Aunque también penuria,
manabas, en mi infancia, leche y miel.
Siempre vivas las fuentes,
ofrecen a raudales su riqueza.
Sonoros los regatos, que te bañan,
alimentan con música los frutos.
La lluvia teje velos sobre ti,
embellece tu rostro siempre joven.
El mundo vegetal que te circunda
arde en canciones verdes con el viento.
Dicen que estuvo cerca el paraíso
de tu costado sur y te defienden
desde su altura azul las cordilleras.
Trasiegan las abejas en tus campos,
se emborrachan de todos los aromas
que luego serán dulce manantial.
Hace la cabra leche del brezo y de la zarza.
De un animal, a veces gran insulto,
hacen manjar tu clima y sabias manos.
De un árbol milenario: el esqueleto
de tu asombrosa y recia arquitectura.
Y sobre el lienzo truchas y leones
dejaron primorosos bordados de mujer.
Juanjo Maillo