- Manifiesto del STE de Salamanca que repasa los efectos que ha tenido la crisis sociosanitaria actual sobre las mujeres
Otro Ocho de Marzo, este año marcado por la crisis sanitaria por Covid-19. Llevamos ya un año sufriendo los efectos devastadores de esta pandemia, y desde la Organización de Mujeres de STE-Salamanca queremos dar nuestro punto de vista sobre lo que todo este proceso ha supuesto para las mujeres. Creemos que un sector muy importante de mujeres han sido las grandes perjudicadas en la crisis económica provocada por la situación sanitaria, y seguirán siéndolo cuando salgamos de ella. Tendrán más desempleo porque los sectores más afectados están muy feminizados. Los datos del paro del mes de Febrero lo corrobora: se dispara el paro entre las mujeres.
Las mujeres tenemos grandes dificultades de acceso al mercado laboral y, si lo conseguimos, en muchas ocasiones no podemos llegar a emanciparnos económicamente porque ocupamos trabajos precarios. El patriarcado hace una división sexual del trabajo valorando los más feminizados de manera desigual y con esto nos aboca a la feminización de la pobreza.
Las mujeres accedemos a trabajos peor remunerados, parciales y temporales en un porcentaje mucho mayor que los hombres, tres de cada cuatro de estos contratos son de mujeres. Y desde hace tiempo estamos asistiendo a una feminización de los cuidados, tanto en el ámbito privado como en el social. Nueve de cada diez personas que trabajan en cuidados son mujeres.
¿Y qué ocurre cuando una mujer trabajadora tiene que hacerse cargo de personas dependientes, niñ@s o adult@s? En muchos casos tenemos que abandonar nuestros trabajos o reducir la jornada laboral, hipotecando nuestras futuras pensiones que serán así inferiores a las de los hombres por haber cotizado menos. Así, nuestra mala situación se perpetúa. No podemos tampoco contar con los exiguos recursos a la dependencia.
El 70% del trabajo doméstico y de cuidados en el hogar los realizan las mujeres de forma invisible. Esto hace que no tengamos tiempo, por ejemplo, para formarnos. Y a la mayoría de los hombres “no les interesa” la conciliación familiar y laboral porque prefieren su carrera profesional. La mayor parte de las personas que piden medidas de conciliación son mujeres.
Durante el confinamiento domiciliario, las mujeres que teniendo a su cargo niñ@s, han tenido que teletrabajar, se han visto desbordadas por la cantidad de demandas que tenían a lo largo del día, y de la noche… La gestión del trabajo se ha complicado para ellas de manera exponencial.
Y no podemos olvidar la vergonzante brecha salarial del 22,9% que nos recuerda que aún no hemos conseguido el tan perseguido lema “a igual trabajo, igual salario”.
Para todas estas mujeres no existe el “techo de cristal”… Bastante tienen con mantenerse en pie en el gran “suelo pegajoso” al que el sistema patriarcal las tiene ancladas.
Pero el “techo de cristal” invisible si existe para un porcentaje importante de mujeres que intentan alcanzar metas profesionales a las que les resulta casi imposible acceder. La sociedad también se comporta de manera injusta con ellas. En la universidad empezamos siendo mayoría, pero acabamos siendo invisibles en las capas más altas. El 39,6% del personal docente e investigador son mujeres, pero sólo llegan a ser catedráticas el 20,8%. Sólo 3 de cada 10 puestos directivos están ocupados por mujeres. Las maestras y profesoras tenemos también interiorizada la educación que la sociedad patriarcal nos ha dado ya que, aún siendo mayoría sobre todo en primaria, la mayor parte de los equipos directivos están compuestos por hombres.
Y si no nos gusta esto en lo que nos han convertido, debemos intentar cambiarlo. Y es una injusticia tan grande que nadie puede decirnos que no tenemos razón. Y nadie que pretenda ser justo debería consentirlo.
Hoy no queremos hablar, aunque no las olvidamos, de las 1082 mujeres asesinadas por violencia machista desde que existen los recuentos; hoy queremos centrarnos en lo que podemos hacer para terminar con esta situación, lo que podemos hacer para acabar con este sistema patriarcal que se reviste de igualitario pero que, incluso a nivel legal, no lo es. Y tenemos en nuestras manos un arma muy poderosa para vencer: la educación.
Desde la Organización de Mujeres de STE-Salamanca creemos firmemente en el poder transformador de la educación; y sabemos que para que las relaciones entre hombres y mujeres cambien, debemos eliminar de nuestras enseñanzas todo aquello que pueda discriminar a las mujeres, todo aquello que dañe a las personas. Tenemos que garantizar una educación que fomente los valores de equidad e igualdad social, coeducar en igualdad. Tenemos que asegurarnos que aprendan a pensar por sí mismas, así podrán ser las mujeres las que decidan su futuro, desmontando los estereotipos que la sociedad patriarcal nos sigue inculcando. Tenemos que fomentar que las niñas y adolescentes se empoderen, que no sean sumisas y aguanten, que se revelen. No podemos consentir que sigan interiorizando el papel que esta sociedad se empeña en adjudicarnos. Una “buena educación”, con mayúsculas, es esencial para garantizar que la vida de las mujeres se trasforme, que cambien el mundo y que sellen ese cambio para que no haya retrocesos.
El día 8 de Marzo tenemos que luchar contra las injusticias que provoca en las mujeres la sociedad patriarcal; contra los poderes que consienten, mirando hacia otro lado, cuando las mujeres necesitan salir de esas situaciones; contra una educación que nos inmoviliza y no deja que nos realicemos como personas libres e iguales; contra la hipocresía de los que dicen que están con nosotras pero no emplean los medios a su alcance para acabar con la desigualdad que acarreamos. Es necesario decir basta para demostrar que unidas somos poderosas.