5 consejos para aprender a vivir con fibromialgia

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Fibromialgia Salamanca

Todo empieza sintiendo dolor en zonas de tu cuerpo en las que nunca lo habías sentido y notando un cansancio que no tiene sentido. A partir de ahí, comienza una odisea que te lleva de médico en médico y soportando infinidad de pruebas diagnósticas que siempre salen perfectas. Te dicen que no te pasa nada, que no hay nada relevante para que te sientas así, que si sufres depresión, que si quieres llamar la atención… Y por fin, después de años de peregrinaje por varias consultas médicas te dicen que ya han dado con tu diagnóstico: padeces fibromialgia.

¿Y ahora qué? ¿Tiene cura? ¿Me voy a sentir siempre así?. Seguro que si te han diagnosticado fibromialgia todo esto te suena bastante.

Desafortunadamente, la fibromialgia es una enfermedad crónica que a día de hoy no tiene cura y que daña considerablemente la calidad de vida de quienes la padecen. Dolor en músculos y articulaciones, agotamiento, cansancio, insomnio, falta de concentración, dolor de cabeza, rigidez, pérdida de memoria… Síntomas que no solo afectan a la salud física sino que acaban también por hacer estragos en la salud emocional, desencadenando muchas veces una seria depresión. Es una enfermedad que ataca a traición y acaba deteriorando las relaciones personales y hasta la vida laboral de quien la sufre.

Antidepresivos, fuertes analgésicos, relajantes musculares o antiinflamatorios son las herramientas farmacológicas que se suelen prescribir para aliviar los síntomas, pero estos son tantos y tan variados que no siempre funciona. Por eso, la mejor manera de soportar la fibromialgia es aprender a vivir con ella. A pesar de que no hay nada que haga desaparecer la enfermedad, sí que se pueden hacer cambios en el estilo de vida que ayudarán a hacerla más llevadera.

Aceptar el cambio

A pesar de que no es nada fácil, aceptar que se tiene que aprender a vivir con la enfermedad, es el primer y más importante paso que se debe dar. Ser conscientes de que el dolor no va a desaparecer y que hay que adaptar el estilo de vida a las nuevas circunstancias para hacerlo más llevadero, facilitará mucho el cambio.

Llevar una dieta saludable

Evitar en la medida de lo posible alimentos ultraprocesados, conservas, harinas refinadas, grasas saturadas y alcohol, ya que son calorías vacías y contienen aditivos o grasas saturadas que pueden empeorar los síntomas. Llevar una dieta variada, en la que no falten verduras y hortalizas frescas, pan y pastas integrales, carnes blancas, frutos secos, pescado azul, legumbres y fruta fresca, que están repletos de nutrientes, ayuda a controlar la inflamación y aporta la energía necesaria para afrontar el día a día con mejor estado de ánimo.

Hacer ejercicio

Aunque a veces cueste, hacer ejercicio con regularidad ayuda a sobrellevar el dolor. Incorporar una rutina de ejercicios suaves como las actividades acuáticas, el yoga, caminar, tablas de estiramientos, pilates o dar paseos en bicicleta, alivia la rigidez, mejora la calidad del sueño y reduce la sensación de fatiga.

Dormir bien

Aunque uno de los síntomas de la enfermedad es el insomnio, un buen descanso es fundamental para evitar brotes fuertes. Por eso, es importante encontrar un método que ayude a conciliar el sueño. Meditar, tomar un baño caliente o escuchar música relajante son actividades que suelen funcionar. Cada persona debe encontrar la suya y sobre todo evitar llevarse preocupaciones a la cama.

Encontrar apoyo

La fibromialgia es una dolencia que no todos entienden. Todavía hay mucha gente que tacha de paranoicos o hipocondríacos a los que la padecen, acusándolos de perezosos o maniáticos. Es un trato injusto que agrava los síntomas, repercutiendo negativamente en el estado emocional de quien la sufre. Por eso es importante poder contar con alguien comprensivo que escuche, entienda y apoye al enfermo en los momentos en que el dolor aprieta y la fuerza de voluntad flaquea.

Es necesario recordar que la fibromialgia es una enfermedad crónica y por tanto debe ser diagnosticada por un médico especialista, que será quien lleve el seguimiento y prescriba la medicación necesaria. El enfermo, debe ser parte activa del tratamiento, con espíritu luchador y fuerza de voluntad se puede una mejor calidad de vida aunque la enfermedad no desaparezca.