La resiliencia, la llave de la felicidad

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Resiliencia

La resiliencia es concebida como el resultado de la interacción de los procesos internos del individuo con su medio, que le permiten recobrarse de la adversidad y salir fortalecido de ella, como así también dueño de mayores recursos. Por lo tanto, sería un proceso activo de resistencia, autocorrección y crecimiento como respuesta a las crisis y desafíos de la vida.

Esta  capacidad siempre ha estado presente en la vida de las personas, pero ha parado desapercibida durante mucho tiempo aunque “la humanidad ha observado que algunos seres logran superar condiciones severamente adversas y que, inclusive, logran transformarlas en una ventaja o un estímulo para su desarrollo bio-psico-social”.

No obstante no fue hasta fines de los años 70, cuando los científicos comenzaron a darle importancia, a partir de los hallazgos de estudios realizados que arrojaban resultados significativos de  las diferencias individuales que se observaban en poblaciones de alto riesgo respecto de la manera en que éstas enfrentaban situaciones adversas.

Entre la década de los 60 y los 80 a pesar de las recurrencias de las investigaciones en esta línea, dejaban muchos interrogantes sin responder: las predicciones de resultados negativos hechas en función de factores de riesgo que indicaban una alta probabilidad de daño no se cumplían.

Posteriormente, los estudios se centraron en el Modelo del Desafío, evidenciando que las influencias negativas, tales como daños o riesgos, no encontrarían a un individuo indefenso, en el cual se determinarán, inevitablemente, daños definitivos o permanentes, sino a sujetos con capacidad de hacer frente a los desafíos, amortiguar sus potenciales efectos negativos y aprender de la adversidad.

Este planteamiento ha sido apoyado por estudios que muestran  que algunas personas aún en la adversidad, logran salir adelante, reponerse y utilizar las condiciones dificultosas para triunfar en la vida, capacidad a la cual se ha llamado resiliencia.

El  nuevo enfoque de este recién abordado concepto, reconoce que todos los individuos se ven enfrentados a lo largo de su vida a factores tanto favorables como adversos, que afectan el bienestar tanto físico como mental de las personas. No obstante, más que centrarse en los factores desfavorables, este término se focaliza en observar aquellas condiciones que posibilitan un desarrollo más sano y positivo.

Sin embargo en los últimos estudios sí han encontrado ciertas características distintivas que poseerían las personas resilientes, las cuales las dividen en factores internos y externos. Dentro de los primeros, figura un temperamento fácil, ausencia de déficit orgánico, pérdidas o separaciones tempranas, mayor coeficiente intelectual, habilidades de resolución de problemas, mejores estilos de afrontamiento, motivación al logro, empatía, autonomía, locus de control interno, voluntad y capacidad de planificación y sentido del humor positivo.

Mientras que en los externos  consideran que estarían incluidos los propios del ambiente, tales como padres competentes, posibilidad de contar con el apoyo de personas significativas, mejor red de apoyo informal por medio de la creación de vínculos sociales y mejor red formal por medio de la experiencia educacional y la participación en actividades religiosas.

Es un concepto dinámico que puede ser aprendido, por lo cual el desafío es promover su desarrollo en las personas, familias y la comunidad, pues en la actualidad sólo un tercio de la población mundial demuestra superar y salir renovado de las adversidades.

El concepto de resiliencia surge de las Ciencias Físicas y de la Ingeniería Civil, entendiéndola como la resistencia que tiene un cuerpo ante la rotura por golpe, donde su fragilidad decrecería en la medida que la resistencia aumenta. También se la considera como la capacidad o poder de un material de poder recobrar su forma original después de verse sometido a una presión que puede ser deformadora. El termino fue adoptado y adaptado luego por las Ciencias Sociales, donde adquiere un sentido diferente, que incluye un aspecto dinámico, en el cual un individuo que vivencia un acontecimiento traumático es capaz de reponerse y crecer a partir de éste y no sólo resistirlo.

Sin embargo, muchos estudios sostienen que es un proceso que no elimina los riesgos ni las condiciones adversas de la existencia, sino que permite al individuo manejarlos de modo efectivo.

Sería un rasgo personal que va evolucionando a lo largo de la vida de cada persona y que probablemente se encuentre presente desde muy temprano, siendo ésta una condición para el desarrollo de una apropiación de los conflictos que a uno le suceden.

Algunos individuos la poseen en forma innata y otros la tendrían en forma potencial y en espera de ser desarrollada. Es decir, no se trataría de algo congénito ni adquirido, sino un resultado, el que provendría de la combinación entre el individuo y el medio en el cual éste se encuentra inserto. La resiliencia es el resultado de un equilibrio entre los factores de riesgo, los factores protectores y la personalidad del ser humano.

Autor

Virginia Seguín
Periodista licenciada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Máster en Comunicación en entornos digitales por la Universidad Camilo José Cela.

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