CIUDAD RODRIGO: Catedral de Santa María

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La Catedral de Santa María es la sede de la diócesis de Ciudad Rodrigo y fue construida entre el Siglo XII y el siglo XIV, promovida por los reyes leoneses y castellano-leoneses. Pertenece al llamado «grupo de Salamanca«, junto con la Catedral Vieja, la Catedral de Zamora y la Colegiata de Toro. Su estilo se ha tildado de románico de transición, habiendo autores que aseguran que es el primer ejemplo del gótico castellano.

Recibe su nombre por estar dedicada a Santa María, las obras comenzaron en 1168 bajo el reinado de Fernando II, como resultado final tiene elementos tanto góticos como románicos al ser una obra de transición entre ambos estilos, pero al prolongarse su construcción hasta el Siglo XVI se incluyeron elementos de otros estilos.

La Iglesia

La iglesia es de Cruz latina con tres ábsides y tres naves, las ventanas son góticas en la nave central pero en las laterales son románicas. Del interior de la iglesia hay múltiples manifestaciones artísticas como la de la capilla central donde hay una bóveda estrellada obra de Rodrigo Gil de Hontañón.

En la puerta exterior conocida como Puerta de las Cadenas hay dos grupos de estatuas, el primer grupo representa a Cristo en el centro flanqueado por cuatro apóstoles, encima de estos se encuentra un segundo grupo de doce estatuas que representa a diversos patriarcas y profetas.

En el interior de la fachada occidental se encuentra el Pórtico del Perdón que mezcla los elementos románicos y góticos destacando sobre todo la imagen de la virgen con el niño.

Otro de los atractivos de la catedral es la sillería del coro, obra de Rodrigo Alemán a finales del Siglo XV siguiendo el estilo gótico hispano-flamenco, en el que la silla del obispo se distingue al estar representado San Pedro. Respecto la iconografía, se muestran representaciones fantásticas de hombres y animales, e incluso los vicios y pecados de los hombres.

El claustro en su primera fase fue construido por Benito Sánchez, quien esta enterrado en la propia catedral y es considerado el primer arquitecto de la catedral, durante el siglo XIV. La segunda fase data del siglo XVI obra de Pedro Güemes, destacando una vez más su iconografía que representa la lucha entre hombres y fieras, las cuales simbolizan la lucha entre el bien y el mal, también se puede apreciar a Cristo instituyendo la eucaristía e incluso al héroe mesopotámico Gilgames.

La Torrre de la Catedral se Construyó en 1769 tras ser destruida la original debido al Terremoto de Lisboa de 1755.

El retablo de la catedral se encuentra en la Universidad de Arizona (Tucson, Arizona, Estados Unidos).

En la catedral se conserva la única imagen de San Francisco de Asís realizada en vida del santo.

Las capillas

Capilla mayor

La actual capilla mayor fue levantada por el arquitecto de la Catedral de Salamanca Rodrigo Gil de Hontañón en tiempos del obispo Tavera (que llegaría a ser Cardenal), cuyas armas ostenta la fachada de la construcción. Albergó un magnífico retablo, obra de Fernando Gallego, hoy en la Universidad de Tucson, en Arizona, que presidía una hermosa imagen de la Virgen con niño, en alabastro, hoy en la Capilla del Santísimo. En la actualidad, tras perder el segundo retablo -de plata- durante la Guerra de la Independencia, la capilla está ornamentada con cuadros barrocos de San Sebastián y San Jerónimo penitente, una Asunción de Juan Pascual de Mena procedente del Monasterio de Santa María de la Caridad a las afueras de la ciudad, San Pedro y San Pablo, probablemente también de Mena y que presidían la entrada al coro catedralicio y la cátedra del obispo, amén de otros cuadros de menor interés. Fue desprovista de sus rejas para adaptarla a la liturgia exigida por el Concilio Vaticano II en tiempos del obispo Demetrio Mansilla Reoyo y trasladadas a la Capilla del Pilar.

Capilla del Cristo de Oriente

Absidiolo románico del lado de la epístola. Primera capilla funeraria de la nobiliaria familia de los Pacheco. Varios monumentos funerarios.

Capilla de la Virgen de la Faja

Absidiolo románico del lado del evangelio. Antigua capilla funeraria de los Garci-López de Chaves. Hoy con retablo barroco que alberga un lienzo de La virgen de la Faja (o Virgen de Belén) procedente del Seminario diocesano, obra del Madrileño Francisco Javier Ramos en 1764.

Capilla del Santísimo

Estilo gótico. Primitiva capilla de San Blas, donde se celebraron los primeros cabildos. Alberga el monumento funerario del obispo Manuel López de Arana. Retablo barroco.

Capilla de los Dolores o de la Soledad

Imitación al gótico del siglo XVIII para parecerse a la anterior. Obra de Larra Churriguera. Retablo churrigueresco.

Capilla del Pilar

Capilla barroca. Se erigió en tiempos del obispo aragonés Clemente Comenge. Buen retablo barroco obra del ensamblador salmantino Miguel Martínez de la Quintana con las imágenes de San Juan Nepomuceno, San Pedro de Arbués y en el ático San Clemente, patrono del fundador. Además de éste está enterrado aquí el obispo de Ciudad Rodrigo y eminente historiador Demetrio Mansilla Reoyo.

La Catedral de Santa María

Dedicada a Nuestra Señora Santa María y declarada Monumento Nacional en 1889, la construcción de este templo, orientado hacia naciente, debió de iniciarse en los años finales del reinado de Fernando ll de León (1157-1188). Comenzada siguiendo un proyecto tardorrománico, que aún conserva en buena medida en su perímetro exterior a pesar de las modificaciones posteriores (antesacristía, capilla mayor, capilla del Pilar y sacristía), dibuja planta de cruz latina con cabecera triabsidal escalonada, transepto bien desarrollado y tres naves. Tres portadas dan acceso al interior del templo que se completa al norte con el claustro.

Hacia los pies del templo sobresale, rompiendo el primitivo perímetro del edificio, la capilla del Pilar, levantada entre 1748 y 1753. Su promotor fue el obispo zaragozano don Clemente Comenge. En el muro de la nave sur, al igual que en el de la norte, destacan, provenientes de la primera campaña constructiva, las magníficas ventanas tardorrománicas que las iluminan directamente.

La fachada de poniente, que luce de la obra originaria el friso de siete arquillos ciegos trilobulados que adornan el exterior de la capilla del Sagrario, aparece dominada por la portada occidental y la gran mole de la torre, ideada por el arquitecto Juan de Sagarbinaga y levantada entre 1764 y 1772.

En el interior, fruto de la primera campaña constructiva, las tres naves aparecen diferenciadas por pilares con semicolumnas. Las bóvedas de las naves laterales, realizadas ya bien avanzado el s. XIII, son cuputiformes; idénticas a las que ya en el siglo XIV se utilizaron para cerrar el crucero y la nave central, si bien éstas aparecen animadas con esculturas, entre las que destacan las sitas en el primer tramo de la nave, desde la cabecera, que representan a un rey, una reina, un obispo y un mendicante. Y que la historiografía local identifica con Fernando ll, doña Urraca, el primer obispo civitatense y San Francisco de Asís.

La primitiva capilla mayor, que amenazaba ruina, fue sustituida en el siglo XVI por la actual, para la que dio nueva traza en 1540 Rodrigo Gil de Hontañón. Esta capilla estuvo presidida por el destacable retablo pintado entre 1480 y 1488 por Fernando Gallego, que en la actualidad se encuentra en el Museo de la Universidad americana de Tucson, en Arizona.

Las capillas laterales, a las que se accede a través de arcos apuntados fueron capillas de enterramiento de dos de las familias principales de la ciudad. La capilla del evangelio, fue enterramiento de la familia de los Chaves y la de la epístola, fue el panteón de los Pacheco.

En los tramos centrales de la nave principal se significa de forma maravillosa el coro catedralicio, cuyos muros perimetrales, en los que aún se conservan dos pequeñas pero bellísimas puertas coetáneas a su realización, rematan en una engalanada y calada crestería gótica. La sillería coral fue realizada entre 1498-1504 por Rodrigo Alemán. Alemán y sus colaboradores labraron 72 sillas y en ellas puso de manifiesto su imaginación y su amplio conocimiento de fuentes religiosas y profanas.

Al claustro se accede a través de una sencilla puerta, abierta en la primera fase constructiva del templo. En planta dibuja un cuadrado casi perfecto, dividiéndose cada lado en cinco tramos rectangulares. Levantadas las pandas occidental y meridional en el siglo XIV, las dos restantes datan del segundo tercio del siglo XVI. Las galerías, a imitación de la de poniente, la más antigua, rasgan arcos apuntando divididos por tres o dos columnas con capiteles vegetales y figurativos, intervenidos drásticamente en 1911 por J. Tarabella. En el ángulo suroeste fue enterrado el cantero que dirigió la obra de las crujías góticas, Benito Sánchez. Las dos crujías restantes, que con las ya realizadas no desentonan, se levantaron entre 1526 y 1539 bajo la dirección del cantero Pedro de Güemes, cuyo retrato, junto con el del racionero Villafañe, aparece en la portada plateresca que abierta a la galería oriental da paso al patio.

La portada norte, del Enlosado o de Amayuelas, fruto en sus dos tercios inferiores de la primera campaña de trabajos se decora con motivos romboidales y florales. Se completa hacia la cabecera con un arco ciego engalanado en sus dovelas con once cabezas humanas. Llama la atención en esta portada su falta de simetría, acentuada con la apertura en la parte alta, en el s. XIV, de un gran rosetón bajo un arco conopial. Perpendicular a esta portada está el muro de cierre de la crujía este del claustro, que remata en una balaustrada con elementos decorativos del gótico final y del primer renacimiento, y en el que destaca la llamada puerta del Esviaje, abierta en 1540 y en la que su autor, García de la Puente, mostró su gran maestría en los cortes de cantería.

La portada meridional o de las Cadenas, fruto en su mitad inferior de la primera campaña de trabajos y que al igual que la portada norte denota una clara asimetría respecto del hastial (potenciada por el gran rosetón abierto en lo alto bajo un arco conopial), queda precedida por un atrio configurado en su aspecto actual en 1783. La puerta voltea arco de medio punto y tres arquivoltas que descansan en columnas con capiteles animados con motivos vegetales los extremos y con arpías los centrales.

Sobre ella, y bajo el arco escarzano que cobija la entrada, brillan cinco magníficas esculturas del primer tercio del s. XIII, que representan a El Salvador, en realidad una maiestas domini, flanqueado por San Juan, San Pedro, San Pablo y Santiago.

Encima del arco escarzano discurre una galería de doce arcos apuntados, ciegos y profusamente engalanados, que apean en columnas con capiteles decorados con motivos vegetales, aves y cabezas, y que acogen otras tantas esculturas góticas, labradas en torno a 1230, y que ya fueron identificadas con personajes del Antiguo Testamento. De izquierda a derecha son: Abraham, Isaías, la reina de Saba, Salomón, Ezequiel, Moisés, Melquisedec, Balaam, David, Elías, San Juan Bautista y Jeremías. Hacia la cabecera lucen dos arcos ciegos superpuestos, amparando el superior la escultura de una Virgen que sentada sostiene a modo de trono, de sedes sapientiae, al Niño Jesús en sus rodillas.

El coro cuenta con dos órganos, el órgano pequeño o realejo, dispuesto en el lado del evangelio, fue realizado en 1725 por Pedro Liborno Echevarría; el mueble del grande, situado en el lado contrario desde finales del siglo XVIII, se debe a Manuel de Larra Churriguera, que lo diseñó en torno a 1725. Por su parte, el trascoro es obra de Ramón Pasqual Díez, que lo realizó en estuco imitando mármoles en 1787.

El Pórtico del Perdón o de la Gloria, situado a los pies de la Catedral, se organiza a partir de un doble acceso que, dividido por una esbelta columna rematada en una pétrea Virgen con el Niño, queda franqueado a cada lado por seis columnas, unas con capiteles vegetales y otros historiados. Las arquivoltas se adornan con figuras y la representación principal del tímpano es la Coronación de la Virgen. La realización de esta labor escultórica habría que fecharla, como muy pronto, a mediados del siglo XIII.

En la nave del evangelio sobresale el sepulcro dotado por Fernando de Robles y María Pérez Piñero en 1560, conocido como el Altar de alabastro o de la Quinta Angustia, en alusión al material y a la excelente escena que acogida en el arco inferior talló Lucas Mitata, la organización arquitectónica se debe a Pedro de Ibarra y la decoración pictórica a Juan de Borgoña el Joven.

Fuente: Cabildo de la S.I. Catedral de Ciudad Rodrigo