Julio Robles ¡torero!

- en Toros
Escultura Julio Robles

Uno de esos días relevantes que se rememoraba en Salamanca fue la tarde de la despedida de El Viti de su público (la jornada siguiente, en Valladolid lo hizo de manera definitiva), quien tras su glorioso paso por los toros decía adiós a la profesión después de ser durante 18 años primera figura. Además, por su dechado de virtudes, como entrega, verdad, técnica, pureza…, se convirtió en uno de los diestros más importantes de todos los tiempos.

En la efémeride, que se celebró el 14 de septiembre de 1979, con un lleno hasta la bandera en una tarde nublada, pero de buena temperatura, se lidiaron toros de Atanasio Fernández, corrida que se remendó con otros dos de José Matías Bernardo. En esa ocasión el triunfo fue para El Vito, como muy bien explicaban las crónicas de la mañana
posterior, que en los diarios charros de La Gaceta Regional y El Adelanto firmaban Don Lance y Carlos Manuel
Perelétegui.

«La solemnidad para ocasión corría a cargo de Santiago Martín “El Viti”, que ponía en su tierra punto y final a su dilatada y triunfal carrera profesional. El rito de la despedida lo inició él, con el brindis al respetable y completaron Capea y Robles, en sus segundos enemigos, haciendo lo mismo con el veterano maestro. Todo ello en medio de la ovación y emoción».

De la actuación de Julio se deducía lo siguiente:

Se le vio en el tercer toro anhelante de triunfo; en todo momento quiso. Comenzó con una larga de rodillas y luego siguió un quite por rogerinas para llevar el toro al caballo. Entusiasmó en verónicas. En el último tercio no se prestaba el toro al lucimiento, pero hubo buenos pases con la derecha y hasta una peligrosa colada. Todo tuvo vibración y acompañamiento de ovaciones.

En el sexto, el gran mérito de Robles fue no perder la fe. El toro se recobró de su inicial mansedumbre y aquí Julio también templó y mandó con las dos manos y, lo mejor, ligó y construyó una magnífica faena con sabor a hondura. Con los terrenos cambiados pinchó la primera vez y en la suerte natural dejó una estocada caída. Hubo entusiasmo en los tendidos y se pidió con fuerza la segunda oreja. El presidente al no concederla fue pitado».

Pero antes de la despedida de El Viti, Robles ya había deslumbrado a sus paisanos con varias faenas memorables. La primera de ellas fue la tarde de su presentación como matador en Salamanca, donde “besó el santo”, pues tras tomar la alternativa, Robles, se presenta ante sus paisanos el 13 de septiembre de 1972, donde alterna con su padrino Diego Puerta (oreja y oreja) y José Luis Galloso (vuelta y silencio). Aquel día, caluroso y con magnífico ambiente corta el primer rabo de los varios que lograría en Salamanca. Fue a un toro de Dionisio Rodríguez y el torero, que era muy joven (contaba entonces con 19 años) ofreció una de sus mejores tardes.

Fragmento del libro «Julio Robles ¡Torero!», de Francisco-José Sánchez Cañamero.

Revista Lances de pluma y pincel – 17 de septiembre de 2022

0 0 votos
Valoración
Subscríbete
Notifícame sobre

0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios