Los «Santos inocentes» del Salamanca UDS

- en Deportes

El 28 de diciembre, es la Fiesta de los Santos Inocentes, en la que se recuerda a los niños menores de dos años a los que Herodes mandó matar para evitar así que Cristo recién nacido viviera y fuera el rey de Israel.

Hace ya años que la mayoría de la gente desconoce el motivo verdadero de la celebración y lejos de conmemorar aquellos tristes hechos, se ha convertido en un día en el que las bromas, algunas de ellas muy pesadas, se hacen, precisamente, a esas personas, a los más inocentes, para después echar un rato divertido, de risas. No sabemos exactamente si es con ellos –las menos veces- o a costa de ellos –la mayoría-.

Da la impresión que Salamanca UDS, que regresaba esta semana a los entrenamientos cara a su retorno liguero ya en enero, se ha convertido, precisamente, en alojamiento para muchos inocentes. No sé si el símil es el más adecuado o no, no sé si es el momento en el que más sufren, pero está claro que lo que sucede en los últimos años, es una broma pesada. Es un Día de los Inocentes alargado en el tiempo, en especial a la hora de cobrar por los abonos, y a partir de octubre, cuando los impagos no dejan de acumularse en las nóminas, en los proveedores, en el mantenimiento, en todo aquello donde hay que hacer un desembolso de dinero por pequeño que sea. Ahí es donde se demuestra su inocencia.

Y es que parece que desde que termina una temporada y se cobran los cientos de miles de euros por los abonos y algunas publicidades (cada vez más escasas, por cierto) la ‘bolsa’ del propietario parece cerrarse con un candado y no vuelve a aflorar dinero hasta que la soga llega al cuello. Aflora algo cuando el rendimiento del equipo baja. Y yo me pregunto y le pregunto a los que cargan contra los jugadores: ¿qué esperan, que no les afecte, aunque sea inconscientemente? Que te llegue la factura de la luz, la hipoteca, el alquiler y, lo que es peor, tener que ir a la tienda a comprar, y que no tengas dinero y tengas que pedirlo a tu entorno, tiene que ser más que duro. Tiene que afectar a tu rendimiento. Ni los Diego Benito, Amaro, Cristeto, Navas, … son mejores o peores que cuatro meses antes ni creo que su rendimiento baje por otra cosa que no sea la situación, física y anímica, que atraviesan en cada momento. Y eso, señores, es la vida misma. A todos nos pasa. Cuando estamos motivados, cuando somos felices, el rendimiento es mayor que cuando estamos deprimidos o somos infelices. Y creo que, con este tema, pocas o ninguna broma debíamos hacer. Uno ya puede tener una nómina elevada que si no la cobra cuando debe, es difícil estar al día y poder sobrellevar los pagos cotidianos.

En ese aspecto, los futbolistas serían una especie de inocentes. Y no negaré yo que en alguna ocasión he sido de los que ha pensado que son de hielo o autómatas y deben rendir a pesar de estar ‘hechos mierda’ por dentro. Por mucho que ellos acepten la situación, nadie sabe nunca los extremos a los que, en ocasiones, se puede llegar y de eso sólo hay un responsable. Y también estoy seguro que habrá algunos menos profesionales que otros, o que se les olvide el reloj en casa a la hora de salir a dar una vuelta y esas cosas, pero una cosa no quita la otra, pues garbanzos negros hubo en todos los cocidos.

Pero cuando pienso en inocentes… inocentes los aficionados. Como os decía antes, a la hora de pagar, a la hora de sufrir y a la hora de que les ‘tomen el pelo’. Sí, porque abonar una camiseta a finales de junio y que estemos ya casi en 2024 y no te la hayan dado, es de ser muy inocente, o lo que es peor, víctima. De hecho, uno empieza a pensar si no habrá una parte que linde con la estafa, porque no hay impresión, y ojalá me equivoque, de que se las vayan a traer o de que les devuelvan el dinero, mientras el club se permite el lujo de seguir anunciando ventas en la boutique en la que, por otro lado, tampoco llevan un riguroso orden de apertura, así que es habitual lo de que te den ‘con la puerta en las narices’. Inocentes esa afición que, año tras año, sueña con recuperar el orgullo de un escudo histórico que sus propietarios dijeron un día que pretendían llevar a lo más alto. Pero para eso… hay que saber y estos, saber, saber, lo que se dice saber… si saben no lo demuestran o se lo guardan para sí mismos. De momento demuestran no saber y dejarse llevar por impulsos absurdos y equivocados.

Esperemos que el año nuevo traiga reflexión y ganas por recuperar el proyecto inicial, al menos el que se nos vendió a muchos que, durante años lo defendimos con uñas y dientes, con respeto hacia todos los adversarios, pero con uñas y dientes. Alejado del actual, un proyecto (si es que existe) que nadie sabe ni de qué va ni a dónde quiere ir y, lo que es peor, cada vez tiene más desencanto alrededor. Que ese nuevo año permita a su afición poder no sentir vergüenza casi cada día. No digo que sienta orgullo, sólo que no pase la vergüenza que algunos no parecen tener ni sentir. Que puedan sentir que se ríen todos juntos y no que alguien se está riendo de ellos.