Vuelta a las andadas. Guijuelo 2-0 Salamanca UDS. El ‘contraanálisis’ (ni técnico ni táctico)

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Hace tiempo, en una entrevista de trabajo, un editor me preguntó: “Usted, ¿Cuántos artículos de calidad sería capaz de escribir en un día?”. Yo, sin pensármelo sonreí y le contesté directamente: “Uno… o ninguno”.

Por artículo de calidad él entendía un texto en el que ofreciéramos al lector algo más que el resto, ya fuera a nivel de conocimiento, de documentación, o de análisis particular, más bien en los dos primeros aspectos.

El editor, buen amigo y mejor persona captó al instante lo que trataba de transmitirle, así que tuvimos que rehacer el acuerdo, aunque no hubo el más mínimo problema. Eso tampoco quiere decir que un servidor se piense que sus artículos sean la panacea universal, pues somos conscientes de nuestras limitaciones y, sobre todo, de nuestra torpeza, aunque les puedo asegurar que tratamos de evitarla siempre.

A veces la gente se piensa que ponerse a escribir es fácil, que te sientas y las palabras salen solas y sí… en parte es cierto. Te salen solas las del primer párrafo. Al poner ese punto y a parte, la cosa cambia y no sabes ni por donde seguir ni por donde retomar. Ya ni os cuento si tienes que escribir un folio. Se te puede hacer eterno, incluso para aquellos a los que las palabras le salen solas. Y si nos ponemos a pensar en textos limitados a un determinado espacio o número de palabras que a cada segundo estás ‘midiendo’, hacer un texto se puede comparar con eso que llaman la eternidad.

Porque luego, a poco profesional o celoso que seas, lo lees, lo cambias, lo relees, lo recambias, y así, infinitamente, hasta entregarlo. Y lo peor todavía viene después, cuando lo ves publicado y comienzas a encontrar innumerables erratas y errores y esbozas un “¡Tierra, trágame!” que se oye en todos los confines del planeta.

Todo esto viene al caso para contextualizar los ‘análisis’, que pueden parecer fáciles, pero que no lo son en absoluto, pues cada uno tiene el suyo propio y eso hace que, a veces, te conviertas un poco en el enemigo “¿qué partido habrá visto este? ¿pero, habrá estado en el campo?..” y, así, un largo etcétera de interrogantes.

De hecho, a menudo uno se tiene que comer sus propias palabras. Por eso a veces, en mi caso particular, intento simplificar los análisis y, como os decía el otro día, no meterme en lo que creo que no debo.

Pero el Salamanca UDS y los ‘contraanálisis’ que estamos haciendo en pretemporada no nos lo pone nada fácil. Ayer, en Guijuelo, otra derrota contundente ante un equipo “de superior categoría”. Lo pongo entre comillas, porque a mí, personalmente, la categoría me importa un bledo. Creo que los equipos salen siempre a ganar y que, como señalaba en el último contraanálisis, a ningún entrenador y a ningún jugador le gusta perder ni a las chapas.

Ahora podríamos hacer dos tipos de análisis. El primero, el autocomplaciente: Que si el Guijuelo está en Segunda RFEF, que si mantiene el bloque del año pasado y el técnico ya los conoce, que si están más rodados, que si la primera parte no se jugó mal, que si este jugador dejó muestras de que puede hacer grandes cosas, que si faltaba este jugador, que si todavía faltan refuerzos y con un extremo (que sea rápido, pueda jugar en ambas bandas, entre también por dentro, y tenga gol, jajaja) el equipo subiría uno o dos niveles, que si… que si…

También podríamos hacer el análisis negativo: Que si el equipo no ha sabido estar en los momentos claves, que si tal defensa está ‘gordo’ y lento, que si el delantero tal no sabe desmarcarse, que si el técnico no ha leído bien los cambios, que si apenas valen para la categoría seis o siete jugadores, que este equipo sin tal jugador no es nada, que si necesitamos estar al 120 por ciento para plantar cara a cualquier rival, que si… que si…

Al final, la realidad es que el Salamanca UDS se ha medido a dos equipos que militan en Segunda RFEF (una categoría superior) y, sin sacar toda la artillería, en apenas dos zarpazos, han ganado con claridad y sin sufrir al equipo y que en el otro partido, el cuadro blanquinegro ha sido muy superior a un Plasencia que no parece vaya a ser de los equipos más fuertes de su grupo.

Ante esto, por supuesto, no queda otra que seguir trabajando. Quedan unos veinte días para el comienzo liguero y varios amistosos en los que el equipo, ya sí, tiene que empezar a dejar ver (para fuera, no sólo para los técnicos) un atisbo de lo que se puede esperar de él en la temporada, ya sea para estar tranquilos y subirse al barco por la pasarela principal, o para empezar a rezar y colarse de polizones, pero empezar a devolver esa ilusión que la afición está mostrando a la hora de renovar y comprar los abonos para la próxima temporada. Sobre todo, si se quiere una simbiosis entre equipo y afición. Si se quiere que el estadio sea el jugador número doce y no se vuelva a sentir el frío de parte de la pasada campaña.

Un día de estos, entre contraanálisis y contraanálisis, echaremos también un vistazo a la cantera. Esta mañana, el filial, ante el Ribert, tampoco dejó grandes destellos y parece que se presenta un año donde va a tener que remar mucho en la Regional (cayeron 4-0). Así que, despacito y con buena letra.