ALBA DE TORMES: Castillo-Palacio de los Duques de Alba

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Alba de Tormes - Castillo-Palacio de Duques de Alba

Este castillo realizado entre los siglos XV y XVIII fue residencia y cabeza de señorío de la familia Álvarez de Toledo. Las excavaciones arqueológicas realizadas permiten hacerse una idea de la relevancia social y política del lugar. Tanto los restos de muros que se conservan como el sustrato de pizarra de este yacimiento arqueológico son muy frágiles. Algunos elementos arquitectónicos se han protegido con una capa de grava.

Fernando II, durante su reinado mandó construir una torre de vigilancia que Sancho IV amplió. De esta cosntucción no queda nada. El actual castillo, asentado sobre la torre anteriormente mencionada, se comenzó a construir sobre 1430 y se concluyó en el siglo XVI. Iniciado por don Gutierre Álvarez de Toledo, primer señor de Alba de Tormes siendo desde el momento de su construcción residencia de los Duques de Alba. En 1448, Juan II confisca el castillo siendo durante nueve años propiedad real hasta su devolución por parte de Enrique IV de Castilla. Con don García Álvarez de Toledo se inician las principales obras de acondicionamiento del castillo. En su construcción trabajarón artistas como Juan Carrera, Enrique Egas o Juan Guas.

La sobriedad de los severos muros de la Torre del Homenaje, contrasta con la grandeza de su interior, donde la Sala de la Armería muestra excepcionales frescos renacentistas realizados por el italiano Cristóbal Passini. A consecuencia de la Guerra de la Independencia tan sólo se conserva la Torre de la Armería y sus frescos renacentistas aunque la sala baja alberga una interesante exposición de restos arqueológicos del propio castillo entre las que destaca el busto de mármol del Gran Duque realizado por Pompeyo Leoni.

El castillo de los Duques de Alba recibió la visita de las personas más influyentes de su época; gobernantes, literatos y artistas dejaron testimonio de su estancia. El poeta Garcilaso lo describió con estos versos:

Levántase al fin della una ladera,
con proporción graciosa en la altura,
que sojuzga la vega y la ribera;

allí está sobre puesta la espesura
de las hermosas torres, levantadas
al cielo con extraña hermosura,

(Garcilaso de la Vega, Égloga II)

En el siglo XV la entrada se produciría en un lugar cercano a la torre del homenaje, que en este castillo se llama Torre de la Armería. Ésta era la entrada a la liza o corredor de seguridad que rodeaba el perímetro de la fortificación. El visitante se veía obligado a avanzar por la liza hasta el lienzo opuesto de muralla por donde entraría al castillo.

Podemos hacernos una idea del castillo-palacio en todo su esplendor en el grabado de la vista de Alba de Tormes que realiza Anton der Wyngaerde en el siglo XVI.

Esta torre de aspecto inexpugnable y estructura cilíndrica lleva plantada aquí desde que el obispo Gutierre Álvarez de Toledo recibió la localidad en recompensa a los servicios prestados por su familia. Casi de inmediato se aplicó en construir aquí una poderosa fortaleza que le permitiera gobernar con independencia sus nuevos territorios
y cuyo resto más significativo en la actualidad es la torre que ves: una auténtica caja fuerte construida para durar y aguantar dentro de ella lo que hiciera falta. Se alza sobre la parte más elevada de Alba dominando con largueza el valle del Tormes. De hecho, las vistas que se ofrecen desde lo alto son uno de los principales atractivos de su
visita.

Con el paso de los años, las siguientes generaciones no perdieron la oportunidad de ampliar, cambiar o mejorar las dependencias de aquel castillo que, poco a poco, se fue transformando en palacio. Sin embargo, fue el III Duque, Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, quien dio el empujón definitivo para que acabara convertido en un
auténtico palacio renacentista, sede de una corte que profesaba el mecenazgo, con gran interés por las artes y las letras. De su mano el edificio se engalana con los mejores mármoles, pinturas y tapices mientras que por sus salas desfilan notables figuras del Siglo de Oro. Ejemplo de ello son los magníficos frescos renacentistas que adornan
su sala de la Armería, una de las pocas muestras de este estilo que pueden verse en España. Fueron pintados por Cristóbal Passin y su hermano Juan Bautista entre 1567 y 1571.

Durante la Guerra de Independencia se acantonaron en el castillo las tropas francesas y lo desmantelaron, quedando en al actualidad solamente una de las seis torres que llegó a tener, este hecho motiva que sea conocido como El Torreón. El brigadier español Julián Sánchez decidió quemarlo, tras tomar la plaza en 1812, para que el enemigo no volviera a hacerse fuerte en el lugar; el abandono posterior y los distintos expolios convirtieron los restos en un montón de escombros cubiertos de maleza del que solo sobresalía el torreón de la Armería. Antes de su desmantelamiento el castillo sufrió los efectos del terremoto de Lisboa, cuyas secuelas pueden apreciarse en las grietas que conserva el Torreón.

En 1991 la Casa de Alba cedía el Castillo al Ayuntamiento de Alba de Tormes para su uso turístico. La planta baja se ha convertido en un museo con los restos de bustos, cerámicas y monedas de la época; mientras en la primera planta se pueden observar los frescos renacentistas sobre la Batalla de Mühlberg y documentos medievales. En su parte superior se ha habilitado un museo que acoge la muestra permanente ‘Fernando Álvarez de Toledo, la forja de un linaje’.

La entrada al palacio del siglo XVI

La entrada es el lugar del edificio que mayor número de modificaciones experimentó en la época del ascenso del linaje de la Casa de Alba. La portada se ha rehecho hasta tres veces por los sucesivos Duques, adquiriendo un inusual espesor. Solo quedan en pie unos pocos restos de la base de la rica fachada que describiera Antonio Ponz en el siglo XVIII:

La portada del palacio tiene también infinidad de estas labores (caprichosas) con similitud a las de la portada principal de la Universidad de Salamanca…

La portada, tal y como vemos en el grabado de Pérez de Villaamil, tenía dos niveles de galerías desde los que se podrían contemplar las justas que se celebraban en la explanada. Antonio Ponz la describe de esta manera:

Se entra en una pequeña galería, correspondiente a un balcón de dicha portada y se ve adornada con pinturas de animalillos, medallas y lo demás que llaman de grotesco…

A su izquierda se encontraba la llamada Torre Dorada:

Desde esta pieza hay comunicación a otra redonda en el hueco de una de las torres de la portada, especie de gabinete, o tocador, toda pintada al fresco como la antecedente, y del mismo género de ornatos con su cupulilla dorada.

Antonio Ponz, 1788

La Torre del Homenaje

El Castillo de los Duques de Alba es una fortaleza que se remonta al siglo XII cuando el rey Fernando II de León hizo construir una simple atalaya. En el siglo XIII, el rey Sancho IV de Castilla convirtió la primitiva torre en un castillo. Fue devastado por las contiendas de la época del rey Enrique IV de Castilla y por la de las Comunidades, pero posteriormente el I duque de Alba de Tormes, García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo, lo reconstruyó y lo convirtió en su palacio privado, siendo propiedad de la Casa de Alba hasta la actualidad aunque se conserva tan solo la Torre del Homenaje de las seis que llegó a tener.

En su interior se pueden visitar varias salas, como la que acoge las pinturas murales de la batalla de Mühlberg y a través de la escalera del contrafuerte subir al mirador. En el exterior se encuentran las ruinas correspondientes a las excavaciones arqueológicas iniciadas en 1991 que han puesto de manifiesto el esplendor del que gozó en una época pasada.

Previo a la construcción del Castillo de los Duques de Alba, cuyo resquicio a través de los siglos ha sido la Torre del Homenaje, se encontraba en Alba de Tormes una construcción llamada Alcázar. En dicho monumento solía residir la señora de la villa, Beatriz de Portugal, condesa de Arundel. Varios documentos confirman la existencia de esta residencia e incluso hoy puede corroborarse mediante el nombre de alguna de las calles de la villa, como pudiera ser la calle “Bajada al Alcázar”, junto con los restos de la muralla que aún se conserva. Bien es cierto que algunos historiadores han confundido este Alcázar con el Castillo de los Duques, pero no sería hasta 1426 cuando el término castillo de Alba figuró por primera vez en un documento firmado por el rey Juan II de Navarra.

El I señor de Alba de Tormes, Gutierrez Álvarez de Toledo, perteneciente a la Casa de Alba y el linaje más importante de los siglos XV y XVI, nada más tomar posesión, mandó construir una fortaleza que le sirvió de residencia en la parte más elevada de la villa. En 1448, el rey Juan II de Castilla aguardó bajo su propiedad el castillo durante nueve años. El traspaso del castillo fue realizado por parte del rey Enrique IV de Castilla, el Impotente, quien le otorgó la propiedad a García Álvarez de Toledo y Carrillo de Toledo, II conde y luego I duque de Alba de Tormes.

El castillo alcanzará su máximo esplendor con Don Fernando Alvarez de Toledo, lll Duque de Alba, el más ilustre de su linaje y llamado el Gran Duque por ser un gran estratega militar. Transformará el castillo en un palacio renacentista, llegando a ser uno de los más suntuosos de España.

Los Duques de Alba fueron grandes mecenas y aquí se alojaron personajes ilustres como Boscán, Juan del Enzina, Garcilaso de la Vega, Calderón de la Barca y grandes místicos como santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz, llegando a ser cuna del teatro español. Durante la guerra de la independencia fue tomado por las tropas de Napoleón. A su retirada en 1 81 2 destruyen parte del Castillo y posteriormente será Julián Sánchez el Charro quien lo acabe devastando definitivamente como estrategia militar para evitar un nuevo ataque de los franceses y se inicia un lento proceso de ruina, utilizándose como cantera para nuevas construcciones. Está declarado Bien de Interés Cultural desde el 22 de abril de 1949.

Recién bajo el ducado de D. Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, III duque de Alba o el Gran Duque de Alba, éste mandó construir una torre de vigilancia. Fernando engalanó la obra arquitectónica con los mejores mármoles, pinturas y tapices, y fue en esta época en la que también fueron realizados los frescos del Salón de la Armería. El castillo fue desde el momento de su construcción, concluida en el siglo XVI, residencia de los Alba. A mediados de ese siglo, la sobriedad de los severos muros de la Torre contrastó con la grandeza de su interior, donde la Sala de la Armería muestra los frescos renacentistas sobre la Batalla de Mühlberg. El castillo tomó aires palaciegos, convirtiéndose en uno de los más importantes de la geografía de España. Sus salas fueron escenario de representaciones de las primeras obras de Juan del Encina y sus muros alojaron figuras tan ilustres como Lope de Vega, Calderón de la Barca, Garcilaso de la Vega o al rey Fernando el Católico.

La Torre del Homenaje posee dos entradas por las cuales se puede acceder a las distintas salas, la entrada principal da paso a la Sala Museo. En ella se expone una interesante colección de objetos encontrados en las excavaciones arqueológicas como un medallón de mármol de Carrara y un peto de hierro del siglo XVI. En su tiempo esta sala fue Salón de Armería donde los Duques guardaban los trofeos ganados y sus armas mas preciadas.

En medio de la sala se ubica una escalera por la cual se accede a la Sala de los Frescos. Aquí se realizaban obras de teatro y en ella Juan del Enzina represento su primera obra de teatro “Villancico de la toma de Granada“, llegando a ser considerado el Castillo de los Duques de Alba cuna del teatro español.

Esta sala acoge un conjunto de pinturas históricas al fresco realizadas por el italiano Cristobal Passini entre 1567 y 1571. En la bóveda, coronada por el escudo de los Alvares de Toledo, se aprecian distintas escenas alegóricas y la fragua de la coraza del Gran duque de Alba.

En las paredes se representan tres escenas de la famosa batalla de Mühlberg (Alemania) entre las tropas del emperador Carlos V al mando del Gran Duque de Alba como General de los ejércitos y los protestantes dirigidos por el Duque de Sajonia, en ellas podemos ver el paso por el rio Elba, la lucha contra los protestantes y la entrega a Carlos V del Duque de Sajonia vencido por las tropas imperiales españolas.

Bajamos de nuevo a la anterior sala para salir de la torre del homenaje y dirigirnos por una pasarela de madera a la puerta de entrada situada en el contrafuerte de la torre para visitar la sala donde se ubica una exposición de Castillos y Murallas en el occidente de Castilla y Leon.

Esta exposición ofrece cumplida informacion sobre los castillos de la comunidad, articulada en alidea de los castillos y su relaciona con las fronteras, físicas o perceptivas, a lo largo de la historia.

Desde aquí podemos acceder a través de una escalera interior en el contrafuerte a lo que es el Mirador de la torre.

En el mirador el visitante puede disfrutar, como asi hicimos nosotros, de una vistas privilegiadas panorámicas de la villa de Alba, de la ribera del rio Tormes y de las ruinas del castillo donde se han realizado diversas excavaciones arqueológicas.

Las excavaciones arqueológicas comenzaron en 1991 y el proyecto final de esos trabajos ha sido sacar los cimientos del castillo-palacio, enterrados durante muchos años, donde se puede observar el perímetro correspondiente a su ultima etapa de ocupación. El patio de armas se ha decorado con un ajedrezado de plantas aromáticas, dejando al descubierto el aljibe, deposito destinado a guardar el agua de la lluvia.

La Torre del Homenaje fue el inicio de la construcción del Castillo en el siglo XV, por Don Gutierrez Álvarez de Toledo,  primer Señor de Alba, a quien Juan ll de Castilla dona la Villa de Alba en el año 1429, comenzando en ese momento el linaje más importante de los siglos XV y XVI, la Casa de Alba.

 

El patio y el aljibe

El palacio se convirtió a través de su arquitectura y su decoración en un elemento de identificación familiar con una enorme carga simbólica. Conservamos descripciones que hablan de la monumentalidad del patio y sus galerías.

En el patio central hay galería alta y baja, con catorce arcos cada una, y columnas caprichosas en la alta, figurando como cuerdas retorcidas entre istrias espirales desde la base al capitel. Las columnas de la galería baja son regulares pero con capiteles también caprichosos…

Antonio Ponz, 1788

Por la escalera señorial se subía a los corredores superiores, que tenían artesonados de madera. Desde allí se accedía a las salas principales decoradas con pinturas al fresco y zócales de azulejos. Sabemos que el palacio contaba también con capilla de música, biblioteca o “studiolo”, camarines privados, salón para representaciones teatrales, caballerizas…

En el centro del patio se excavó el aljibe para recoger y almacenar el agua de lluvia. Es posible que la excavación se aprovechara como cantera para obtener materiales de construcción para el castillo. Tras el corte de la roca vemos el aljibe, excavado en la pizarra – de planta cuadrada. Conserva los arranques de la bóveda y restos del revestimiento de mortero de cal. Tenía aproximadamente 10 metros de profundidad.

El aljibe no era visible en superficie, quedaba por debajo del pavimento de losas de granito. El agua se extraía a través del brocal del pozo que estaba en el centro del patio.

Se tienen registradas otras dos cisternas subterráneas de menor capacidad dentro del recinto fortificado, en las que la recogida de aguas se canalizaba desde los tejados a través de cañerías. Así mismo, contamos con numerosas atarjeas o canalizaciones talladas en la roca y tapadas con lastras de pizarra, destinadas a evacuar las aguas hacia el exterior, que completan el complejo sistema hidráulico del castillo.

La liza

El conjunto tenía varios recintos de seguridad. Todavía son visibles en la calle que conduce al castillo, junto al puente, los restos de una de las torres de defensa del perímetro exterior -que llegaba hasta el río.

La liza era el último de estos espacios que lo protegían. Estaba conformada por un muro de menor altura que el del castillo – que discurría en paralelo. Se accedía a la liza por una puerta situada junto a la torre de la Armería, que era el punto mejor defendido por su mayor altura, y sin embargo el acceso al interior se producía en un punto distante, si no el más alejado, obligando a rodear defensas y bastiones.

Cuando en el siglo XVI las necesidades defensivas disminuyeron notablemente, el castillo perdió esta estructura para ganar en monumentalidad y poder enseñar con mayor perspectiva su portada, tal y como vemos en el grabado de Gustave Doré. Pero no se demolió el muro de la liza por completo. El espacio que rodea la torre rectangular pasó de tener una función militar a un uso completamente distinto: patio de servicio. Para ello hubo que cerrar el corredor con un muro que, al no tener una función defensiva, se construyó de menor espesor que el de la liza.

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