El nombre de Lolo Escobar ya se escucha en Segunda División

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No quiero extenderme en halagos porque siempre he pensado que el halago debilita y, de momento, sólo ha ganado un partido, pero su carta de presentación, desde que llegara en el parón de la anterior temporada a Salamanca, es inigualable. Mira que he conocido tipos con conocimiento, con suerte, con ilusión, con hambre, pero Lolo Escobar es alguien especial. Su voz, su forma de decir las cosas, su convicción, reconozco que no la he visto en nadie. Tiene ese halo que le hace especial y que hace que su nombre empiece ya a escucharse en la Segunda División donde debutaba hace una semana con un empate en Málaga y donde ayer ganaba al Amorebieta.

En principio todo bastante normal (bueno, normal el partido de Málaga no fue, pues decisiones más que discutibles le privaron a su equipo de lograr la victoria).

Llegó a Salamanca casi por la puerta de atrás. De hecho, estuvo tiempo sin ser anunciado como entrenador del equipo. Ni siquiera lo presentaron oficialmente. Limitaciones burocráticas le impidieron reforzar el equipo con dos o tres piezas más sobre las que había hablado con el club de que llegaran para completar al equipo. Es cierto que a su llegada se añadió la de seis auténticos guerreros que lo dieron todo por el Salamanca, pero eso no justifica el ‘imposible’ logrado con el conjunto charro. Una recta final espectacular le llevó a dejar al equipo a Segunda RFEF cuando hacía tiempo que era carne de Tercera y del ‘tufo’ que había de fracaso se pasó a una temporada ‘más o menos salvada’.

Me da que vamos a hablar más todavía de él esta temporada y que vamos a hacerlo mejor, pero ya os digo que yo, que siempre me gusta ser directo, tengo claro que todavía no ha conseguido nada y que, como decía él mismo ayer en rueda de prensa, la Segunda es una Liga larguísima.

Pero no puedo por menos de destacar su determinación, que considero la clave de su éxito. Marca un camino y el camino se sigue hasta el final y, aunque a veces aparecen piedras en él, suele acabar llegando a la meta con éxito.

Tuve la suerte de acompañarlo el año pasado en el Salamanca UDS. Jamás tenía miedo, confiaba ciegamente en el camino y el equipo, salvo contadas ocasiones, fue un martillo pilón de crear ocasiones y eso le llevó a sumar puntos que parecían imposibles. Ahora en Miranda empieza un nuevo camino. Me sentí extraño al verlo entrar y no estar ya a su lado. Tampoco lo estaré al lado del bueno de Antonio Calderón. Ayer Lolo entraba en la coqueta sala de prensa del conjunto burgalés. Allí tenía un nuevo jefe de prensa. Aquí deja un amigo y un admirador. Y esto sólo acaba de comenzar. Mucho camino por recorrer. Lo seguiremos de cerca.