Las cadenas del corazón
rodeaban sutiles todo su ser,
un candado sin promesas,
una llave oculta por esconder.
Afligido y triste miraba el cielo,
sin preguntas, sin por qué;
no era amor ni desamor,
era el miedo a su vida perder.
Las cadenas del corazón,
temblando, despacio y sin rencor.
Ella no prometió salvarle,
pero con amor borró su dolor.
En el frío de las mañanas,
él no quería luchar más.
Su mirada se hallaba cansada,
con el alma dejó de esperar.
Las cadenas del corazón
una mujer enamorada derrumbó;
iluminó su vida con su sonrisa,
y la comisura de sus labios besó.
Su mirada clavada en la suya
los latidos de él nuevamente despertó;
con dulce voz, en el silencio,
la cerradura firme de su piel abrió.
Las cadenas del corazón
forjaban una cruel prisión sin razón;
los cerrojos de un alma callada
entre sus ruinas, ella, con amor, cuidó.