EL FARO DE ALEJANDRÍA: ¿Por qué he titulado “El Faro de Alejandría” a esta nueva sección?

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El.Faro .de .Alejandria

A lo largo de la historia de la humanidad, todas las civilizaciones que desde la antigüedad hasta el presente le han dado sentido a lo que somos como sociedad, se han guiado por determinados principios y valores que caracterizaban cada época. También han formado parte del devenir histórico las obras que el hombre iba dejando como señal de su paso. Desde los dólmenes y menhires hasta las Pirámides de Egipto.

Cuando leemos sobre “Las 7 maravillas del mundo antiguo”, se nos describe como que eran monumentos que estaban ubicados en el ámbito del Mar Mediterráneo y de Oriente Medio, que fueron consideradas como las más grandes construcciones hechas por el hombre durante la Edad Antigua.

Si bien siempre hubo discrepancias entre algunos historiadores respecto a qué grandes obras forman parte de este grupo selecto, finalmente, se llegó a un consenso de cuáles eran los siete monumentos que debían tener el título de “maravilla del mundo”: la Gran Pirámide de Giza, el Coloso de Rodas, el Faro de Alejandría, los Jardines Colgantes de Babilonia, el Templo de Artemisa en Éfeso, la Estatua de Zeus en Olimpia y Mausoleo de Halicarnaso.

Por tanto, el Faro de Alejandría es una de esas obras humanas que sigue presente en nuestra memoria por la relevancia que tuvo en su época y del cual hay restos submarinos en el lugar que estaba erigido. El Faro de Alejandría fue una torre construida en el siglo III a. C. durante el reinado de Ptolomeo II (280-247 a. C.) en la isla de Pharo en Alejandría, Egipto, con la finalidad de servir de punto de referencia del puerto, con una altura que según diversas fuentes históricas podría ubicarse entre 130 y 160 metros de altura. Fue una de las estructuras más altas hechas por el hombre durante muchos siglos, y también castigada duramente por tres terremotos que se sitúan ente los años 956 y 1.323, aunque logró sobrevivir hasta 1480, cuando las últimas piedras fueron utilizadas en la construcción del Fuerte de Qaitbey en el mismo lugar.

Ya en tiempos que nos quedan más próximos, concretamente en 1994, fue un grupo de arqueólogos franceses que descubrieron numerosos restos del faro en la plataforma marina mientras buceaban a escasa profundidad en el puerto oriental de Alejandría.

¿Por qué he elegido este nombre?

Estamos viviendo una época en la cual la dichosa incertidumbre e inestabilidad, nos viene pegando duro a todas las sociedades del orbe desde 2020 con la pandemia, y que cuando todo creíamos que había sido superado, el pasado mes de febrero Putin iniciaba la Guerra de Ucrania que aún sigue matando civiles inocentes y acrecentando aquella inestabilidad referida. Vivimos un presente tan abrupto, como si estuviésemos todos los días y todas las horas compitiendo en motocross en caminos absolutamente intransitables que nos hacen pegar saltos y provocan caídas, pero lo más angustioso para el ser humano, es que nos vamos acostumbrando a ello.

Porque cuando ya nos es familiar convivir con problemas de inestabilidad, carestía de la vida, etc., cada día que lo seguimos aceptando como inevitable, nos hace que todos estemos metidos de lleno en una política de resignación. Como si nada pudiese cambiarse ya, lo cual es falso. Porque encontrarnos que día tras día no hay mejora en la situación económica, en la que nos afecta el modus vivendi (nuestro bolsillo) y que nos compromete llegar holgados con algún sobrante de dinero a fin de mes, nos provoca ansiedad, angustia y estrés.

Pero mi mensaje de hoy no busca profundizar en las heridas que nos duelen (sin dejar de horrorizarnos por una guerra infame e injusta), sino en ayudar y contribuir lo más que podamos a que nuestros estados emocionales estén mejor, que podamos sentirnos bien después de hacer un ejercicio intelectual sobre qué cosas deben preocuparnos y cuáles podemos postergar.

El nombre El Faro de Alejandría es para mí esa señal, esa advertencia, que como a los barcos les señalaba la ubicación del puerto de Alejandría, a tal punto se convirtió en un referente, ya que, al estar ubicado en la isla de Pharos -de ahí proviene el nombre de faro- cualquier estructura que en todo el mundo y especialmente en las costas de los grandes océanos se emplazaban para que hubiera un punto de referencia concreto y seguro para la navegación, se le denominara faro y aún se sigue denominando así.

Es un indicador de la ruta que una nave está siguiendo. Es un indicador del lugar que representa. Pero en particular, el Faro de Alejandría es una señal de la historia que nos indica que el hombre a través de los siglos ha tenido que apoyarse y guiarse en los símbolos que tomaba como esas señas de identidad al que ajustaba sus movimientos, desde la buena navegación marítima hasta la personalidad que tal monumento otorgaba a la región, como es el caso del puerto en la ciudad de Alejandría.

En NOTICIAS Salamanca, “El Faro de Alejandría” pretendo que sea un soplo de aire fresco, un revulsivo contra todo aquello que nos preocupa a diario y termina afectando nuestro estado emocional. Una nota humana (qué hoy día es mucho decir ante tanta inhumanidad) en esta jungla de convivencia entre naciones y personas, que podamos ver que aún somos una especie con esperanza y que es posible cambiar las cosas.

Autor

Vicepresidente del FORO Ecofin y director de www.ecofin.es , CEO de www.demuestra.com, Presidente del Instituto Ecofin de Liderazgo, coordinador académico de la Red e Latam del grupo Media-TICS.

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