas de las cuestiones que tienes pendientes de poner en marcha para tu equipo y/o departamento, si no controlas demasiado esta locomotora de pensamiento, puede agotarte física y mentalmente, con la consecuencia de limitar esa creatividad que te caracteriza y tu buen hacer (tu eficacia personal). Y lo peligroso de esos estados de agotamiento, es que, en esos momentos, a pesar de que en los hechos por las razones expuestas más arriba no has perdido la felicidad, sino que la has aparcado, en realidad, tu sentimiento es que has sufrido una auténtica pérdida de felicidad.

Las buenas noticias

Debes buscar el lado positivo de las cosas, pero no ilusiones, sino sobre bases ciertas. Cuando piensas demasiado no cabe duda que eres una persona observadora de todo lo que ocurre a tu alrededor, independientemente de tu tarea y responsabilidad específica. Eres empático/a y por tanto te preocupa las personas de tu entorno laboral, jamás hacer un feo a nadie y cuando hay un tema técnico de discusión, demostrar siempre que quieres aportar sugerencias (a veces pueden ser soluciones) en beneficio del grupo.

Este tipo de actitud frente a los compañeros es muy valorado. Y si esta es la conducta habitual que muestras a los demás como algo natural, independientemente de que seas un pensador/a excesivo, piensa en la satisfacción que te tiene que dar que los demás, incluyendo jefes, te reconozcan, y muy especialmente, que no vean un objetivo únicamente de beneficio personal de tu parte, sino uno de compartir equipo y estar orgulloso/a de pertenecer a la empresa. El famoso orgullo de pertenencia.

En sí mismo, esta sensación produce satisfacción y te da estabilidad, hayas pensado en exceso o no. Por tanto, regula tus pensamientos en cuanto a la cantidad de inputs que metes en tu cerebro por un exceso de celo profesional, que, si bien es bueno para ser eficaz, no hay que pasarse y afectar el físico a través de la fatiga, y el ánimo a través de experimentar (la percepción que tú haces) de más negatividad que cosas positivas, cuando la realidad indica lo contrario.

Autor

Vicepresidente del FORO Ecofin y director de www.ecofin.es , CEO de www.demuestra.com, Presidente del Instituto Ecofin de Liderazgo, coordinador académico de la Red e Latam del grupo Media-TICS. Puedes enviarme comentarios y consultas a jzunni@telefonica.net