Llega octubre y el Ayuntamiento de Salamanca vuelve a desplegar su habitual escaparate propagandístico en torno al comercio local: carpas itinerantes en los barrios, campañas promocionales, bolsas de tela con logotipos institucionales y, como traca final, una gala en el Teatro Liceo para entregar reconocimientos, hacerse fotografías y trasladar la imagen de que todo marcha bien. Durante unos días, el comercio ocupa titulares, escenarios y photocalls. Después, las carpas desaparecen, las luces del teatro se apagan y vuelve la realidad: persianas bajadas, locales vacíos, negocios que desaparecen y barrios que pierden actividad. Esa es la contradicción que desde Por Salamanca llevamos tiempo denunciando. El comercio de proximidad no necesita una campaña de seis días. Necesita una política municipal para los 365 días del año.
Chenche Martín Galeano lo resumía recientemente con una frase que debería hacer reflexionar al equipo de Gobierno: “Salamanca se apaga”. Y explicaba que “la realidad de Salamanca no está en los escenarios ni en las fotos institucionales. Está en la calle”. Está en cada negocio que cierra, en cada persiana que deja de levantarse y en cada barrio que pierde un establecimiento que durante décadas formó parte de su vida cotidiana. Porque cada cierre no es solamente un problema empresarial. Es menos empleo, menos actividad, menos servicios, menos seguridad y menos vida en nuestras calles. El ejemplo del Mercado Central resulta especialmente significativo. Hablamos del corazón comercial del casco histórico, un espacio que debería ser una referencia para el comercio de proximidad y el producto local y que, sin embargo, afronta importantes dificultades.
Desde Por Salamanca hemos reclamado medidas concretas para facilitar el acceso de los compradores. En octubre de 2025, Martín Galeano defendió el regreso de las paradas de autobús al entorno del Mercado Central, una reivindicación trasladada por los propios comerciantes, que relacionaban la pérdida de accesibilidad con una reducción de la clientela y de sus ingresos. Y es que un mercado no puede revitalizarse únicamente con discursos. Necesita compradores, accesibilidad, transporte público, aparcamiento y una estrategia comercial que permita que los negocios puedan competir. Tampoco podemos olvidar lo que está ocurriendo en nuestros barrios. Basta recorrer Garrido, Van Dyck, Pizarrales, San Bernardo o el Barrio del Oeste para comprobar cómo el cartel de “Se Alquila” o “Se Traspasa” forma cada vez más parte del paisaje urbano. Por Salamanca ha alertado también sobre la transformación de locales comerciales en apartamentos turísticos y sobre las consecuencias que este fenómeno puede tener para el comercio y para la vida de los barrios.
Como advertía Martín Galeano, “Salamanca se está llenando de apartamentos turísticos y el resultado es claro: menos tiendas, menos vecinos y menos ciudad”. La pregunta que deberíamos hacernos es sencilla: ¿qué modelo de ciudad queremos? ¿Una Salamanca pensada fundamentalmente para el visitante o una ciudad capaz de combinar turismo, residencia, comercio, cultura y servicios de proximidad? No se trata de estar contra el turismo. Se trata de evitar que el éxito turístico termine debilitando precisamente aquello que hace que una ciudad sea atractiva: sus vecinos, sus comercios, sus librerías, sus mercados, sus bares, sus pequeños negocios y sus barrios. Porque una ciudad puede tener magníficos monumentos y estar, al mismo tiempo, vaciándose por dentro. Y el problema tampoco se soluciona organizando más eventos si después quienes deberían beneficiarse de ellos son los grandes ausentes.
Por Salamanca ya denunció que determinadas ferias y mercados municipales contaban con una presencia insuficiente de comerciantes y artesanos salmantinos. Feria del Libro, Feria de Artesanía, Mercado Medieval o Mercado Navideño deberían ser también oportunidades para quienes mantienen abiertas sus empresas durante todo el año. Martín Galeano fue contundente entonces: “Estos datos no son anecdóticos, son síntomas de una política cultural y comercial ajena a las verdaderas necesidades de Salamanca”. La cuestión es de sentido común: cuando una administración organiza una actividad con recursos públicos, debe preguntarse también cuánto de ese esfuerzo revierte realmente en los comerciantes y profesionales de la ciudad. Y lo mismo ocurre cuando se programan eventos que afectan directamente a las calles comerciales.
Desde Por Salamanca se ha cuestionado, por ejemplo, que determinadas actividades y cortes de tráfico coincidan con horarios de máxima actividad comercial. Martín Galeano lo expresó de forma clara: “Salamanca necesita un Ayuntamiento que impulse el comercio local, no que lo frene”. No puede ser que una Administración diseñe una actividad para dinamizar una zona y, al mismo tiempo, provoque dificultades de acceso precisamente a los establecimientos que pretende beneficiar. Tampoco puede ser que la respuesta permanente a los problemas estructurales sea una nueva campaña promocional. No se trata de regalar bolsas de tela. No se trata de llenar durante unos días una plaza de carpas. No se trata de organizar una gala y hacerse una fotografía. Se trata de conseguir que dentro de cinco o diez años sigan existiendo comercios en nuestros barrios. Se trata de facilitar que un emprendedor pueda abrir un negocio sin enfrentarse a una burocracia interminable. Se trata de reducir las barreras administrativas, de estudiar bonificaciones fiscales y tasas municipales para quienes generan empleo, de incentivar la ocupación de locales vacíos, de mejorar el transporte público y la accesibilidad de las zonas comerciales y de diseñar una política urbana que tenga en cuenta el comercio en cada decisión.
Ya en 2023, Martín Galeano planteaba la creación de una “ventanilla única” para facilitar la apertura de negocios y evitar que quienes quieren emprender tengan que enfrentarse a meses de espera para obtener las licencias necesarias. Esa idea sigue siendo perfectamente vigente. Si queremos que haya actividad económica, la Administración no puede convertirse en una barrera añadida. Y hay otra cuestión que tampoco deberíamos pasar por alto: el papel de las asociaciones de comerciantes. Las asociaciones deberían ser la voz de quienes levantan cada mañana la persiana, no una extensión del protocolo institucional. Deben poder exigir, discrepar y reclamar cuando las políticas municipales perjudican a sus asociados. Deben preguntar dónde están las soluciones cuando se cierran negocios, cuando faltan servicios, cuando una calle pierde actividad o cuando un mercado municipal necesita clientes.
El comercio necesita interlocutores independientes capaces de trasladar al Ayuntamiento las dificultades reales del carnicero, del frutero, del librero, del hostelero o del pequeño empresario que cada mes hace auténticos equilibrios para pagar nóminas, alquileres, impuestos y suministros. Porque Salamanca no se “vive” ni se “hace” repartiendo regalos promocionales durante una semana. Salamanca se construye cuando una familia puede mantener abierto su negocio. Cuando un joven puede emprender.
Cuando un vecino encuentra en su barrio una tienda donde comprar. Cuando una librería puede seguir siendo librería y cuando un mercado municipal vuelve a ser un punto de encuentro. Por eso también resulta significativo el posicionamiento de Por Salamanca sobre la cultura y el comercio. En relación con la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, Martín Galeano defendió que “los libreros forman parte de ese comercio de proximidad que aporta personalidad, cultura y vida a nuestra ciudad”. Y añadió una reflexión que va mucho más allá de una feria concreta: “Salamanca necesita un modelo que no entienda la cultura únicamente como espectáculo, sino también como conocimiento, patrimonio, comercio local e identidad”. Esa debería ser la discusión. No si una campaña tiene más o menos carpas. No cuántas fotografías se hacen en una gala. No cuántas bolsas se reparten. La discusión es si estamos construyendo una ciudad en la que sea posible vivir, trabajar, emprender y mantener un negocio abierto. Desde Por Salamanca lo tenemos claro: el comercio local no es un elemento decorativo de la ciudad. Es parte de su identidad, de su economía y de su vida cotidiana. Si dejamos que desaparezca, no perderemos solamente establecimientos. Perderemos calles con actividad, relaciones vecinales, empleo, servicios y una parte de la personalidad de Salamanca. Por eso el Ayuntamiento debe dejar de confundir promoción con política comercial.
Las campañas pueden ser útiles, pero no sustituyen a una estrategia. Las galas pueden generar visibilidad, pero no mantienen abiertas las persianas. Las bolsas pueden ser reutilizables, pero las soluciones también deberían serlo. Los comerciantes de Salamanca no necesitan únicamente reconocimientos. Necesitan que las instituciones escuchen sus problemas y actúen sobre ellos. Necesitan accesibilidad, seguridad, limpieza, aparcamiento, transporte público, menos burocracia, incentivos y una verdadera estrategia para recuperar los locales vacíos. Necesitan que el Mercado Central vuelva a ser un espacio vivo. Necesitan que los barrios formen parte de la política comercial municipal. Y necesitan que cuando una persiana se baja definitivamente no se limite todo a lamentarlo en una nota de prensa. Porque una ciudad comercial no se construye durante seis días. Se construye cada mañana, cuando un comerciante levanta la persiana. Y también se pierde cada vez que esa persiana deja de levantarse.
Chenche Martín Galeano