El Puente Mocho, que cruza la ribera de Cañedo al norte de Ledesma, se ha atribuido repetidamente a época romana. El puente, en su configuración actual, parece en su conjunto obra medieval, y los tajamares, escalonados y en forma de huso, de época moderna. Se trata de un puente de cinco arcos de medio punto, el central de mayores dimensiones, con cuatro tajamares aguas arriba, escalonados y de planta triangular. La fábrica es de sillería de granito, excepto los pretiles, de mampostería trabada con argamasa. Tiene 71 metros de longitud, 5,70 metros de altura máxima y anchura de 3,50 metros.
El origen de este camino que atraviesa el Puente Mocho hunde sus raices en los abismos del tiempo. Algunos expertos afirman que en época romana, e incluso antes, este sendero ya era una vía importante. Bletisama, nombre vetón y romano de Ledesma, era una ciudad de referencia situada a mitad de camino de la vía que partía desde Miróbriga (Ciudad Rodrigo) hasta Ocelo Duri (cerca de Zamora), prolongando la Vía Dalmacia, que desde el Puente de Alconétar se dirigía a Ciudad Rodrigo pasando por Coria.
Las principales vías romanas seguían un sencillo pero efectivo esquema constructivo: los obreros excavaban una zanja poco profunda de 6 metros de ancho y colocaban piedras de tamaño medio en las líneas laterales. Después rellenaban el espacio intermedio con varias capas de graba, cada vez más fina, rematando con una capa de zahora apisonada sobre la que circulaban viajeros solitarios, pesados carros de bueyes y toda la parafernalia de los ejércitos.
Al contrario de lo que se supone, es mucho más fácil circular, tanto a pie como en carro, por un camino de tierra apisonada que sobre un camino de grandes losas de piedra y así es mucho más sencllo y económico mantenerlos en buenas condiciones. Además, las calzadas tenían más elevada su parte central para facilitar la escorrentía del agua de lluvia y evitar su deterioro.
La calzada empedrada del Puente Mocho
El tramo de calzada empedrada que aquí se ve fue probablemente construida en el siglo XII, siguiendo el trazado romano, y reparada en numerosas ocasiones, adaptándola a su tiempo hasta la época moderna, cuando esta ruta cedióel testigo al camino que se esconde bajo la actual carretera a Zamora. Está formada por grandes lanchas de granito irregularessobre una base arcillosa, enmarcadas por otras de mayor tamaño colocadas en los laterales.
Esta forma de construir hace frente de forma eficaz a las escorrentías superficiales, a los terrenos fangosos, mejorando así el agarre y la circulación de carretas, bestias de carga y, sobre todo, de los rebaños de ovejas en la trashumancia.
Comerciantes a lomos de caballerías
Aunque el comercio fue aumentando paulatinamente desde la Edad Media, los caminos para grandes carros fueron muy escasos hasta el siglo XIX. Eran las mulas el principal medio de transporte de mercancías, las cuales recorrían los tortuosos senderos en grandes caravanas guiadas por los arrieros, un gremio muy bien organizado, casi todos de origen maragato, de la comarca de Astorga.
El mercado de Ledesma estaba ya considerado en el siglo XII y fue ganando en importancia a lo largo de toda la Edad Media, hasta la concesión del Mercado Franco de los jueves en el siglo XV. Gran número de arrieros, comerciantes y mercaderes procedentes de lugares dispares venían a vender sus mercancías en él: alimentos, animales, metales, joyas… y se hospedaban en los numerosos mesones y ventas existentes en la villa. No en vano, el arrabal allende el río lleva el título de “Los Mesones”.
“Son tan nómadas como los beduinos, sin más diferencia que llevan mulas en vez de camellos… cobran caro pero su honradez compensa… son los que hacen todo el tráfico entre Galicia y las Dos Castillas, y por rara excepción llegan a las provincias de mediodía y levante”
Carros, carretas
Además de los transportes de largo recorrido, los había también de corta distancia. En ellos los vecinos utilizaban animales de carga propios – burros, mulos, caballos, bueyes, etc. – carros de dos ruedas. Este tipo de carros, o similares, se han seguido utilizando hasta tiempos recientes. De hecho, todavía se conservan algunos de ellos, formando parte del importante patrimonio etnográfico de la comarca.
Aunque el carro de cuatro ruedas y gran tamaño, ya se utilizaba en tiempos de Roma, su uso estuvo restringido hasta casi la actualidad tanto para el transporte de personas como de mercancías, debido a la escasa calidad de los caminos.































