Otoño

- en Firmas
Otono salamanca

¿Sabes, abuela? No tengo especiales recuerdos del otoño. O, al menos, no me sucedieron cosas que me quedaran grabadas para la eternidad.

Ahora nos hemos vuelto muy místicas y espirituales y hablamos del solsticio de verano, del equinoccio de otoño…

En otoño es tu cumpleaños. Mira, de eso sí tengo bonitos recuerdos: las comidas familiares en tu casa, ocupando tu salón durante largas horas, entre risas, juegos, platos, postres.

En el colegio, ¿te acuerdas?, siempre nos hacían trabajar con las hojas marrones que inundaban todo el patio. Toda la clase buscando las mejores hojas marrones, las que no estuvieran muy dañadas, las más grandes para crear nuestra manualidad.

Lo que sí recuerdo es correr por el patio, por la calle creando un nuevo surco entre las hojas que se habían desprendido de los árboles y que ningún barrendero había pasado a recoger. Arrastrábamos los pies, no los levantábamos del suelo, y movíamos todas las hojas. Detrás ibas tú diciéndonos que levantáramos esos pies. Cosas de niñas.

Aquí, en Salamanca, siempre se ha dicho que pasamos del calor extremo en verano, al frío invierno, pues sólo hay dos estaciones. Pero, en algún momento, podíamos disfrutar de este clima de entretiempo.

Bonita palabra: entretiempo.

Los recuerdos de otoño están ligados a tu flan de coco y al bollo maimón que devoraba mi primo cuando celebrábamos tu cumpleaños.

El otoño está unido al mes de octubre y sus tres cumpleaños. Una celebración que, habitualmente, nos volvía a reunir previamente a la Nochebuena.

Un mes de octubre volví de Ecuador, sufriendo el llamado “veranillo de San Miguel”, y tú ya te estabas marchando. Aunque aún conservabas tu sonrisa y esas caricias que nos dabas con tus manos heladas. Esa mirada llena de preguntas y de cariño.

El otoño iba concluyendo con el cumpleaños de la pequeña de la familia. Ese terremoto de niña, de sonrisa amplia e inquieta.

El otoño nos empieza a invitar a planes caseros, a chocolates calientes y películas entrañables, a juegos de mesa en las tardes de los fines de semana, después de haber hecho los deberes.

El otoño nos muestra la diversidad de marrones que existen con leves pinzadas amarillas.

Nostalgia.

¡Ay, abuela! Ojalá volver a la niñez para disfrutar jugando con las hojas secas que cubren las calles y quedarnos comiendo el bocata de chocolate Nestlé mientras en la tele echan “Hello, I’m Muzzy” o a la “Superabuela”.

Recomendación literaria:Nunca te olvidaré” de Aurora Soto Díaz y José Losa Pérez

Recomendación cinematográfica: Serie “La Superabuela”

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