Después de lo visto en los últimos partidos cuesta mantener el optimismo con el Salamanca UDS. En realidad, y aunque no es lo deseado, la impresión es que “se encuentra en la calle, perdida, sin rumbo y en el lodo”. Sin duda, es el peor momento de la temporada y lo peor son las sensaciones que transmite, casi todas negativas. Lo positivo, el clavo ardiendo al que agarrarse es lo que comentaba el técnico en rueda de prensa, que todos van a una en el club. Siempre es un punto de partida, pero, de momento, el pasado domingo no se trasladó al campo, sino todo lo contrario. Si lo unimos a los tres encuentros anteriores donde el equipo se dejó escapar ocho puntos de nueve, arroja que el equipo necesita cambiar el rumbo sí o sí.
El Unami, el próximo domingo, parece un rival propicio, pero… ¡¡¡Cuidado con los rivales propicios!!! Porque aquí, cualquiera hace relojes y no parece que el Salamanca UDS esté para muchas florituras. Sin duda, una victoria permitirá a los distintos estamentos sentarse, analizar la situación, ver lo que es necesario y tratar de poner remedio, que no siempre pasa por lo que desde fuera pensamos, pues desde nuestra perspectiva también parece fácil tomar decisiones, pero hay que estar ahí, hay que conocer la situación económica, hay que saber cómo gestionar cualquier tipo de situación que se pueda presentar.
Desde fuera es muy fácil decir que este jugador es mejor o peor, que vale o no vale, pero que no se nos olvide que, en el fútbol, en ocasiones, hay intangibles que no siempre se ven, pero que permiten cohesionar o romper un grupo, que suman o que restan de forma totalmente distinta a lo que se transmite al exterior. O lo que es lo mismo, que la teoría la sabemos todos, pero que hay que llevarla a la práctica, que cuando pierden son todos muy malos y cuando ganan muy buenos. Pero la gestión, en ocasiones, exige medidas impopulares y tomar decisiones que en unos casos se presentan como la solución y en otros, aunque tengan el mismo diagnóstico lo que hacen es agravar la enfermedad.
Aquí está claro que hay algo que trasciendo a lo deportivo, porque pasan los entrenadores, pasan los jugadores, se realizan cambios y año tras año (y ya van cuatro temporadas y media) las cosas no sólo no mejoran, sino que, preocupantemente, siguen estancadas y sin salir, porque en el Salamanca UDS todo parece girar en torno al primer equipo. Es lógico que sea el buque insignia, pero también que la medida del proyecto debería ser independiente de lo que haga el primer equipo o deje de hacer y da la impresión que el proyecto es, precisamente, el primer equipo, pero que no se está encontrando la capacidad necesaria para llevarlo al éxito sino todo lo contrario. Hay una incapacidad evidente a tenor por los resultados, aunque, de momento, queda más de media temporada y las cosas cambian de un día para otro.
Sin embargo, hay partes inherentes a un proyecto que deberían ser tenidas en cuenta. Un ‘remoce’ del estadio, una inversión en el césped, unos video marcadores acordes al escudo que lucen las camisetas. No sé, cosas que también transmiten a una afición que cada día se desencanta más y que, precisamente, en estas temporadas de las que hablamos es lo único que permanece inalterable. Hasta ahora, si el Salamanca UDS “le dice ven, lo deja todo”. Porque sí, hay un grupo de afición fiel, pero no es garantía absoluta de que siempre vaya a ser así, no significa ni que vaya a crecer ni que vaya a ir a más. El club confía en ello, pero debe entender que la paciencia, incluso la de la sufrida afición, tiene un límite. De momento, de la ilusión inicial se ha pasado a cierto desencanto en algunos, a indiferencia en otros, y a decepción en muchos. El próximo rival creo que es el Ávila que lucha por los puestos de ‘play-off’ y que siempre es un reclamo a nivel de la categoría, pero que a nadie le sorprenda si un día de estos, la grada se queda en la mitad. La afición, como parece evidente, es un valor que hay que potenciar siempre.
Y después de hablar del rumbo/sin rumbo, vamos a hacer un pequeño apunto del lodo. En este caso, o el pasado domingo, el barro. Porque para algunos el primer equipo será importante, pero nunca se deberían descuidar otros aspectos que son un patrimonio único y no sólo para sus propietarios. El estadio y el césped forman parte de la historia colectiva de la ciudad. En la vida, en ocasiones, el amor propio debe primar sobre cualquier otro aspecto. En este caso el amor propio y el orgullo por el peso de la historia y por mantener y potenciar el patrimonio deben ir de la mano. Espero que los responsables ya estén en ello y que en un futuro no muy lejano podemos ver algunas mejoras en este aspecto que demuestren que estamos ante un proyecto serio y de calado, que tiene cimientos, que es una casa sólida a la altura de su afición y de Salamanca.