Más jefes que indios

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Tras la pandemia por el COVID llegó lo que desde el Gobierno se empeñaron en llamar la ‘nueva normalidad’. En el fútbol debe de pasar algo parecido y la nueva normalidad debe ser la de hacer la pretemporada con apenas medio equipo. A mí me gusta ser cauto en estas cosas y, el acierto o el fallo, solo se verá a posteriori, cuando llegue la hora de hacer balance y el objetivo, o se ha conseguido, o, por el contrario, se ha sufrido un fracaso que, en el caso del Salamanca UDS, sería estrepitoso, aunque sigan abonándose mil y pico personas en quinta categoría, como si se abonaran diez mil. Para mí hay cosas tan o más importantes que tener esa afición tan fiel de la que no dudo. Es un orgullo para el club, seguro, pero también una excusa, porque saber que siempre están ahí parece dar carta blanca para hacer lo que le de la gana. Hace poco alguien me recordaba un ascenso que acabó en una pitada descomunal y con el campo lleno de almohadillas. Aquella es la afición del Salamanca que yo conocí. Fiel, pero con mucho conocimiento y exigencia. Y que quede claro, que no quiero entrar en comparaciones, pero no se puede mirar hacia atrás sólo para presumir de centenarios.

Hay que mirar atrás también para saber lo que representa el escudo y el estadio. No vale un día sí y otro no. No valen medias tintas.

Como he dicho siempre no tengo la más mínima duda con María y Lozano, pero también es cierto que tampoco la tenía el año pasado con Calderón y Robles y las cosas no salieron. También es cierto que tampoco la tuve con Egea y tampoco salieron las cosas.

Confío en los que conozco, en Amaro o en Mati, pero es que cada vez conozco a menos. Justo el año que parecía que se iba a recuperar a los jugadores que sentían al Salamanca UDS, en boca de su presidente/propietario, parece que tampoco va a ser así. Más que nada porque uno no cree en los ADN UDS de muchos futbolistas. Aquí los futbolistas tienen familias y situaciones que les obligan a tomar decisiones. No quita que algún jugador en alguna ocasión aislada anteponga otros valores al económico, pero al final, tienen que buscar lo mejor para ellos y los aficionados deberíamos de respetarlo. Que ahora parece que el que el que estaba el año pasado y no ha renovado es un ‘piernas’. Pues no. Son personas con situaciones personales que le obligan a tomar una decisión u otra. Parece fácil de entender. Lo demuestra año tras año un futbolista como Iván Calero. Tiene un sentimiento unido al Helmántico, pero su fútbol está en otro lado. Maravilloso el ‘vikingo’.

Pero en este caso y, como les decía, por mucho que confío en María y Lozano y, en mi fuero interno, creo que saldrá todo bien al final, no les puedo negar que me mosquea que, en el arranque haya más jefes de indios. Que me preocupa que comience la pretemporada sin el supuesto preparador físico titular, que sólo hubiera 13 jugadores del primer equipo a 1 de agosto cuando el primer partido oficial es en apenas diez días. Porque para mí, como aficionado, el partido de la Copa RFEF es una final. Me gustan esas eliminatorias y creo que mi equipo debe de vivirlas como si le fuera la vida en ello. El equipo que salga así lo vivirá, pero me da que el club, como tal, no lo está haciendo al no poner todos los elementos necesarios.

A estos trece futbolistas se suman Álex Gómez y José Rodríguez. Al primero no tengo el gusto. Al segundo lo recuerdo de su etapa en la UDS y del Guijuelo. Hombre de confianza de María Hernández. De hecho, probablemente esté ahí por él. Trabajador, luchador, un seguro, pero… habrá que ver si está totalmente ‘ok’ físicamente. Esperemos que la decisión final en ambos casos sea estrictamente deportiva.

Y, ahora, pues lo de siempre. Unos dirán que queda tiempo, pero es que llevamos con esta cantinela un mes. El resto de jugadores del primer equipo que lleguen, harán poco más de mes de pretemporada. Unos dirán que les bastará, que es suficiente. Bueno. Pues abrimos el debate y que cada uno de su opinión. Yo ya les digo que ando un poco mosca, pero que espero que al final me den un ‘zasca’ y las cosas acaben saliendo a la perfección. Por lo menos hay que estar en guardia y, después de lo que se ha vivido los últimos años por el Helmántico, tratar de no ser tan autocomplacientes. Tanto el escudo como el estadio merecen toda la exigencia que sea necesaria.

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