Te olvidaste de quererla…
como se olvida un sueño al despertar,
como se pierde un suspiro en la bruma,
como se rompe un alma sin mirar.
Ella lo amaba en el sosiego de la noche,
cuando el mundo dormía sin amar,
cuando sus ojos buscaban los suyos
y él solo la quería dañar.
Sus entrañas gritaban en silencio,
unas manos varoniles que olvidar,
dejaban huellas que no eran del viento,
sino cicatrices bajo su piel sin cuidar.
Hablaba sola, abrazada a la almohada,
mientras su voz interior le decía:
«No fue amor lo que te dio ese día,
fue costumbre, fue mentira…»
Sintió un puñal hundirse en el pecho,
no de acero, sino de olvido.
Y aun rota, le siguió amando,
como quien abraza su propio castigo.
Lo amó sin medida, sin miedo, sin voz,
entregó su alma, creyendo en los dos.
Pero sus besos sabían a ausencia,
y su mirada sin pudor dijo adiós.
Sus ojos, vacíos, sin luz ni calor,
reflejaban sombras, negando el amor.
Ella lo amaba con fe y con pasión,
él solo ofrecía su orgullo y rencor.
Fue un amor que no existía,
por quien ella su vida dio:
una mentira disfrazada,
su vestimenta fue la traición.
Te olvidaste de quererla,
de cuidar con ternura su corazón.
Rasgaste sus heridas ya abiertas
por una nueva, fugaz pasión.