Tipos y funcionamiento de las subastas

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Subastas en Salamanca

Un sistema de venta muy utilizado para objetos de gran valor como son las obras artísticas, la electricidad, derecho de explotación petrolífera o los derechos de televisión es el de las subastas. Estas operaciones se desarrollan en los mercados de subastas, entendidos como mercados en los que se venden y compran productos a través de pujas.

Este sistema incentiva la competencia entre los miembros de la subasta, reduce los tiempos requeridos para la negociación y por término medio el vendedor obtiene el máximo beneficio posible ¿Por qué se suele utilizar este mecanismo para obras de artes u otros activos? Porque suelen ser productos abiertos a la especulación, difíciles de valorar monetariamente y a través de una venta convencional, véase mediante una tienda minorista, sería mucho más complicado añadirle valor. También se puede deber a que el valor de dichos artículos no tenga un valor fijo, sino que fluctúe dependiendo de algunas variables. Dentro de esta última opción, un ejemplo claro es la subasta diaria de atún en las lonjas de Tokyo, donde cada atún difiere en tamaño, peso o calidad.

En definitiva, se busca maximizar los ingresos esperados y, por el contrario, minimizar los costes de transacción que llevan asociados las operaciones. Lo más importante es conocer los tipos de subastas que existen, ya que, dependiendo del tipo de producto, convendrá más uno u otro método:

-Subasta inglesa tradicional: Este sistema es el más conocido por todos y el que suele verse en los medios. El vendedor solicitar pujas, cada vez incrementando el valor de la anterior y los compradores potenciales aceptan estas. El precio para pagar corresponde con la puja más alta.

-Subasta holandesa: La subasta comienza fijando un precio alto por el producto subastado y este va disminuyendo en función de si hay ofertas de compra o no.

Subasta mediante plicas: Mediante este sistema los pujantes escriben su oferta en un sobre y el ganador será aquel que haya pujado el precio más alto.

A continuación, se presenta la duda más típica, relacionada con qué sistema utilizar. La respuesta evidentemente depende del tipo de producto, de los tipos de subastadores y de la información que haya disponible del artículo. Teniendo en cuenta estos dos factores se distinguen dos situaciones:

Subastas de valor privado: En este caso cada pujante tiene claro cuál sería el precio máximo que estarían dispuestos a pagar, sin embargo, no se conoce cuál es el precio del resto de participantes. En este sistema las ganancias se derivan de la diferencia entre el precio máximo y el efectivamente pagado, en caso de que se pagase exactamente la misma cantidad no habría ganancias y si se paga más existirían pérdidas.

Subastas de valor común: El valor del producto subastado tiene un valor percibido prácticamente similar para todos los participantes. Entonces el desafío radica en estimar el precio real del producto. En este sistema siempre ganará aquel que establezca un precio más alto, sin embargo, puede ocurrir que el pujador pague más de lo que realmente vale el producto. A este fenómeno se le denomina maldición del ganador.

Algunos consejos recomendados por el libro de Microeconomía de Robert S. Pindyck & Daniel L. Rubinfeld, Pearson son:

  1. En una subasta de valor privado, se debe conseguir que haya el mayor número posible de postores: los postores adicionales elevan la puja esperada del ganador, así como la valoración esperada del segundo mejor postor.
  2. En una subasta de valor común, debe utilizarse una subasta abierta en lugar de una subasta mediante plicas, ya que por regla general una subasta (abierta) inglesa de valor común genera mayores ingresos esperados que una subasta mediante plicas; y debe revelarse información sobre el verdadero valor del objeto que se subasta a fin de reducir la preocupación por la maldición del ganador y conseguir así que haya más pujas.
  3. En una subasta de valor privado, debemos fijar una puja mínima igual o incluso algo mayor que el valor que tenga para nosotros quedarnos con el bien para una futura venta. Eso nos protegerá de una pérdida si hay relativamente pocos postores que no valoran mucho el bien. Además, podría aumentar la cuantía de las pujas al indicar a los compradores que el objeto es valioso. Tener la oportunidad de tratar de nuevo de vender el bien si no hay una puja mínima es evidentemente una ventaja; sin embargo, puede ser un inconveniente si se considera que la imposibilidad de vender el bien la primera vez es una indicación para los postores en futuras subastas de que es de baja calidad.

Otra opción es que los pujadores, sobre todo en pujas abiertas acaben coludiendo para establecer la puja más alta en los últimos minutos de la ronda. Siempre pueden existir participantes que rompan el acuerdo, pero a largo plazo se les puede castigar ofreciendo más dinero.

Estos sistemas se llevan utilizando desde los albores de la humanidad y aún permanecen en la actualidad. Cada vez se añaden innovaciones, sobre todo tecnificando los procesos, pero en esencia es el mismo mecanismo.

Fuente: Microeconomía, Robert S. Pindyck & Daniel L. Rubinfeld, Pearson