El Faro de Alejandría: La Navidad significa reencuentros, emociones, felicidad y abrigar esperanzas por un mañana mejor

- en Firmas

Llegados a estas fechas, hasta las personas que son poco proclives a mostrar sus sentimientos, terminan, como suele decirse en la jerga de la pesca deportiva, “soltando línea”, como si de esta manera pudieran ir vertiendo sus sensibilidades que estaban escondidas y que por lo general no les gusta sacarlas a la luz. Muchos, porque les da vergüenza; otros, porque no quieren que se vea el “flanco débil” de su personalidad, especialmente los hombres.

Ese nunca mostrarse que por ser hombres “flaqueamos”, cuando justamente es todo lo contrario en el ejercicio del liderazgo de parte de los mejores líderes, sean empresariales o políticos, que sí es aceptado por la doctrina y por la propia práctica diaria, que se muestren vulnerables, que no son superhombres, sino seres humanos normales de carne y hueso.

Pero lo bueno de las Navidades es que es quizás una de las fechas con más sentido de libertad del calendario a escala mundial, en que las personas de cualquier nacionalidad y condición se desean paz y felicidad. ¡Lástima que no son imitados estos deseos por los líderes mundiales que les gusta hacer la guerra!

Pero hoy no les voy a atormentar a mis queridos lectores/as con cuestiones geopolíticas, sino solo abordaré la que considero más importante de todas: la cuestión humana…recordándonos a nosotros mismos que somos seres por los que corre sangre por nuestras venas…que no somos máquinas que estamos cada día de arriba para abajo y viceversa, por nuestras obligaciones laborales y familiares. Que también nos emocionamos… que nos esperanzamos… que nos preocupa el futuro cercano, especialmente para las generaciones de jóvenes que aún tienen toda una vida por delante.

Pero para todos ellos, los que despiertan a la vida porque, por ejemplo, han cumplido los 18 años y ya entraron de pleno derecho en la mayoría de edad, como los niños de colegio primario que siquiera pueden imaginar cómo será el mundo cuando ellos lleguen a esa edad legal para ejercer el derecho a voto, así como todo el espectro de personas adultas hasta los nonagenarios, que cada uno de ellos/as tiene en función del tiempo que le tocó vivir, un recuerdo agradable y un motivo para sonreír.

Porque las Navidades tienen ese poder especial de provocar una sonrisa, tanto de alegría por compartir el presente con los seres queridos, como de melancolía por el recuerdo de los que ya no están, pero que en ese instante en que los recordamos, nos viene a la memoria los buenos momentos, aquellos en los que fuimos felices, aquellas voces que volvemos a escuchar que nos daban consejos y que nos guiaban. Cuánto de bueno tiene la vida por lo que somos, por lo que fuimos y por lo que nos resta ser.

Esto es la Navidad, un renacer permanente, un sentimiento de esperanza genuina de que vendrán tiempos mejores cuando los actuales nos están siendo duros y difíciles de llevar.

¡No teman queridos lectores/as! Porque la vida es cíclica como el universo en el que vivimos. Siempre giran las circunstancias, y como en una “rueda de la fortuna”, desde algún lugar del que no vemos la mano invisible, de vez en cuando nos da números premiados, a pesar que tengamos que soportar con frecuencia algunos sinsabores, fracasos y pérdidas personales.

Ya lo decía en “EL FARO DE ALEJANDRÍA: Joan Manuel Serrat: “De vez en cuando la vida toma conmigo café” que escribí en 24 de diciembre de 2022  https://noticiassalamanca.com/firmas/joan-manuel-serrat-de-vez-en-cuando-la-vida-toma-conmigo-cafe/

Nacer al menos nuevamente en cada diciembre es lo que nos alimenta el espíritu para sacar ese lado bueno de nuestra alma, dejar de lado los rencores, los enojos, los sinsabores y esas rabietas que habitualmente forman parte de nuestra cotidianeidad. Puede más el brindis y el deseo de paz, salud y felicidad que todo aquello que con frecuencia nos cabrea y produce malestar.

Son tan milagrosas las Navidades, que incluso en los frentes de guerra ha habido experiencias increíbles, como en las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en que cesaban los disparos y el ruido de las balas y granadas era reemplazado por el de canciones navideñas.

Felicidades para todos/as mis lectores en esta Navidad. ¡Que la paz, prosperidad y mucha salud reine en vuestros hogares!