MACOTERA: La procesión de las disciplinas

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Semana Santa en Macotera

Estamos en vísperas de Semana Santa. Este año, llega pronto, casi con el inicio de la primavera. Tiempo en que florece la naturaleza toda, y también renace nuestra vida y nuestras tradiciones y costumbres, incluso las desconocidas por nosotros de nuestros antepasados, y que es aleccionador darlas a conocer. Y, al hilo de esto último, quiero, hoy, traeros a colación una palabra, “cantilla” y una procesión, que se celebraba el Jueves Santo, y que se conocía con el nombre de “las disciplinas”.

Ya hemos comentado, en otros ocasiones, la existencia, en Macotera, de la cofradía de la Veracruz, que se fundó, el 19 de marzo de 1574. Una hermandad, que tuvo como Patrón, el Santísimo Cristo de la Capilla. Esta cofradía, además de celebrar las festividades de la Cruz, el 3 de mayo y 14 de septiembre, el Jueves Santo, organizaba una procesión, que se conocía como la de las disciplinas, a las ocho de la tarde, después de los actos litúrgicos propios de ese día.

Los cofrades eran obligados a asistir confesados, descalzos de pies y piernas y con las disciplinas de sangre, su túnica con la espalda descubierta y en riguroso silencio y sin señal, para no ser reconocidos. Si no se hacía así, se los multaba con diez maravedís y media libra de cera. Estaban obligados a disciplinarse todos los cofrades menores de cuarenta años, a no ser que sufriesen algún achaque, que se lo impidiese. Los cofrades de más de cuarenta años se les exigía ir confesados a la procesión, descalzos de pie y pierna, y alumbrados, desde su casa, con un cirio de media libra, y las mujeres podían cumplirla, sin ir descalzas, con una candela encendida según sus

recursos.

Todos los cofrades, el jueves de la cena por la noche, debían acudir al hospital (hoy Ayuntamiento) al segundo toque de campana. a dar cuenta de que estaban confesados, y a confirmar su asistencia a la procesión. Una vez juntos, después de los actos, salían del hospital y se dirigían a la iglesia mayor, y, allí, comenzaba el itinerario procesional, que seguía por la ermita de la Veracruz (el Cristo), la de santa Ana y la de

nuestra Señora de la Encina y, desde aquí, continuaba por donde va la procesión del día del Corpus Christi, hasta volver a la iglesia. Los cofrades y cofradas, que no se disciplinaban, se les recomendaba rezar treinta padrenuestros y treinta avemarías durante la procesión.

Procesionaban el Santísimo Cristo de la Capilla, el Cristo pequeño y el estandarte de la cofradía. Y el cofrade, que se ofrecía a llevar las imágenes y la insignia, debía abonar una cantidad. En 1673, Alonso Bueno entregó una limosna de dos fanegas de trigo por llevar el Santo Cristo de la Capilla la noche del Jueves Santo; quince celemines de trigo, Juan Blázquez de la Fuente, por llevar el Santo Cristo pequeño y otros quince, Francisco Barrios, por portar el estandarte.

Con estas cuatro fanegas y media, se pagaban los gastos de la “cantilla”, que se entregaba a los cofrades después de la procesión, y que consistía en un trozo de pan y un puchero de vino Se curaban las heridas de la flagelación con sebo de negrillo, que se aplicaba con unas esponjas.

La procesión de las “disciplinas” fue prohibida por Ilmo.Sr. Obispo, don Felipe Beltrán, el 25 de marzo de 1777.

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