Días inciertos en el Salamanca UDS después de haber superado el ascenso de categoría. Algunos fichajes ilusionantes por el buen poso que dejaron en su día en el equipo, aunque ha pasado tiempo y habrá que esperar a su rendimiento final; altas ilusionantes; una campaña de abonados “a plazos” con varias correcciones sobre la marcha; mejoras en el estadio; comunicados por doquier que son de agradecer, aunque no terminan de aclarar algunos términos y parecen redactados con una terminología propia del mismísimo fondo sur (no sabemos si es algo temporal o va a ser una línea a seguir en los próximos meses). Silencio en cuanto a renovaciones y bajas, aunque entendemos que todo lleva su tiempo y que será un tema sobre el que se está trabajando. Administrativamente, suponemos que se seguirá trabajando en esa estructura y en esos proyectos anunciados y que se irán matizando próximamente. Esperemos que la buena pinta que tenía todo tenga continuidad en las próximas semanas.
No entraremos a valorar el tema de los abonos y los precios, pero sí me gustaría introducir un matiz que nunca he entendido por qué, en ocasiones, se saca de contexto. Siempre hubo incertidumbre con este tema, pero las redes sociales lo acentúan cada día más, así que nos limitaremos a transmitir nuestra propia reflexión y que cada uno opine o piense lo que quiera.
Siempre he pensado que, en etapas anteriores del fútbol en nuestra provincia, uno de los vicios de la afición de la UD Salamanca era el de repartir carnets de unionismo y, lo que es más peligroso, derechos y obligaciones. Nuestra opinión, que ya hemos expresado con anterioridad es que los abonos están a disposición de la gente y que el aficionado es libre de elegir un sector más económico, otro más caro o, incluso, no abonarse. Lo que nunca he entendido es lo de querer sacar ventaja. El que viaja porque viaja, el que no viaja porque no viaja, el que es socio desde que nació, porque es socio desde que nació, y el que es nueva alta, porque necesita ese pequeño empujón. Al final, el club no es ajeno a esta situación y estas opiniones acaban influyendo en la toma de decisiones. Una toma de decisiones que debe ser razonada y razonable. Aquí cada uno tiene su situación y muchas veces, el deseo y la realidad circulan por carriles en sentido contrario, así que, por favor, intentemos no juzgar ni concluir muchos casos que desconocemos.
Personalmente no comprendo que los abonados más antiguos pidan ventaja por su situación porque me parece imposible poner una línea para establecer esa ventaja: ¿En el que lleva dos años?, ¿en el que lleva tres?, ¿en el que lleva desde el inicio de la nueva etapa?, ¿en el que estuvo ya en etapas anteriores? ¿Acaso hay que hacer una escala de beneficios para ellos? Porque de ser así, conozco a bastantes que habría que regalarle el abono y sentarlos en el palco de honor.
Creo que el club tiene que hacer guiños a los socios, pero a todos. No sólo a los más antiguos. A los más antiguos hay que respetarle su antigüedad, su número de bono, su asiento,… En la línea de hacer descuentos en la mercadotecnia y en las entradas creo que también se hace de forma adecuada. Al igual que creo que hay que incentivar las nuevas altas y sembrar la semilla en los más pequeños y en los jóvenes. No puede ser que durante todo el año reclamemos que hay que invitar a colectivos y a colegios y, luego nos parezca mal que se incentive una nueva alta, pero es sólo mi opinión. Creo que el club lo que tiene que hacer es ‘contraprestar’ al abonado y el abonado ser justo con el club y no convertirse en una especie de ‘pedigüeño’ incesante con cada iniciativa del club. Es decir, yo pago a cambio de algo. El club debe esmerarse en hacer una buena plantilla, en dar beneficios a los abonados a través de empresas patrocinadoras, en que merezca la pena ir a los partidos, en ilusionar a la hinchada, en iniciativas para que cada partido sea una fiesta. Tener unas instalaciones adecuadas, es más, diría que modélicas, que inviten a asistir. Y el abonado debe calibrar la relación calidad precio y abonarse o no abonarse, pero no poner públicamente en cuestión todo lo que hace el club, sino criticar de forma justa, razonada y razonable. De momento, ha habido cambios en el funcionamiento. Vamos a ver hacia donde apuntan los tiros y vamos a esperar cómo se producen los acontecimientos sin sacar punta a todo lo que se dice o hace y a partir de ahí es cuando se podrán analizar los resultados, porque la lluvia nunca cae a gusto de todos.
