Algún artículo escribí el año pasado del barrio Garrido. Lo cierto es que, aunque extrapolable para casi todos los barrios (ya me dirán ustedes Pizarrales, por ejemplo y sin ir más lejos), Garrido es un mundo propio. Hasta sus autóctonos tienen nombre, Garriders. No sé quién lo inventó, pero yo creo que a todos gusta. Al menos a los que son de allí y lo sienten como parte de su vida que, aunque pasada para muchos, está presente, muy presente, en nuestra memoria colectiva.
Aquellos artículos sobre Garrido no dejaron indiferente a casi nadie y, no es por echarme flores, pero consiguieron de largo los objetivos que perseguía. El primero de todos era que tuvieran muchos lectores y los tuvieron. Un objetivo necesario en agradecimiento a los editores de NOTICIAS Salamanca, que siempre me han dado la libertad suficiente para convertir mis colaboraciones en terapias (esto precisamente era el segundo objetivo). El tercero y último era el de recuperar historias y recuerdos de mucha gente como yo, la mayoría que tuvo que salir del barrio, pero que lo siente como propio y recuerda con cariño tanto los amigos como el colegio como las andanzas en el parque o en la Plaza de Barcelona, especialmente, que recuerda las ‘alambradas’, los ‘Street Lamp’, la vía del tren, la ‘chinchi’, el Luymar, etc, etc,…
Fueron artículos terapéuticos, sí, pero también duros, porque cuando los recuerdos se amontonan, a veces se transforman en lágrimas y en añoranza por un tiempo y por personas que ya no volverán, por momentos, por situaciones vividas, … Pero no es la hora de ponernos ñoños y menos cuando gracias a El Suso, volvemos a estar en la cresta de la ola y no por salir en la crónica de sucesos, sino en las páginas de cultura y sociedad. Vamos, donde sale la gente ‘piti’.
No sé la repercusión que habrá tenido fuera, pero me consta que la canción ‘Soy así’ de El Suso nos tiene locos a los que un día pasamos por Garrido. No sé si dejamos más o menos huella, si nuestro nombre, como el suyo, estará escrito en alguna pared de las calles con nombre de ríos, o de árboles y flores, escritores, o de cualquier otra profesión, pero tengo claro que de nuevo El Suso nos ha llevado a aquellos años. Él puede hacerlo porque él es Garrido. No puedo deciros las horas que he dedicado a ver comentarios en redes sociales de gente a la que he podido identificar. A mi amiga Raquel, que tenía la tienda de ultramarinos debajo de mi casa, al ‘Pengo’ mayor, que, si mal no recuerdo, formaba parte de la propia pandilla de El Suso, al propio Argi, que lo recuerdo también de su calle. Y a muchos que estoy seguro que conozco, pero no he sido capaz de ponerles cara. Para mí El Suso era el hermano mayor ‘del’ Óscar. Un tipo peculiar y especial. Mi recuerdo de El Suso es verlo apoyado en la barandilla del balcón de su casa mientras nosotros, en los recreos jugábamos al fútbol, a las canicas o a las chapas en la Plaza del Mirto y en el parque Monleón (ahora ya no sé cuál es cuál), pero sí. Allí, encima del bar las Burbujas, un poco más a la izquierda. Le recuerdo cordial y alguna vez nos trató de corregir alguna que otra conducta incorrecta. Siempre como el hermano mayor que trata de enseñarte con la razón, nunca con la fuerza. Recuerdo su grupo, con el Argi, el Magú (en la pared me ha parecido ver Megú), el Wate, el Míchel, luego el Peri y alguno más. Quizá su propio hermano José, con el que, curiosamente, me volvería a cruzar años después. Él ya no se acordará, pero yo nunca olvidaré aquella gente de Obispo Ramírez y entorno. Entre otras cosas porque con la siguiente generación, con los Popeye, Raúl, Alberto, Óscar, etc, etc,… mantuve una buena relación al ser coetáneos y coincidir en el San Mateo o en el Mateo Hernández. También es cierto que seguro que con alguno tenemos alguna cuenta pendiente, pero el tiempo dicen que todo lo cura.
No olvidar nunca de dónde vienes es el mejor consejo que se le puede dar a alguien, en especial cuando vas de abajo arriba, y El Suso lo traslada a la perfección en su canción y en su puesta en escena, en aquellas calles donde se crió, donde aprendió lo malo, pero también lo bueno. He tratado de indagar en su historia. Entre otras cosas, porque no estaba seguro de si era él cuando hace años escuchaba alguna canción suya. De hecho, no sabía que le gustaban tanto estos ritmos flamencos, aunque el cuñado de su hermano me contaba que sí, que cuando venía y se soltaba era un auténtico fenómeno. No seré yo quien lo dude.
En realidad, aunque lo identifico con sus amigos de la calle y con su familia, a mí El Suso siempre me pareció un verso suelto y libre. Mis últimas imágenes son una noche de fiesta, en la que un amigo mío estaba ‘más pallá que pacá’ y él me decía que no me preocupara, que en el hospital lo reactivaban enseguida con una inyección de no sé qué para aliviar mi preocupación por el amigo que no reaccionaba (a todos nos habrá pasado alguna vez digo yo). Y la última, aunque parezca un poco macabra, fue ya en mis tiempos de El Adelanto, cuando según iba a la redacción había un coche volcado en plena Gran Vía y, allí estaba él. Le pregunté si estaba bien y, gracias a Dios, lo estaba. Hablamos un par de minutos, no sé si él sabiendo quién era yo. Me contó que trabajaba para una empresa de componentes. Fue la última vez que le vi. Sentado en la Gran Vía, tranquilo y sereno pese austado, como siempre le vi, como si estuviera un paso de madurez por encima del resto. Seguro que sin atender consejos de nadie, porque como dice en la canción… “yo me equivoco solo”, aunque en esta ocasión, haya acertado de pleno.
Gracias por guardar siempre un trozo de Garrido y de Salamanca en tu corazón.