Valora la presencia de una ausencia como si fuera oro derritiéndose en la palma de tu mano. Porque ese ser que se marchó de vuestra vida tiene un valor incalculable. Seguramente será de las pocas personas que os quiso de verdad, con transparencia y sinceridad, con una mirada perdida en el baúl de los recuerdos, cuando todo parecía perfecto. Y eso, en los tiempos que vivimos actualmente, es muy difícil de encontrar.
Probablemente, muchos de vosotros dirigiréis ahora vuestros pensamientos hacia un amor del presente o del pasado. Sin embargo, no me refiero únicamente a eso. Considero que echar de menos a alguien que formó parte de nuestra existencia no tiene por qué estar relacionado con una relación sentimental de pareja, también puede tratarse de una amistad o incluso de un familiar que tiene nuestra misma sangre, aunque, en ocasiones, en lugar de secar nuestras lágrimas, contribuya a provocarlas.
La vida es breve y maravillosa al mismo tiempo. Precisamente por eso no deberíamos permitir que alguien importante para nosotros tenga que desaparecer de nuestro camino para que aprendamos a apreciar de su presencia y todo lo que nos ofrecía con su amistad o sus sentimiento
Pienso que no es ego, ni orgullo, ni siquiera un castigo, cuando un ser humano se rinde y decide alejarse. Es, muchas veces, la consecuencia de nuestros actos. Sin avisar, como la claridad de un amanecer, despierta algo que permanecía dormido en su interior: el amor propio. Porque, aunque queramos profundamente a alguien, jamás debemos olvidar que nuestra primera responsabilidad es cuidar de nosotros mismos, nadie mejor que cada uno para allanar el sendero de su propia vida.
No es la falta de tiempo lo que nos distancia de quienes amamos, sino el egoísmo y la comodidad de pensar que alguien que nos quiere nunca se marchará. Y mientras creemos que siempre estará ahí, continuamos regalándole indiferencia, palabras mudas o desprecios, sin haber aprendido la lección que encierra valorar la presencia de una ausencia.
A veces cometemos el error de creer que esa persona especial permanecerá para siempre a nuestro lado, esperándonos, comprendiendo nuestros silencios y justificando nuestros desplantes, bloqueos o la falta de prioridad que le demostramos. Pero la realidad es muy distinta: el tiempo avanza, las circunstancias cambian y las oportunidades para expresar lo que sentimos no son eternas.
Por eso opino que, antes de lamentar la ausencia de alguien a quien queremos de corazón y no supimos cuidar, aprendamos a valorar su presencia. Antes de echar de menos un abrazo, démoslo. No tiene sentido añorar una conversación, buscad el momento para tenerla, antes de que sea demasiado tarde. Porque hay gente que, cuando se marchan de nuestra vida, dejan un vacío imposible de llenar en nuestro interior. Entonces comprendemos, a destiempo, el lugar que ocupaban en ella y la inmensa huella que dejaron en nuestra alma.
«La seguridad es una gran aliada para alcanzar nuestras metas, pero cuando hablamos de sentimientos no deis nada por sentado. Cuidad, como si fuera una delicada taza de porcelana, a esas personas que forman parte de vuestros sueños, porque algún día podrían convertirse en una ausencia que jamás dejaréis de extrañar»