Las lágrimas de Laura Gil son las lágrimas de España, las lágrimas del deporte

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Hubo más lágrimas, pero a mí las que más me impactaron en la eliminación ayer de España fueron las de la murciana Gil. No he tenido la suerte de conocerla, pero siempre la recuerdo sonriendo. Siempre la recuerdo con buen rollo. Siempre la recuerdo dejándose la piel en cada cancha de baloncesto, por sus equipos (varios años en el Avenida) y por la selección española, sí, la de todos, aunque para algunos sólo sea suya cuando gane.

Ayer no lo hizo, y, como suele pasar siempre, empezaron a salir los ‘triunfadores’, aquellos para los que el rival no cuenta, para los que el esfuerzo no cuenta, para los que hace falta un cambio de ciclo, para los se olvidan del palmarés de un equipo o se piensan que se va a ganar siempre.

Las pobres francesas eran unas ‘maulas’ que estaban allí de meras comparsas y que se encontraron con un partido que les salió de cara. Sí, porque España tiene que ganar siempre y si no lo hace es porque algo o alguien lo hace todo mal y hay que cambiar todo, como si cambiar significara que el ciclo iba a continuar.

Pero no, el ciclo ganador, el de la selección femenina y el de la masculina de baloncesto, vienen por otras cosas. Vienen porque la mayoría del bloque se conoce, porque el entrenador las conoce (dentro y fuera de la cancha), porque ha entrenado a algunas, porque no excluyen a las que debutan y las convierten en una más, porque no olvidan nunca a las ausentes. Me cansa el término ‘Familia’ en el deporte. Me parece algo vulgar, pero no dejo de reconocer que una ‘familia’ es una ‘familia’ y que a veces es necesario que los equipos sean lo más parecido a esa familia, por la que lo darías todo para que no sufriera la mínima desestabilización, con la que irías a cualquier batalla, a cualquier guerra. A la que recurres cuando las cosas van mal para tener su cobijo, a la que acudes cuando sabes que algo no funciona en alguno de sus miembros. Ahí estás tú y ahí están ellos.

Eso es lo que han conseguido en la Federación con ambas selecciones.

Y, con la herida aún abierta, lo único que saben algunos hacer es echarle sal así porque sí, porque han perdido un partido ante una gran selección que, simplemente fue mejor. Sí señores, porque el deporte es eso. Se sueña, se trabaja a través de los entrenamientos, se llega (no siempre) y se gana… o se pierde, pero lo conseguido por ambas selecciones, para los que peinamos unas canas y vimos la plata de Los Ángeles (y repasen el equipo, que no era cojo ninguno) como algo inalcanzable, es algo espectacular. Es llevar una forma de trabajar a un deporte, una forma de hacer las cosas que te acerca al éxito. Es como lo que logran algunos países en otros deportes. Países Bajos en fútbol (a cada generación le sucede otra mejor), Estados Unidos y Rusia en casi todas las disciplinas, Jamaica en el atletismo de velocidad, los africanos en fondo, …

España ha conseguido repetir la fórmula del éxito. Pero tiene que estar preparada para la derrota.

Las lágrimas de ayer de Laura Gil, que hoy ha sacado un comunicado más o menos pidiendo respeto, son las lágrimas de una deportista que sufre la derrota. Pero la sufre desde la aceptación, desde el conocimiento que es deporte y en baloncesto juegan dos equipos y los dos tienen derecho a ganar. Son los de una jugadora que repasa en ese momento cada instante del partido, que está asimilando sus propios errores. Son las lágrimas de una deportista que sufre por no haber dado todavía más, y eso que lo da todo siempre.

Por eso sus lágrimas son mis lágrimas. Por eso sus lágrimas son las lágrimas de España. Por eso sus lágrimas son las de los verdaderos deportistas, los que tienen siempre el derecho y la obligación de caminar con la cabeza muy alta, en las victorias, pero, sobre todo, en las no victorias.

Foto: FEB

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