Noche de difuntos

- en Firmas

Hace unas noches, soñé que me habían gastado una broma macabra y que quienes yo creía que habían abandonado este mundo terrenal, en realidad, no lo habían hecho.

Ni me desperté enfadada, ni nerviosa, ni sorprendida…Simplemente me quedé pensando en este sueño, tan extraño, pero que no consideré una pesadilla.

Quizás, ahora lo pienso, eche de menos, en este preciso instante, a la gente que se marchó. Quizás, esté en ese momento de mi vida en el que estoy/soy más sensible a estas cosas. Me hago mayor.

Desde hace algún tiempo, pienso que celebraré el día de Todos los Santos poniendo un pequeño “altar” adornado con guirnaldas, fotos, velas donde recordaré a los seres queridos que se fueron. Que les haré un homenaje no llorando su marcha, sino alegrándome por los momentos compartidos y celebrando la suerte que tuve porque estuvieran junto a mí.

Luego, al final, no hago nada. Como mucho, como haré esta noche, encenderé unas velas (algo que suelo hacer habitualmente) y seguiré acordándome de ellas con cariño, nostalgia, amor, …

No quiero ver las marchas como un sufrimiento. No las quiero recordar con dolor. Aunque, inevitablemente, en muchas ocasiones, un pellizco grande en el corazón sienta.

Hay marchas que ya eran inevitables. Hay otras que eran inesperadas, me pillaron por sorpresa haciendo tambalear todo mi mundo. Ésas, precisamente ésas, reconozco, son las más jodidas de llevar, de gestionar, de asumir. Y aún hoy, pasadas ya semanas, hacen que se me encoja el corazón.

No es el momento de balances, como solemos hacer el 31 de diciembre. Para mí, hoy, ha tocado así, es el momento de recordar con cariño a todas las personas que han pasado por mi vida y que, lamentablemente, ya no se encuentran a mi lado en este mundo que cada vez parece más inhumano y que no soporta la sensibilidad, la empatía.

Por un momento, me gustaría ser el pequeño Coco y poder besar a mi abuela, sentir su abrazo y sus múltiples besos en la mejilla. Me gustaría conversar, durante unos minutos, con el piojoso y recibir un beso suyo en mi frente y escucharle decir que todo irá bien. Me gustaría poder hablar por teléfono, durante unas horas, con el arqueólogo de cabecera que consiguió que hablara de atarjeas, dándole mi propio toque, y que siempre me escuchaba y tenía un sabio consejo que darme después de, obviamente, meterse conmigo y reírnos a carcajadas.

Hoy, pondré un altar imaginario en mi mente y en mi corazón y hablaré con mi gente para que no se me olviden, porque quiero tenerles presente, porque fueron importantes en mi vida y siguen siéndolo.

Hoy, no habrá truco o trato. Simplemente habrá el trato de no olvidar a aquellos que siempre quise.

 

Recomendación audiovisual: Coco de Pixar estudios.