Llegaron los surcos,
las sombras oscuras.
Como si debajo de alas de murciélago pernoctara.
Diablo disfrazado de suerte,
y la suerte,
trampantojo de demonio.
Todo se desvanece en huellas.
Arrugas silenciosas,
que marcan el recorrido de un rostro extenuado.
Eco bárbaro de una etapa.
Se ha de liquidar ya,
el lastre tortuoso del descalabro.