Parar como Ricky

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Ojalá poder tener la capacidad económica para decir “¡basta!” y parar.

Últimamente recuerdo mucho la noticia que hablaba de Ricky Rubio y su decisión de “parar” de jugar al baloncesto para cuidar su salud mental.

Ojalá ser Ricky Rubio y poder hacerlo sin preocuparme de si podré llegar a fin de mes.

En este sistema que hemos creado en esta sociedad plural, diversa, tolerante, avanzada, … y CAPITALISTA, se hacen primero cuentas y después se piensa si una puede darse el lujo de parar por enfermedad física o por salud mental.

Ojalá no tener que preocuparme por pagar las facturas, por mirar las ofertas o tener en cuenta el precio de la fruta y la verdura para decidir qué comprar.

Desgraciadamente, nos resulta más importante saber los años cotizados a la Seguridad Social, que pararnos a valorar si nuestra mente y, en consecuencia, nuestro cuerpo, está en condiciones para seguir adelante con nuestro ritmo frenético que nos hemos marcado, o nos han marcado.

Ojalá tener una varita mágica para espantar esos fantasmas y monstruos que aprisionan nuestra mente.

Ojalá tener un hechizo que parase el tiempo lo necesario para recuperarnos y que todo se detenga.

Mis hechizos y pócimas, por mucho que quiera hacerle creer lo contrario a mi sobrina, sólo logran calmar los gritos del estómago.

Se ha puesto la salud mental en el centro, pero se pasa de lado y se mira de soslayo.

Aún no hay una verdadera conciencia de lo necesario que es hablar de lo que nos pasa por la cabeza cuando ni una misma lo sabe con certeza.

Y hay que hacer cuentas para calcular a cuántas sesiones puedes ir o llevar a tu hija, o de dónde quitas qué este mes para pagar aquello que te sienta tan bien, aunque te remueva por dentro.

Ojalá ser Ricky Rubio y poder tomarme un año sabático de mi vida para cuidarme, para aburrirme, para hacer bricolaje terapéutico, para leer, para escribir, para no hacer nada, pero, a la vez, hacer lo más importante que es cuidar de mi salud mental.

Somos una sociedad “avanzada”, pero no avanzamos en el autocuidado y el cuidado de cada persona.

Parece que cada vez importan menos las personas y más los resultados para alcanzar no sé qué o qué sé yo.

¿Resultados de qué? ¿Resultados para qué? Si luego no vas a tener tiempo, ni ganas de compartir, de celebrar, … porque te pedirán más.

Al final no deberemos preocuparnos porque nos sustituyan robots, pues nosotras mismas nos convertiremos en seres sin alma ni corazón para no padecer, no sufrir, no sentir ningún tipo de dolor ni sentimiento.

Ojalá ser capaz de sobrevivir con lo mínimo, en una cabaña perdida y, así, cuidar la salud mental y no ser presa de esta sociedad que nos consume sin tregua.

Recomendación literaria: Los asquerosos de Santiago Lorenzo y Esas cosas que nos pesan de Pablo R. Coca.

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.