Amor prohibido que le enamoró,
sin pedir permiso, sin pedir perdón.
Aquella sonrisa que la luna iluminó
lo hizo preso de un amor sin condición.
Solitaria, en el anochecer lloraba;
él, tímido, sus lágrimas calmó.
Besó sus labios en total silencio,
y de pronto el llanto de ella cesó.
Eran dos simples desconocidos
que el destino decidió unir.
Él ignoraba que estaba casada,
y que su alma quería morir.
Sus miradas se cruzaron en el abismo,
sus caricias los hacían nuevamente sentir
que el amor había vuelto a sus vidas,
aunque a nadie querían herir.
Desnudaron sus cuerpos sobre la arena;
las olas del mar deseaban a esa mujer.
Celoso del hombre que la poseía,
el mar la arrastró sin pudor, al revés.
Un amor frustrado por el tiempo,
el mar a ese hombre se llevó.
Ella, enamorada y sin aliento,
su cuerpo a las aguas entregó.
Amor prohibido que a él le enamoró,
juntos entre olas murieron los dos.
Ambas familias lloraban su ausencia:
sus ataúdes desprendían amor.