BÉJAR – Iglesia de El Salvador

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El origen más remoto de este templo es una iglesia sencilla levantada en el siglo XIII, en el exterior del recinto amurallado, justo en el espacio que, tras la ampliación de aquel, acabó convertido en el corazón de la ciudad: la plaza Mayor.

Como corresponde a aquel momento, conserva algunos rasgos propios del estilo tardorrománico peninsular, que aún pueden verse en el ábside, las dos portadas y los primeros cuerpos de la torre, que pertenecen al primitivo  templo románico. En el siglo XVI se acometieron importantes reformas y ampliaciones, pero su aspecto actual se debe, sobre todo, a la reconstrucción llevada a cabo tras un incendio acaecido en 1936. El fuego arrasó con todo el mobiliario y la imaginería que albergaba, incluido un retablo de 1612, obra del escultor Esteban Fernández.

Se sabe que a lo largo de la Edad Media existieron en Béjar tres conventos: uno de monjes franciscanos, otro de monjas isabeles y otro del que solo se sabe que desapareció en 1541. Durante ese periodo contó, sin embargo, con hasta diez iglesias parroquiales, la mayoría repartidas por el exterior del recinto amurallado, algo común en núcleos de repoblación y que responde a las necesidades de identidad, de culto y de organización de las diferentes comunidades que habitaban cada uno de los barrios en sus primeros tiempos.

La necesidad de reagrupar población y esfuerzos fue reduciendo aquel reguero de pequeños templos a la vez que, tras las sucesivas ampliaciones de la muralla realizadas con el paso de los siglos, acabaron quedando integrados en su interior. Al cabo del tiempo, los cinco templos conservados total o parcialmente en  Béjar son los de Santiago, Santa María la Mayor, El Salvador, San Gil y San Juan.

Arquitectura

De la pequeña iglesia tardorrománica de la época de la repoblación y a extramuros del primer recinto amurallado se conserva el majestuoso ábside, las dos portadas, la fuente bautismal y dos arcosolios reutilizados en el muro de la nace de la Epístola como ventanales. Bajo uno de los arcos y empotrado en el muro, se colocó una losa sepulcral medieval (ss. XIV-XV) con el dibujo inciso de una mujer yacente que, según Majada Neila, perteneció a Doña Gila.

En los siglos XVI y XVII se lleva a cabo una ampliación de la iglesia. Hay que destacar la pericia del maestro de cantería Diego de Torres para configurar un cuerpo de tres naves con una economía de medios. Volteando dos arcos de enorme luz paralelos al eje de la iglesia  en el espacio que media entre la cabecera y los pies del templo, consiguió tres naves, resultando así una iglesia más diáfana, con una fluidez lumínica mucho más regular. Las obras continuaron por el sotocoro y la tribuna hasta mediados del siglo XVII. La planta de sotocoro es muy irregular porque se tuvo que acondicionar a construcciones previas como es el caso de la torre. Se construyó una nueva capilla bautismal -espacio en bóveda de horno o de cuarto de esfera construido sobre 1622-1625- donde se colocó la fuente bautismal románica. En esta fuente bautismal recibió el santo Bautismo el Beato Nicolás de la Torre Merino el día 4 de marzo de 1892. Fue beatificado por S.S. Benedicto XVI el día 28 de octubre de 2007 en Roma.

Durante el siglo XVIII se decora el interior del templo con ornamentación barroca, según el gusto del momento; coincidiendo con el apogeo de la pequeña burguesía local textil y del esplendor artístico de la Salamanca de setecientos. Numerosos altares, retablos, rejerías, pinturas y estatuas cubren por doquier los muros de la iglesia. Es la imagen de la iglesia triunfante que sobrecoge al fiel y que llega a su culmen en la capilla mayor, donde un monumental retablo del escultor Miguel Martínez y del ensamblador Francisco Montero, centraba el complejo programa decorativo, completado con tallas diversas, yeserías y frescos hasta cubrir completamente la capilla mayor, el presbiterio y el arco triunfal, empleando para ello diversidad de técnicas y materiales. Este suntuoso presbiterio fue testigo en 1664 la consagración episcopal de Fray Pedro de Godoy O.P., Obispo de Osma, catedrático de prima en la Universidad de Salamanca, nacido en Aldeanueva de Vera (Cáceres).

El tesoro parroquial también se renovó con piezas procedentes de los centros plateros más importantes del país: Córdoba, Salamanca y Madrid. Las principales obras (cálices, custodias, centros, vinajeras, …) se encargaban a plateros de renombre como Antonio Román y Bernardo Noscriba Espinosa. La custodia que procesiona en el Corpus Christi -declarada de Interés Turístico Nacional en 2011- es de procedencia salmantina ecléctica del segundo tercio del siglo XIX, con el templete alcanza casi los dos metros de altura.

Sin sufrir en exceso los desmanes de la ocupación francesa y de la Guerra de Independencia y, siendo una de las iglesias de mayor rango artístico de Béjar y su comarca, cruza el umbral del siglo XX hasta la noche del 19 al 20 de febrero de 1936. En esta fecha la iglesia es incendiada. Todo lo que no es combustible arde pasto de las llamas; desde el entarimado hasta el artesonado, incluido todo el mobiliario litúrgico y buena parte de su rico archivo parroquial. Sólo quedaron en pie los recios muros de granito calcinados (obsérvese el color rojizo del muro izquierdo del ábside).

La reconstrucción se llevó a cabo en 1941 con soluciones donde primaba lo funcional. El techo del cuerpo de naves se cerró con un simple cielo raso y las naves se separaron con unas arquerías de tres formeros, levantándose sobre las laterales unas espaciosas tribunas que dan a la central con tres amplios arcos de medio punto cada una. La capilla mayor se vació por completo, incluida la arquitectura del lucillo sepulcral del capitán Bolaños, que había sobrevivido al incendio. Un pobre retablo de terrazo -que costó en 1940 34.000 pesetas- presidía la nueva imagen de la cabecera. De la rehabilitación de la iglesia resultó una nueva convicción espacial de la construcción, aunque paradójicamente el ambiente creado se aproxima al de los templos románicos, coincidiendo con la rehabilitación de la cabecera medieval.

La diversidad de espacios y de gradaciones de su tenue luminosidad (reducida aún más por el filtro de las vidrieras de colores), incitan al silencio, a la oración y a la meditación personal del fiel.

Desde el año 2007 -con motivo de la beatificación de Madre Matilde del Sagrado Corazón (2004), fundadora de las Hijas de María Madre de la Iglesia; y de Don Nicolás de la Torre Merino (2007), los dos de esta feligresía de El Salvador- se están acometiendo diversas obras de acondicionamiento y embellecimiento. Destacamos el nuevo enlosado del suelo -de barro cocido artesanal-, las yeserías del techo, y el aprovechamiento del espacio de las tribunas en distintas dependencias (salas de catequesis, salón de actos, etc.). Otras intervenciones han ido encaminadas a la recuperación y mejora de su patrimonio artístico. Uno de los aciertos ha sido la reintegración de la pila bautismal a su capilla de origen. También se ha recuperado el púlpito, pieza cuya obra de cantería es de la segunda mitad del XVI, con talla decorativa del momento a base de serafines y escudos apergaminados.

La limpieza interior de la capilla mayor ha servido para realzar esta parte de la iglesia, obra medieval típica del tardorrománico castellano, caracterizada por el empleo de arcos apuntados en el presbiterio. Estas labores han posibilitado el redescubrimiento del vano saetera que linda con la sacristía, uno de los tres con los que contó la capilla mayor originalmente. Finalizadas las obras de rehabilitación la iglesia fue solemnemente dedicada a su altar consagrado el día 5 de julio de 2009 por Mons. Amadeo Rodríguez Magro, Obispo de Plasencia.

Escultura

De finales del siglo XVI subsiste uno de los dos lucillos sepulcrales de los que contó la iglesia. El que se conserva pertenece a Juan Núñez, y se abre en el muro de la nave del Evangelio. Es de estructura adintelada, con un  basamento sobre el que se alzan columnas de orden corintio bajo un frontón rematado en su ápice y en sus limas con bolas. Esta estructura acoge la caja funeraria con las inscripciones, y sobre ésta, las armas del difunto en un escudo oval bajo yelmo y entre tornapuntas. Las decoraciones geometrizantes son al gusto manierista. En la costanera septentrional del presbiterio queda la huella de un lucillo muy similar a los Núñez, que perteneció a Juan de Bolaños, capitán de los tercios de Felipe II, fallecido en 1585. Se perdió también en el incendio la estatua orante del mismo, que seguía la moda y disposición de las de la familia real en la Basílica de El Escorial.

El interior de la iglesia muestra una interesante colección de imágenes siglo XX. Son de destacar las imágenes de la Virgen de la Salud y de san Antonio de Padua, entrañables devociones de la feligresía, obras en madera policromada del bejarano Eloy Hernández,  copias de las destruidas en el referido incendio. A estas se le añaden la de El Salvador, de 1942 -titular de esta iglesia parroquial; la Dolorosa, obra de Granda dentro del retablo de la nave del Evangelio; y Jesús de las Victorias en la capilla de la entrada, obra también del bejarano González Macías en 1957.

Las vidrieras que se pueden contemplar pertenecen también al periodo de la reconstrucción, destacan por su perfección de formas las dos de los nichos sepulcrales en la capilla del Sacramento. El alto coro es iluminado por una gigantesca vidriera representando a Cristo Sacerdote. Todas ellas son donaciones de los feligreses.

Ropa litúrgica.  Sugestivos ternos muestra la fábrica del Salvador, de los varios colores litúrgicos. Cabe destacar también algunos frontales de la mesa del altar mayor del desaparecido retablo. Todo ello forma parte de la exposición permanente en el Museo de Arte Sacro de la Iglesia de Santiago, vulgo la Antigua de nuestra ciudad.

Capítulo aparte merece el importante legado histórico que se conserva en el  archivo parroquial, entre los que cabe destacar diplomas auténticos del s. XIII, pergaminos del XIV o códices del XV, a pesar de la gran cantidad destruida en el mencionado incendio.