Estatua del Lazarillo de Tormes

- en Firmas

En la fresca senda
que conduce al río,
metálicos pasos
cargados de siglos,
el ciego que apoya
su mano en el niño,
que lánguidamente
guía su camino.

“Allí en aquel toro,
verás, Lazarillo,
si te acercas mucho
sentirás un ruido”.
Ingenuo el muchacho
colocó su oído
y un calabazazo
recibió del pillo.

Muy pronto aprendió
del viejo ladino
y en su caminar,
la paja y el vino,
el charco y el poste,
el dulce racimo,
todas las andanzas
del singular pícaro
que así llego a ser
de las letras mito.

En la fresca senda
que conduce al río
siguen conversando
el viejo y el niño;
allí, junto al Tormes,
tiernos y sencillos,
se encuentra la estatua
del buen Lazarillo.

Autor

Aficionado a escribir versos sobre las emociones que encontramos en las grandes y pequeñas cosas de la vida.

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