El Helmántico: Un estadio convertido en templo

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Estadio Helmántico de Salamanca

Sin duda, una de las señas identificativas de las capitales/ciudades/municipios son sus estadios de fútbol. No dejan de ser un patrimonio enorme como construcciones, pero sobre todo como escenarios de momentos únicos y épicos para esas ciudades. De hecho, si uno pregunta a cualquier aficionado del fútbol en España y en parte del extranjero, identificará sin titubear cada capital española con un estadio. De ellos, a unos los admirará y a otros les tendrá cierta manía, lo cual camina paralelo con la simpatía por el equipo de la citada urbe.

Hace ya más de cincuenta años que Salamanca cuenta con el privilegio de disfrutar del Estadio Helmántico. Un estadio modesto hasta cierto punto, pero muy coqueto, con capacidad para 17.000 espectadores, aunque llegó a superar los 22.000 cuando éstos estaban de pie. Un escenario donde han caído los grandes del fútbol español, donde se han vivido noches mágicas, donde ha habido alegrías y tristezas, donde los salmantinos han dejado parte de su vida.

Mi recordado y admirado Carlos Gil Pérez, al que puedo considerar amigo y maestro, no dudó en calificar el recinto como la Tercera Catedral de Salamanca. Y así pasó a la historia y como tal se fue conformando con el paso de los años.

Poco antes de la pandemia comencé a escribir un libro sobre su cincuenta aniversario, un volumen que espero algún día pueda ver la luz, aunque sólo sea por los testimonios únicos que he conseguido reunir con ese fin. Por desgracia, algunos de los protagonistas nos han dejado en este tiempo y, por eso, su testimonio es todavía más importante. Ver las caras de Enrique Miguel (qepd), de Cachicha, de D’Alessandro, de Balta y Sito, de Gabino, del propio Pepe Hidalgo, o contar con las versiones más recientes del ex presidente Carlos Martín, de Lozano, o del propio María Hernández, entre otros, o asistir a cómo Silvani recordaba aquel gol de la Noche de Reyes que guardamos en nuestro imaginario, hacen que no podamos permitirnos guardarlos en un cajón, así que esperamos que, con la ayuda de todos, puedan ver la luz aunque esas Bodas de Oro queden ya un poco lejanas.

No quiero hacer en este artículo ningún juicio de valor ni entrar en ninguna otra cosa que no sea ver el Helmántico como lo que ha sido siempre, un auténtico templo. Un lugar sagrado para los aficionados al fútbol en Salamanca.

El Helmántico tiene un significado, pero también un valor y espero que sus propietarios lo hagan valer, porque vale y mucho, aunque sólo sea por el significado histórico y emocional que tiene para muchos salmantinos. Por los recuerdos de los que ya no están y por los recuerdos de los que sueñan con volver a vivir tardes de gloria. Incluso por los recuerdos de los que ven cómo un día dejó de ser suyo, pero no pueden dejar de olvidar que allí nació su temprana afición al deporte.

Hace pocos días el Salamanca UDS, en un comunicado, señalaba que habían liquidado a la empresa que se ha encargado, primero de su recuperación tras el cierre en 2013, y luego de su mantenimiento desde que en 2016 volviera a reabrirse al público. Concretamente lo comunicaban el pasado 8 de junio de la siguiente forma:

“…la empresa que hasta hace unos días ha llevado a cabo el mantenimiento del césped del Estadio Helmántico, ha recibido la totalidad del adeudo “pactado en su día”, y ha sido notificada que deja de prestar sus servicios, con el objetivo de volver a ver el césped del Estadio Helmántico en una mejor situación en el futuro”.

Han pasado más de diez días desde la emisión del comunicado, en el que se afirma que hasta hace unos días ha llevado a cabo el mantenimiento.

Quiero pensar que durante todo ese tiempo, alguien se haya encargado de mantener vivo ese césped por el que han pasado los mejores jugadores de las últimas décadas, algunos de ellos, los más grandes de la historia. No quiero pensar que ahora se abra un impasse que lo único que haga sea perjudicar la propia estructura natural y edificativa de un estadio que, aunque tenga un propietario, tiene un mucho de todos nosotros, pues su historia se ha ido haciendo con trocitos de nuestros corazones. A veces con desgarro de nuestras almas.

Lo cierto es que no creo que esa situación se esté produciendo. Quiero pensar que alguien se estará encargando estos días de dar color y vida a ese césped y que, en breve, el verde del Helmántico vuelva a su máximo esplendor, por lo que es y por lo que representa.

Agradecería a cualquiera que me saque de esta duda, porque, aunque quiero pensar en lo mejor, ya no me atrevo a descartar nada y eso, a los que en mayor o menor medida tenemos una historia que contar en el estadio, nos provoca cierta desazón.

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