Urda, en las entrañas de nuestro corazón

- en Firmas

Hay noticias que duelen al escribirlas, y más aún cuando no es la primera vez que tenemos que hablar de una tragedia semejante. A todos nos ha venido a la memoria el terrible accidente que sufrió Adamuz hace no tanto tiempo. Sin embargo, hoy las entrañas de nuestro corazón vuelven a estremecerse ante el accidente ferroviario de Urda (Toledo).

Caminamos por la vida sin pensar que, apenas un minuto después, quizá ya no estemos en ella. Seguimos cometiendo el error de creer que las personas que queremos siempre estarán a nuestro lado, como si el tiempo nunca fuera a arrebatárnoslas. Pienso en esas familias que han recibido la desgarradora noticia de que uno de sus seres queridos ha fallecido, y no puedo evitar que las lágrimas contenidas nublen mi mirada.

El mundo entero llora, España llora y, una vez más, el pueblo demuestra que permanece unido ante cualquier catástrofe, ayudando en todo lo que puede y de la manera que sabe. ¡Qué dolor tan hiriente! Personas de todas las edades, con sueños, ilusiones y tantos proyectos por cumplir, a quienes un destino cruel les impidió seguir adelante. Aquel viaje no solo sería el último que realizarían en tren, sino también el último de sus vidas.

Pienso en los niños que se han quedado sin padres o hermanos; en los abuelos que han perdido a sus hijos y nietos; en las mujeres y los hombres que han perdido a sus parejas; en esas amistades que, con el paso del tiempo, se convierten en familia. Y me pregunto:

¿Por qué la vida puede ser tan injusta? ¿Cómo es posible que, a estas alturas, sigamos teniendo que lamentar tragedias de esta magnitud en el transporte público?

En estos momentos no se trata de buscar culpables a la ligera, pero, si finalmente se demuestra que ha existido un fallo humano o una negligencia, ¿no deberían asumirse las responsabilidades correspondientes? Por supuesto, nada ni nadie podrá borrar el dolor que hoy permanece en cientos de hogares. No obstante, sí tenemos la obligación de exigir que se investigue lo sucedido y que se pongan todos los medios necesarios para evitar que vuelva a repetirse una tragedia tan desgarradora como las de Adamuz y Urda.

No quiero extenderme mucho más. Solo deseo expresar  mi solidaridad y todo mi cariño hacia las familias que hoy atraviesan el dolor insoportable de haber perdido injustamente a un ser querido.

Desde estas líneas les traslado mi más sentido pésame a todos los familiares y allegados de las victimas de Urda. Ojalá encuentren la fuerza necesaria para seguir adelante y sientan el abrazo de tantas personas que, aun sin conocerlas, compartimos su tristeza..

«Y que esos ángeles que el cielo nos ha robado nos protejan desde donde estén. Porque hay ausencias que nunca se llenan, heridas que nunca terminan de cerrar y vidas que, aunque se apaguen, permanecerán para siempre en el corazón de quienes las amaron».

D.E.P.