Él dejó de pensar en ti,
como el olvido borra un recuerdo.
Aquel anochecer frío e inerte
difuminó el rostro que un día amó.
Ella, herida, se sintió pequeña,
y nunca entendió su cruel adiós.
Cerró despacio las cortinas de su cuarto,
en silencio, rezó una oración a Dios.
Un suspiro envolvió el ambiente;
creyó sentir sus manos otra vez.
Era un sueño real, traicionero,
su corazón volvió sin aviso a doler.
Él dejó de pensar en ti;
su niña un día dejó de insistir.
Una pasión fugaz y ya apagada
le susurró que era hora de partir.
Su marcha fue tenue y silenciosa,
totalmente inesperada en aquel andén.
Decidió curar su alma rota en pedazos,
alejándose sin ningún rencor hacia él.
Voló como una suave paloma blanca,
buscando paz en su bello interior.
Y en la oscuridad de aquel día sombrío
descubrió que ella nunca fue su amor.