Salamanca: Culta y sucia

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Hace ya bastantes años las Instituciones lanzaban la campaña ‘Salamanca Culta y Limpia’. No me pidan detalles pues un servidor, ya con la suficiente edad para ser bastante gruñón, era entonces adolescente y tenía en la cabeza otras cosas más importantes y propias de esa edad. Pero todos lo identificamos con convertir o hacer un referente de la ciudad no sólo en cuanto a la Cultura, que ya lo era y lo ha sido siempre, sino también en cuanto a dar una imagen de limpieza. Vamos, invitarnos a los ciudadanos a ser más limpios. De hecho, cíclicamente salen estudios de la ciudad más limpia de España y todas esas ‘mandangadas’ que hacen que tratemos de reflejarnos o imitar a los que encabezan el ranking citado.

Sin embargo, y si en el tema de Cultura seguimos más o menos en posiciones decentes, lo de la limpieza nos cuesta un poquito más. Quizá es que en Salamanca seamos un poco (o muy) ‘marranos’ y no tengamos remedio. Quizá sea que un servidor o viaja poco o es demasiado exigente, pero cada vez uno se cruza a diario con más mierda. Porque ya se mezcla la mierda diaria con la mierda del fin de semana, con la de los botellones, con las de las celebraciones multitudinarias en la Plaza Mayor cuando nos acercamos al periodo navideño, “etecé, etecé, etecé”.

Sea como fuere, a un servidor, al menos, le parece una auténtica indecencia, pero sobre todo una guarrería. Y cuando empecé a desarrollar mentalmente este artículo la semana pasada, no quería ser escatológico, pero es que no tengo más remedio, pues la náusea está presente durante toda la redacción y los recuerdos desagradables también. Hace tres o cuatro semanas, servidor llegaba a su casa. Un fuerte hedor nos acompañaba, pero no encontrábamos el origen hasta que después de un rato observamos un pedazo de lo que después descubrimos era una ‘caca’ de perro, en la entrada. Enseguida, como pueden imaginar, nos dirigimos a la suela de nuestras zapatillas y allí estaba la prueba, la desagradable prueba de que hay mucho cerdo por ahí, y no ibérico, sino cerdo de guarro, de los asquerosos, de los que no sólo no piensan en los damnificados, sino que hacen un daño inmenso a los que se supone iguales a ellos.

Me refiero a algunos dueños de perro que no tienen escrúpulos en dejar un recuerdo en una acera por donde pasan los salmantinos de bien o en un parque donde puede jugar cualquier niño (lo digo con conocimiento porque la casa de un servidor está flanqueada por una zona verde y por una zona de campo. Apenas diez metros separan una de otra, pero la mayoría de los dueños prefieren que sus ‘perritos’ retocen en el césped (alumbrado por varias señales de prohibido perros) que en un sitio que, si no habilitado para tal fin, sí entendemos todos que utilicen para que sus canes realicen sus funciones fisiológicas.

Para prueba acompaño el texto de fotografías tomadas la pasada semana en una céntrica calle de la ciudad, en la calle Isidro Segovia. Un servidor sale del coche y se encuentra con las caquitas, pero a medida que vamos avanzando por la carrera observamos cómo todos los garajes e, incluso, portales se encuentran flanqueados y deteriorados por el pis de los perros de los vecinos. Entiendo que a ellos, los propietarios de los perros, no les importará, pero a un servidor le parece una auténtica cerdada y nada acorde con la ciudad que a uno le gustaría. Pero me desagrada especialmente porque considero que con un mínimo esfuerzo es fácilmente evitable y se fomentará la convivencia.

Desconozco las ordenanzas municipales al respecto, pero entiendo que contemplarán o al menos deberían contemplar sanciones económicas para estas personas que hacen que nuestra querida ciudad sea cada vez más sucia e incívica. Entiendo que si no son efectivas deberían ser más fuertes y entiendo que los responsables de la seguridad ciudadana deberían empezar a atender también a este aspecto. A lo mejor la ciudad debe dar mejores soluciones a los propietarios de perros para que estos puedan realizar sus necesidades en lugares reservados a ellos. Sinceramente no es lo que más me preocupa. Me preocupa ver a mi ciudad convertida en un recipiente lleno de mierda, porque no son casos aislados los que le refiero. Basta darse un paseo, sobre todo por zonas menos céntricas para observar que hay ciudadanos con muy mala leche o muy cerdos. Y eso que no he querido entrar con los vecinos que dejan solos a sus perros con la molestia que ello supone para los que viven al lado que tienen que soportar los arañazos en las puertas de los canes, sus ladridos y sus llantos, interfiriendo en sus estudios o en sus quehaceres diarios.

Creo que no es difícil de vez en cuando hacer una apuesta por una Salamanca Culta y limpia o, si se hace, creo que se puede hacer todavía más. No voy a entrar en si son los perros o los dueños y, no voy a decir lo que yo haría porque tengo la buena costumbre de contar hasta diez de vez en cuando, pero sí les confieso que es de las cosas que de peor leche me ponen porque estoy seguro que hay numerosas personas que apuestan a diario por mantener una conducta cívica y solidaria cuidando a sus perros como merecen y no molestando al resto de la ciudadanía.

Sí entraré en evitar que la solución sea llenar las papeleras de bolsas con cacas de perro que, en ocasiones, transmiten un olor bastante desagradable. Así que, desde aquí insto a quien corresponda a que dé una vuelta al asunto y convierta a esta Salamanca Culta y Sucia en una ciudad saludable donde las personas con y sin perro puedan convivir en paz, harmonía y… limpieza, que no creo sea tan difícil.

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