Estoy cansada de aquellas personas que ponen en tela de juicio mi opinión y me dan un extenso discurso (oral o escrito), no pedido, sobre el motivo por el cual lo que he expuesto es erróneo en ese momento.
Pero, ¡oh, casualidad! Si pasadas unas horas expresan una idea parecida a la mía, es mejor que me calle para no generar un conflicto que se convertirá en un círculo vicioso.
Y, claro, les pica el ego porque no les has hecho “casito” cuando se han currado tanto la explicación que camufla un cállate, mujer, que tú no tienes ni idea de nada.
Estoy cansada de aquellos varones que tratan de darme lecciones ¡a mí! sobre mi cuerpo de mujer y sobre si es mejor parir por vía vaginal o someterme a una operación, con todos los riesgos que conlleva, para practicar una cesárea que requiere mucho más tiempo de recuperación, pero que, en pleno siglo XXI, no es motivo de baja laboral.
Claro, por supuesto, yo no sé lo qué es sufrir el machismo en mis propias carnes, ni la desigualdad, ni la discriminación por mi sexo, ni la mirada paternalista por ser mujer o la condescendencia en las palabras que me dirigen.
Estoy cansada de callar y de hablar de lo que se supone que tengo que hablar y en el momento preciso y adecuado que me corresponde.
El momento para expresar mi opinión sobre cualquier tema, sea incendios, asesinatos, robos, violencia de género y/o sexual, la primavera o el cambio climático es cuando a mí se me antoje. Mi opinión es mía y no espero que todo el mundo esté de acuerdo con ella.
Debatiré y dialogaré en persona o en redes sociales cuando yo quiera y con quién me apetezca. Debo dosificar mis energías porque la lucha se presenta larga y dura.
Si no te contesto no es que tenga miedo o no te tenga respeto, simplemente es que no me apetece responder a tu comentario de mierda donde, de forma condescendiente, quieres darme lecciones.
Estoy cansada de aquellas personas que me dicen cómo me debo sentir, cómo debo actuar, qué debo decir ante una catástrofe, ante una situación política, …
Estoy cansada de que me quieran explicar cosas cuando no he pedido esa explicación o no te la he pedido a ti.
Recomendación literaria (si no la he hecho ya): “Los hombres me explican cosas” de Rebeca Solnit.
“El síndrome de la impostora” de Élisabeth Cadoche y Anne Montarlot.