El fútbol está marcado por detalles y el apoyo de las aficiones es, sin duda, uno de los más importantes y decisivos en la mayoría de las ocasiones en el rendimiento de los equipos. El apoyo de la gente, aunque a veces también puede trasladar cierta presión, suele ser una especie de ‘vuelo charter’ que permite a los futbolistas crecerse ante la adversidad.
Salamanca está demostrando en los últimos años que si de algo está sobrada es de una afición ávida de éxitos. Sucede cada partido en los dos equipos más representativos, Unionistas y Salamanca UDS. También en otros conjuntos, pero en menor medida y también en equipo que representan orgullosos a sus municipios donde quizá, por la cantidad de gente, el número de aficionados es más pequeño, pero donde la fidelidad y el orgullo de pertenecer a ese grupo es enorme. A mí, durante años me tocó cubrir los partidos de Santa Marta, donde la afición era una especie de familia en la que se conocían todos, desde el presidente/a hasta las novias de los futbolistas pasando por padres, jugadores de cantera y aficionados de toda la vida.
Lo pude comprobar también en Guijuelo, donde no sólo cubrí numerosos encuentros, sino que viví sus dos ascensos a Segunda División B fuera del Municipal. Primero en Móstoles, hasta donde se desplazó una gran cantidad de gente que vivió una fiesta. Era el equipo de Pato, de Mangas, Dámaso, de un joven ‘Dela’ Fuente, de Antolín, de Fernan Díez, de Galle, de Roberto García y de un sinfín de futbolistas que se hicieron un hueco en la historia del club, pero sobre todo del recordado Trujillo, de Antolín Gonzalo y, en especial, de mi amigo Fermín. Todo ello con el recordado Luis Ramos al frente. Esa experiencia de disfrutar un trozo de Guijuelo en Móstoles la repetíamos dos años más tarde en Valdebebas. Unos 500 seguidores a los que no pudo frenar ni la seguridad del Real Madrid, que quiso ponerle una gran cantidad de impedimentos a la hora de entrar y de ubicarse. Al final, pudieron vivir una fiesta que permitió al club asentarse en la categoría de bronce del fútbol español durante tres lustros.
Fue una especie de tren a Vitoria, que los aficionados de la UDS bien recuerdan, solo que en blanquiverde. Una de esas experiencias que quedan para siempre en la mente de los aficionados que la viven y también en el imaginario colectivo y en la historia del club.
Por eso es un factor tan importante, muchas veces, determinante. La afición charra, como les decía antes lleva unos años demostrando sus ganas de que el fútbol salmantino crezca en cuanto a categorías. Este mismo año, el ritmo de abonados de Unionistas (que ya en el debut de su equipo en Córdoba daban colorido a las gradas del Nuevo Arcángel) y de Salamanca UDS camina de una forma superior a temporadas anteriores. Si mi memoria no falla creo que los primeros ya han anunciado 2.500 en Primera RFEF y los segundos llevan más de 1.700… ¡¡¡en Tercera RFEF!!! En ese pozo del que necesitan salir de forma urgente. Por eso toda ayuda es clave, pero por eso tienen la obligación, desde dentro, de hacer las cosas medianamente bien y no el desastre y la tozudez de los últimos años, cuando sólo a la hora de ver las orejas al lobo realizaban alguna iniciativa en busca de ese apoyo. A pesar de que la respuesta de la afición era excelente, solían llegar tarde, mal y de forma interesada.
Este año ni siquiera ha comenzado la temporada y nos encontramos con lo que podríamos denominar el ‘autobús del ascenso’. La ‘guagua’ que llaman en Canarias y en algunos países de Sudamérica. El jugador número doce viaja en autocar y lo hace desde el primer partido. El hecho del coste muy asequible y de la cercanía de Palencia ayudan, claro. De hecho, algunos lo querrán utilizar para restarle valor. Pero creánme que lo tiene y mucho. Empezar con una comunión entre todos es un primer paso fundamental para que los nuevos futbolistas empiecen a saber dónde vienen y la gente a la que representan. Es, sin duda, el mejor comienzo. Además, los de María se miden a un equipo que llega de hacer una gran pretemporada, así que toda ayuda es poca para alejar nervios y fantasmas. Con ello la afición demuestra desde el minuto ‘0’ que está dispuesta a subirse al carro (autobús en este caso) del equipo y que estará ahí. Ahora falta que se complete el círculo con la respuesta esperada sobre el terreno de juego del equipo. Que los aficionados disfruten de un buen viaje y que se vea un buen partido. Que si se gana se disfrute y que si no se hace porque el rival es mejor, se le felicite, pero siempre con la satisfacción de haber dado todo. Y que cada afición disfrute de su equipo y los lleven en volandas hacia sus objetivos. Como diría el otro… ¡Viva el fútbol!