El cartel del pasado martes despertó mucha curiosidad entre los aficionados porque los tres actuantes, José Garrido, Alejandro Marcos y Manuel Diosleguarde, están bendecidos con esas “bolitas” de las que habló en su momento Rafael de Paula. Bolitas de arte. Y aunque cada uno posee una manera diferente de entender el toreo, los tres atesoran una cualidad, y que es el gusto. Por eso lo del otro día fue un deleite para los sentidos. Los tres impregnaron el coso de buen gusto ante un encierro de El Puerto de San Lorenzo de juego desigual aunque solo José Garrido y Manuel Diosleguarde salieron en hombros.
José Garrido enlotó un primer toro que tuvo mucha calidad y nobleza, y aunque le faltó algo de fuerza, el extremeño logró sujetarlo en tandas de mucha calidad, sobre todo en pasajes al natural de gran calado en los tendidos. Ajustadísimo en un final por manoletinas y tras pinchazo hondo y estocada, cortó la primera oreja de la tarde. Con su segundo, armó una faena compacta y comprometida, sabedor de lo que necesitó el toro en todo momento, que en ocasiones protestó llevando la cara alta, que en una ocasión le provocó un golpe seco en la ceja. Logró finalmente cortar otro trofeo.
Manuel Dioleguarde hizo su presentación como matador de toros en la provincia salmantina tras su exitosa alternativa en Santander. El salmantino pedía a voces el cambio a toro, y es que da gusto verle torear un animal más templado. Con su primero firmó una labor en la que no faltó de nada y en la que estuvo por encima de su oponente, que aunque humilló mucho y con mucha calidad, también adoleció de falta de fuerza. Logró llevarlo largo por ambos pitones y se ajustó en un final que le sirvió para terminar de calentar los tendidos. Tras una buena estocada, cortó el doble trofeo y el del Puerto fue premiado con la vuelta al ruedo. En cuanto a su segundo, el que cerró plaza, solo él creyó en sus posibilidades y apostó. El toro, muy bien presentado, fue protestado tras el tercio de varas, pero el presidente decidió no devolverlo. Diosleguarde logró una bella faena a base de consentirle con la muleta a media altura y toreándolo al ralentí por momentos. Lo estropeó todo con la espada y fue silenciado.
El segundo fue un toro bravucón y berreón al que Alejandro Marcos le enjaretó luego de doblarse en el inicio, una vibrante primera tanda por el derecho que atemperó sus embestidas. A partir de ahí, la faena se antojó algo intermitente por la escasa calidad del toro, que por el izquierdo se lo puso difícil al salmantino, quien sí puso mucha intención en todo lo que hizo. Marró con el acero todo su esfuerzo y escuchó palmas tras aviso. Con el quinto, el salmantino poco pudo hacer. El toro, excelentemente presentado y descarado de pitones, no tuvo apenas fuerza para aguantar un par de embestidas. Abrevió y vio silenciada su labor.
Paula Zorita – Revista LANCES Feria de Guijuelo.