Olvidar.
Del latín vulgar, oblitare.
Dejar de retener en la mente algo o a alguien.
Dejar de hacer algo por descuido.
Empatía.
Del griego, empátheia.
Sentimiento de identificación con algo o alguien.
Capacidad de identificarse con alguien y compartir los sentimientos.
Una palabra se está empleando mucho en la actualidad. La otra, prácticamente, pasa desapercibida, aunque haya personas que se llenen la boca mencionándola.
¿Adivinas cuál es cuál?
Ojalá que, en mis clases de historia, nos hubieran enseñado los acontecimientos relevantes para mantener en la memoria como si no fuéramos papagayos.
Parece ser que, determinadas personas, cuando llegan a la edad adulta, más o menos, olvidan esos hechos que no merecen la pena volver a repetir porque hace que seamos una sociedad peor, unas personas peores.
Hablo de un alzhéimer selectivo. Con lo que me remueve a mí por dentro el alzhéimer.
Quieren volver a repetir los mismos errores de un pasado, no tan lejano, que hicieron que nuestra sociedad sufriera lo innombrable, que muchas de las personas que se rebelaron tuvieran que abandonar todo por vivir fieles a sus ideales y principios, luchando desde el exilio y la clandestinidad.
Se habla de la empatía. Pero poco se trabaja por ella.
Poco nos ponemos en la piel de miles de personas que, en muchos lugares del mundo, huyen de la guerra provocada por quien se cree con más poder o con más herramientas para explotar las materias que posee el país colonizado.
Poco nos ponemos en la piel de cientos de personas que son capaces de subirse a una barca sin seguridad para cruzar el estrecho, escapando de guerras, miserias, presiones, hambre, inseguridad, persecuciones y un largo etcétera. O de quienes llegan y deciden quedarse porque, a pesar de los pesares, aquí se sienten más seguras que en su país.
Poco nos ponemos en la piel de las mujeres que sufren acoso, agresiones, violencia… y prefieren juzgar desde la barrera de su posición privilegiada de macho alfa patriota.
Poco nos ponemos en la piel de las personas que trabajan de sol a sol para llevarnos a nuestra mesa los alimentos que otros se encargan de encarecer y de pagar a un precio irrisorio.
Poco nos ponemos en la piel de quienes están en la base de esta pirámide de la sociedad, de quienes soportan el peso de lo bueno y lo malo que sucede, de las subidas de precios, de las crisis sanitarias, de las crisis económicas, …
Poco nos ponemos en la piel de la persona que está a nuestro lado y pronto olvidamos lo que la historia nos ha advertido que no tiene que volver a suceder.
Recomendación literaria: “Frank, la increíble historia de una dictadura olvidada” de Ximo Abadía.